martes, 15 de agosto de 2023

Irse, quedando - 40

A los 18 años, sin novia y sin plata, lo que hacía yo si no podía estar en el bar al que siempre iba era quedarme en la casa, repitiéndome películas. No sé cuántas veces me vi Alien, Depredador, Mad Max, Halloween, entre otras varias que eran mis favoritas. A veces, cuando alguno de mis amigos de ese tiempo estaba en las mismas que yo, se aparecían en la casa y se quedaban ahí canaleandose las películas, y como buenos confianzudos, retacaban por crispetas que al final yo terminaba haciendo, porque en eso estábamos: en dejar ir las tardes y noches así, sin más.

Un día apareció Santiago, me saludó entre dientes y se dejó caer abatido en el sofá. Ese día yo estaba viendo 'La noche de los muertos vivientes'. Se quedó ahí callado mirando la pantalla. Hacía mis comentarios bobos sobre la película y el marica ni respondía.

Vea, careculo, le dije, ¿qué le pasa? ¿Peleó con Adriana o qué fue?

Está embarazada, me dijo, que tiene como dos meses.

A mí me pareció que cuando dijo eso se le encharcaron los ojos. Yo no sé si fue real, porque él dice que no fue así, pero yo recuerdo que sí. Busqué el control y pausé la película, y como no sabía qué decir, dije lo que normalmente podía decir cualquiera como yo en un momento así, ¡qué mierda, parce! Esa expresión escaló un poco años después, porque ya no decíamos ¡qué mierda, parce!, sino ¡qué gonorrea, parce!, pero esa vez fue así, ¡qué mierda, parce! ¿Qué van a hacer?, pregunté.

Contarle a los papás de ella, me dijo.

Santiago fue el primero de mis amigos en ser padre, y esa noche tenía más miedo a contarle a los papás de ella y a los papás de él que iban a ser abuelitos, que pensar en el futuro que le esperaba. 

También es verdad, un poco sí, que mientras a muchos de mis amigos les estaban pasando cosas o estaban haciendo que pasaran, yo andaba de zombi viendo películas. Yo no entendía. 

No se van a ir a vivir juntos, cierto, marica, usted tiene que terminar la carrera, le dije. 

Santiago era estudiante de arquitectura, iba en segundo semestre, y yo creía que ese tipo iba a ser uno de los artistas más importantes del país. A su creatividad yo le tenía toda la fe, y a él lo admiraba. Me deslumbraba ver de lo que era capaz.

Para qué hablo mierda, yo no estaba pensando en el bebé, yo pensaba en ese artista que yo quería que fuera, me dijo que no sabía que iba a pasar, que todo iba a depender de lo que dijeran los papás de ella.

Esa noche, además de la película de Romero, vimos '¿Y dónde está el piloto?', y también 'Agárralo como puedas', porque creí que lo mejor en ese momento era verle la jeta a Leslie Nielsen.

Al otro día, Santiago definió el que iba a ser su futuro. Aseguró que estaba enamorado de Adriana y pensaba responder por el niño. Siguió estudiando en Cali, Adriana se quedó en la casa de los papás, y cuando el niño tenía como dos años se fueron a vivir juntos.

Santiago es hoy es un excelente arquitecto, padre y esposo, pero ya no más un artista, ni tampoco más amigo mío. De Tuluá se fue a vivir a Bogotá y por ahí terminamos de perder contacto, aunque el problema fue que ese Santiago padre y marido ya no fue capaz de hablar conmigo, o tal vez fui yo el que ya no supo como abordarlo a él y la amistada nos resultó aburrida a los dos y creo que de acuerdo tácito la dejamos ir. 

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