martes, 8 de agosto de 2023

Irse, quedando -31

Antes de acostarme a dormir, juego un rato con una aplicación de radio que me muestra el globo terráqueo repleto de puntos verdes. Cada punto de esos es una estación de radio. Me gusta desplazarme por cada continente y oír cualquier estación, la que caiga, pero lo que más hago es ubicar esas ciudades en las que sé que está viviendo uno de esos amigos o conocidos míos.

Lamento que el celular no tenga una pantalla más grande para ubicar mejor a esos que se fueron a vivir a una isla, así como lo hizo mi hermana. Se ven tan pequeñitos esos trocitos de tierra en mi celular, que hasta me pone nervioso. Oigo estaciones de radio de Madrid, de Buenos Aires, de Antofagasta, de Puerto del Rosario, de Melbourne, de Quito, de Miami, de Nueva York, de Atlanta, de Macapá, entre otras varias.

Algo que he notado de todas esas estaciones cuando las comparo es que las pautas comerciales son todas muy similares, al menos en los países de habla hispana. El lenguaje publicitario es un puente entre sociedades y, para mí, una ventana a la cotidianidad de esos que ya se fueron. No sé si ellos escuchan o no la radio del lugar en el que viven, pero yo sí, aunque sea por algunos segundos. Sé cuál es el restaurante de moda al que seguro no podrán ir, así como no podían ir a los de acá. También sé que por allá, al igual que acá, en algún momento del día suena una canción de Karol G o Shakira.

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