miércoles, 16 de agosto de 2023

Irse, quedando - 42

A mi mamá le hubiera gustado mucho tener un hijo que jugara bien al fútbol, pero como la vida es así de arbitraria, lo que le resultó fue un bobo aliviado que no sabía si su deseo era escribir o ser novelista. Lo bueno es que como al que le van a dar le guardan, mi hermanita tuvo dos bellos niños que sí juegan al fútbol, y ahí mi mamá pudo darse el gusto de estar en las canchas alentando apasionada. 

Me di cuenta pronto de que lo mío no iba a ser ir por la vida generando en mi familia un gran orgullo. No era yo un generador de alegrías y entender eso resultó hasta liberador. 

Mi hermana se apresuró en eso de tener hijos, y antes de los 18 ya tenía el primero. Cuando nos enteramos, estuvimos acongojados, un embarazo adolescente no era el plan. Luego, cuando nació el milagro, estuvimos felices y agradecidos y embriagados de ternura, y ahí me quedó más que claro, lo confirme, mi hermana y luego ese niño, iban a ser los generadores de ese orgullo familiar, después vino el segundo niño y ya no había discusión, así sería. 

Para mucha de la gente que vive en el barrio un motivo de orgullo es tener a algún familiar en el extranjero. Salir del país da estatus, irse es como sinónimo de verraquera, de ser echado pa'lante, como dicen, aunque yo no haya visto nunca a nadie que sea echado pa'trás, ser echado pa'lante es algo bueno. 

Aunque no sé si mi mamá alguna vez soñó con tener hijos en el extranjero, ya es un hecho que tiene una hija y unos nietos por fuera, yo no sé si ella se sentirá orgullosa de eso, lo que sí se es que yo sigo en las mismas, dizque escribiendo y cotizando papel barato para imprimir una novela. 

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