El primer libró que publiqué, tenía algunos cuentos, una docena, tal vez, como ya dije y es sabido por los que pudieron toparse con alguna copia, fueron muchas las fallas, faltó edición y eso que trabajé con una editorial, aunque en acuerdo de coedición, no está del todo mal el mecanismo, por lo menos esa es una manera fácil para que muchos bobos como yo cumplan el sueño de publicar, el problema con eso es que uno paga por el riesgo, es decir, la editorial no arriesga porque con a plata que uno pone ellos cubren sus gastos de producción y además se quedan con parte del tiraje, si venden o no los libros no importa, porque ya ganaron y tal vez por eso el resultado final este plagado de errores tontos, obvio si yo fuera menos ignorante ese primer libro hubiera salido mejor.
El caso es que yo regalé más de la mitad de las 100 copias que me tocaron a mí, no sé qué hicieron los de la editorial con los 100 de ellos, supongo que todavía están encartados y que de algún modo se avergüenzan de haber imprimido esa popo, porque en lugar de publicitarlo me da la impresión de que lo escondieron.
Con el segundo libro me fui por la autopublicación y le pagué a uno de esos señores que se dedican a corregir trabajos de grado para que me ayudara con la revisión, hubiera preferido tener a un editor que me hiciera rescribir capítulos, pero no me alcanzaba para eso.
La novela salió bien, menos errores por los que desear tener los ojos llenos de arena, por lo menos en lo correspondiente a ortografía. El problema es que tampoco conseguí que le gustará ni a mis más cercanos, así que las 100 copias imprimidas conseguí vender 20, con el segundo libro, que era a la vez mi primera novela, me di cuenta de que hasta regalarla era difícil.
Con esos dos estrellones contra la realidad habría tenido que reaccionar y abandonar el capricho de escribir para publicar, no hacían falta más señales para cualquier persona medianamente inteligente, una retirada conservando algo de dignidad que me permitiera concentrarme en mi trabajo, ya fuera hacer cualquier cosa por la que pagaran más que por asistir con resignación al colegio el resto de la vida a posar de modelo a seguir y adoctrinador solapado siempre listo para el faro y el puño en alto y el reclamo y la defensa de la educación pública. Podía ser una persona corriente que sueña con viajar y tener plata, lo de novelar y poner mi nombre en el libro era un asunto de la vanidad que yo podía trasladar a otro lugar. Pero como no soy tan inteligente, lo que hice fue escribir otra novela y embarcarme en la publicación de mi tercer libro, otra vez recurriendo a la autopublicación, pero esta vez con algo de lo aprendido en el pasado, opte por la preventa, iba a imprimir solo lo que pudiera vender, resultaba casi como vender un bono solidario o una rifa y para mi sorpresa eso funciona mejor y ya llevó 31 libros vendidos, espero llegar a los 50 para mandar a imprimir la primera tirada.
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