miércoles, 16 de agosto de 2023

Irse, quedando -41

Hay gente que se va muchas veces, gente que no se va y gente que se va apenas una o dos veces. Yo estoy entre los que se fue una vez. Antes vivía en una vereda del oriente de Caldas y me fui de ese lugar para llegar a Tuluá, donde vivo todavía. Como ya soy mayor que Jesucristo cuando lo crucificaron por andar diciendo maricadas rodeado de forajidos mugrosos, es posible que el cuerpo me aguante para arrancar de cero un par de veces más, aunque ese no sea el plan, porque ese nuevo inicio es algo que no me atrae tanto como le atrae a otros.

A Jesucristo seguro tampoco le atraía mucho porque le pudo pedir al papá que lo sacara de ahí y lo mandara para China o para Brasil. Allá sí que había gente para tramar y, sin embargo, prefirió seguir con el plan de papá y dejarse matar y exhalar por última vez entre ladrones, una falacia ideal para demostrar que empezar de cero está maluco.

A veces creo que estaría muy bien irse de Tuluá. De hecho, creo que sería la única forma para huir de la vergüenza. Seguir acá, aunque sea lo cómodo, también es comprometedor, porque uno se sigue encontrando con aquellos que se quedaron y tienen la casa, el carro, la moto, los hijos, el trabajo y las redes sociales llenas de fotografías en playas y ciudades bellas del extranjero, con lo que evidencian que uno carente de eso no ha hecho nada con la vida o está perdido o fracasó.

No le doy importancia a eso muy a menudo, pero sí creo de vez en cuando que vivir en otro pueblo, alguno cualquiera donde uno no conozca a nadie ni haya estudiado con nadie, puede sentirse mejor. Aunque un día mi sicólogo también me dijo que estar soñando con irse a un pueblo en donde nadie me conozca para empezar de nuevo es un síntoma de depresión. Yo no sé, no creo, pero igual no le discuto nada al tipo tampoco, o no le discutía, porque no lo vi más de cuatro o cinco veces. 

El cuento es que la ventaja de estar en otra parte es que nadie pueda preguntarme en un semáforo, cuando me vea en bicicleta, qué ha sido de mí y a qué estoy dedicado y qué pasó con lo de escribir.

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