Hay montón de gringos que quieren venir a Colombia a observar pájaros y un montón de colombianos que se quieren tomar una fotografía al lado de una joya arquitectónica en Europa. Unos van y otros vienen y mientras sea de paseo todo está bien, piensan los de acá y piensan los de allá. El que pasea trae plata para gastar, dicen algunos en son de celebración. El turismo dinamiza la economía, me dice un conocido que ahorra con devoción cada peso para salir de paseo cada año, me gusta como lo dice porque parece que él hubiera asumido un compromiso con la humanidad, movido por la solidaridad del que se sabe responsable de los otros, de los que esperan por esos billetes que él va a gastar en otra parte y con los que seguro un joven luchador pagara su maestría. Aunque todo ese sea falso y ese conocido se vaya de paseo porque es lo que le gusta y lo que disfruta, las palabras le suenan bonitas, si mañana lo llevaran a pasear de regalado sin que él se gaste un peso, o sea sin que aportara un solo gramito a la carrera del joven luchador, las palabras seguirían sonando bien y él seguiría feliz. Lo aburridor es que esos que viajan como turistas se quieran quedar en sus destinos turísticos. Esos gringos que nos roban a las mujeres, dicen los nuevos ricos ambiciosos en las fiestas prendidas de Medellín. Esos sudacas de mierda que vienen a acabar con la tranquilidad de la zona euro y robar y a matar y traficar y a prostituirse como si fueran africanos, esos son los que detienen el crecimiento de la economía, gritan los señores en los mitines de los partidos de derecha en cualquier barrio bien de Madrid o Barcelona. Por no hablar de los gringos que eligen como presidente al que promete sacar a los latinos de su país. El problema es que se quieran quedar, lo importante debe ser que la dinámica de ida y vuelta se mantenga. Luego el problema es el mismo, el problema es que se quieran quedar los que se van y el problema es que nos queramos quedar esos que no nos queremos ir.
lunes, 21 de agosto de 2023
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