Domingo por la tarde, oportunidad perfecta para inventarse cualquier excusa que permita huir de la casa y hacerle el quite a la visita. Ese episodio me parece incómodo, pero es preferible pasar por grosero, fantoche o bobo, que quedarse ahí.
Me sé de memoria la dinámica de esas visitas, el amigo o la amiga de la familia aparece sonriente y sin terminar todavía el saludo ya está hablando de lo bien que le está yendo en los negocios, del carro nuevo que compró o de la finca que estuvo viendo esa semana y cuando terminan por ahí siguen con los hijos, lo que compraron, o lo que tienen, y después, mientras se toman el tinto, viene la pregunta que mis padres también saben que llegará y que esperan resignados.
Y qué hay de nosotros, esa es la pregunta, y claro, él nosotros somos mi hermana y yo, y la pregunta está disfrazada de burla, porque los que preguntan saben que ahí seguimos, que no nos hemos ido de esa casa, que no hemos comprado camioneta, ni yo me he casado o me ha comprado una casa o he montado un negocio.
Mi mamá responde que ahí estamos, que aliviados gracias a Dios y busca como hablar de otra cosa, porque mi madre que se va a poner a contarle alguien que no compra libros o no lee que ahí sigo, yo intentando escribir una novela y por eso me voy yo, huyendo, porque como va a competir un atembado que quiere ser novelista con el logro de un tipo menor que yo que ya tiene dos hijos y un almacén y un carro nuevo.
De los amigos de la familia y de nuestra familia cercana, el único tontazo que compra novelas y además las quiere escribir, soy yo, lo normal ya es que varios de ellos me traten como si fuera un mongólico, un día en una fiesta en la que no sé por qué termine metido uno de esos amigos de papá me pasó una Coca Cola dizque por seguro me hacía daño él tragó y además me preguntó que si me la abría o que si yo era capaz.
Lo bueno es que ahora que me hermana se fue cuando pregunten por nosotros, ella ya podrá hablar de su hija, la que se fue para España y de como les está yendo y como es todo por allá, todo eso mientras yo me escurro para no tener ni que saludar.
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