lunes, 14 de agosto de 2023

Irse, quedando -36

No sé con qué criterio los niños determinan el orden jerárquico de sus juguetes, no creo que exista un solo niño que abogue por un orden horizontal. Lo cierto es que la perdida de cualquier juguete se lamenta, porque de eso sí me acuerdo, de la tristeza que me daba perderlos, lloré una semana porque se me olvido un avión en la mesa de una cafetería.
 
Los niños son diferentes en cada época y los actuales parecen divertirse más con los videojuegos que con los carros y los muñecos de Superman. Mis sobrinos sabían que iban a tener sus videojuegos porque el papá ya les había mostrado la consola por videollamada y no importa el lugar del mundo en el que una persona esté Fifa y Fornite se juegan igual. Eso me parecía bueno, los niños ya llevaban sus pies puestos sobre una certeza.

Pese a eso mis sobrinos tenían sus juguetes y cuando llegó el momento de empacar las maletas para viajar tuvieron que detenerse frente a ellos y elegir los dos o tres que se podían llevar, me sorprendió ver la indecisión, elegían uno y luego otro y luego los devolvían al estante o al baúl y cogían otro y lo miraban y así se les fue un rato hasta que por fin estuvieron seguros de los que se llevaban y le daban la espalda a los que se quedaban empacados en cajas para regalarlos en un jardín infantil. 

No sé si mis sobrinos jugarán con esos juguetes que se llevaron allá en su nueva casa, o si lamentarán la decisión, de llevarse esos y no otros, pero sé que al parecer me costó más a mí entregar esas cajas al jardín y desprenderme de esa parte de la vida de ellos, de esa parte de la vida mía. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...