jueves, 24 de agosto de 2023

Irse, quedando -50

Rubén me dejó muy claro desde que escribí mi primer cuento que él era mi amigo y que todo bien conmigo, pero que él no me iba a leer, no le interesaba lo que yo pudiera escribir, estaba para leer lo necesario y prefería los libros de historia, para leer cuentos mejor se veía La rosa de Guadalupe, eso sí, mientras pudiera me iba a comprar cualquier libro que sacará, pero solo porque éramos amigos y todo bien conmigo. 

Rúben me dijo que mejor no molestara a mis amigos con lo que escribía, usted no puede ir detrás de sus parceros o su familia con los borradores de esos cuentos pidiendo que los lean y le den opiniones, ninguno de los que lo quiere está para eso, compa, es que muchas veces no tenemos ni tiempo. Usted tiene que pensarse bien el cuento y cuando salgamos por ahí a tomar cerveza con los otros, entonces aprovecha y los cuenta, si usted nota que a la gente le gustan, que se ríe o se emocionan, entonces el cuento sirve y usted va y lo escribe, así no se hace coger pereza de nadie. Varios más pensaban eso, pero el único que lo dijo claro fue Rubén.

Uno de esos problemas de escribir es que hacen falta ese tipo de lectores, esos que se enfrentan al texto cuando está en proceso de construcción y sugieren, cuestionan, aclaran lo que hay. A mí me hacen falta porque después de que escriba algo puedo pasar por encima de la falla veinte veces y no la veo. Dicen que lo importante de escribir es releer y corregir, el problema es ver lo que puede ser un error, por lo regular son los otros los que lo ven con facilidad. 

Como en algún momento me di cuenta de que no tenía quien me leyera, empecé a escribir novelas compuestas por capítulos muy cortos, buscando que esa brevedad le permitiera a los amigos que sí quisieran ayudarme con la lectura, llegar hasta en final de cada texto y compartirme sus opiniones, porque eso también pasó, lo que si querían leer no llegaban hasta el final, hecho que también me puso a pensar más en lo que escribía. 

Así conseguir un par de cuentos muy fragmentados y una novela que todos los editores a los que les envíe el manuscrito me respondieron que no era un mal texto, tampoco uno bueno, pero sobre todo no era ni de cerca una novela. 

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