En muchas novelas que he leído, debajo del párrafo final, el escritor suele poner la fecha en la que terminó de trabajar en ese texto y la ciudad en la que estaba cuando lo consiguió, como si le estuviera asignando una dirección. Mucho de esos novelistas están en ciudades muy lejanas de una novela a otra. Pasan de Cali a París y luego a El Paso y después a Seúl y otra vez pisan tierra colombiana y entonces ponen Bogotá o Barranquilla.
En el caso de un escritor que no es profesional, uno que es apenas un novelista aficionado, o sea, en el caso mío que boto más plata con ese vicio que cualquier ludópata o cliente de prestamista gota gota, todo lo que he escrito tiene como única dirección Tuluá, que es donde estoy. Aunque yo no recurro a ese adorno. En los dos libros que saqué no hay ninguna ciudad ni fecha al final y en el tercero que es el que apenas va a salir, el prepagado, ese tampoco lo tendrá.
Me parece que Tuluá es un buen lugar para escribir, es una ciudad históricamente violenta, las cifras de homicidios por año siempre están por encima de los dígitos, pero entre todos esos asesinados no hay novelistas ni cuentistas, no es que los escritores tengan inmunidad, matan al que tengan que matar, y parece que hasta ahora entre sus objetivos no han estado los novelistas, entonces no es que uno corra peligro escribiendo en Tuluá, a menos que sea periodista y entonces ahí la situación es otra.
De hecho, el escritor insigne de la ciudad, el hombre que se dedicó a novelar el poder y dice ser un experto en ese tema, vive en Tuluá, ha vivido y escrito sobre la ciudad y se refiere a cada caso actual de la violencia con reminiscencias evidentes en sus más de veinte novelas escritas. Otros que como yo también son unos novelistas aficionados han buscado en él a un padrino literario y algunos han conseguido uno que otro empujón, un prólogo, un cumplido en la contratapa, detalles que no parecen servir de mucho porque ninguno de esos aficionados ha podido dar el salto a lo que podríamos llamar la escritura profesional.
Entre tanta gente que se va del país, uno también se termina preguntando si lo correcto debería ser eso, partir y soñar con la escritura de una buena novela en otra parte o si definitivamente abandonar el país también sea una oportunidad para abandonar el sueño y ser adulto y responsable y realista. Lo cierto es que si escribo otra novela, no importa el lugar del mundo en el que este o que siga en Tuluá como el escritor insigne de la ciudad, debajo del párrafo final no habrá nombre de ciudad ni fecha.
No hay comentarios:
Publicar un comentario