Con Julia y Rubén y algunos otros amigos a los que no les doy nombre, pero que están, mantengo el contacto porque son ellos lo que me hablan, los que me cuentan sus cosas y me preguntan por las mías. El diálogo no se acaba ni se enfría porque la responsabilidad de mantenerlo vivo la asumieron ellos, existe un tipo de acuerdo tácito que funciona bien.
Pero mis sobrinos son unos niños, unos muchachitos en un país nuevo que van a lidiar pronto con la adolescencia y que tendrá que transitar el cambio y acomodarse a una nueva cotidianidad con otros amigos y otras referencias culturales y seguro el matoneo que nunca falta porque de la crueldad no se puede huir, con todo eso no van a ser ellos los que se preocupen por mantener vivo un diálogo con su tío, tendré que ser yo el que encuentre la forma.
Tal vez no consiga yo mantener ese diálogo vivo y entonces iremos cambiando y sin darnos cuenta, no convirtamos en meros conocidos con uno que otro recuerdo en común, el de algún paseo en familia, tal vez, puede que nos quede solo eso, lo sé porque eso pasó conmigo y con mis tíos y mis primos y otras familiares o amigos de la infancia o la adolescencia, no somos más que conocidos, gente que se saluda y habla del clima y del campeonato de fútbol nacional.
Es posible que me deba dedicar a los juegos en línea, tal vez por ese medio pueda mantener ese diálogo, eso puede resultar más efectivo que un chat o una videollamada, o no de pronto lo que tengo que hacer es aceptar el devenir y cuidar los recuerdos.
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