lunes, 21 de agosto de 2023

Irse, quedando -45

Me he resistido a irme del país porque no tengo un peso, es decir, que soy pobre, aunque una amiga que se mueve en esos campos del negocio multinivel y las inversiones en bolsa que más parecen pirámide, me ha dicho en diferentes ocasiones que no debo decir que soy pobre porque así es como empieza la pobreza, por el lenguaje. Lo claro es que ella y yo hemos leído libros diferentes y por eso yo creo que la conciencia de clase y el reconocerme y nombrarme como pobre y obrero y plebeyo, me da una posición en la realidad social. No nos ponemos de acuerdo, pero nos queremos. Pero me desvié, decía que no me voy porque soy pobre y los pobres somos pobres en todas partes, entonces saber que voy a irme a otro lugar a tener que trabajar no consigue motivarme porque eso no es ningún cambio, para trabajar ya trabajo acá, trabajo seis de la semana más de ocho horas al día sin derechos a primas o cualquier otro tipo de beneficios porque un contrato por prestación de servicios y vender aguacates en la calle es la misma cosa. Me iría ya de Colombia para cualquier país, Irak, Uzbekistán, Níger o Monte Negro, si tuviera de que allá voy a trabajar menos, tres días en lugar de seis, cuatro horas en lugar de ocho y con ese sueldo también voy a poder pagar servicios y arriendo y comida y cine y cerveza y paseos y que voy a poder ahorrar para pagar la publicación de un libro o para estudiar una maestría en escritura creativa que parece ser el requisito obligatorio para publicar novelas escritas a la perfección que no dicen nada ni hacen sentir nada. Cuando mi papá me escucha decir todo esto dice que el problema de la gente de mi generación es que no queremos hacer nada ni esforzarnos por nada que lo queremos es vivir pegados de una pantalla y tal vez él tenga razón y por eso es que yo jodo todavía con lo de querer ser escritor en lugar de aceptar que cuando uno está más cerca de los 40 años que de los 30 lo que debe hacer es aceptar lo que hay y pagar puntual el arriendo y no abusar de la tarjeta de crédito. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...