sábado, 29 de diciembre de 2018

Sopa


Desde que acabaron con la fonda en la vereda los jornaleros no tuvieron más opción que comerse lo que servían o irse a dormir sin comer. No era posible remplazar la comida maluca con sardina, pan y gaseosa, como hacían muchos, ni de comer salchichas o kumis con cucas. Por eso esa noche cuando Juan vio servida la sopa con tortilla que estábamos comiendo nos miró como a perros con gusanos.


Como nunca me ha gustado la carne para mí la sopa con tortilla estaba muy bien, pero para Juan y los demás no porque ellos estaban acostumbrados a la sopa con carne fresca que mamá iba a comprar los domingos en el pueblo. Juan decía que había tres cosas que él detestaba: los guineos, la mafafa y las tortillas. Las tres porque las había comido hasta el vómito en la infancia de miseria que le había tocado. También decía que la tortilla era de tacaños, que en todo trabajadero con comida mala no sabían qué más inventarse para hacer rendir un huevo.

Mamá le sirvió a Juan y como si le debiera una explicación, le dijo que se había quedado con la carne de ella, la de don Pablo, la de don Alcides y la de doña josefina. A comer pelao toda la semana, dijo Orlando, otro de los jornaleros. Esa gente es una plaga hijueputa, dijo papá. Mamá y lo demás le hicieron señas, que hablara pasito, que no fuera bruto.

Aún no acabábamos de comer cuando bajó uno de ellos, llevaba el uniforme limpio como si no hubiera pisado el monte en días y cargaba el fusil en la mano izquierda a modo de portafolio. Saludó afable, sonreía ignorando el arma que lo acompañaba, compañía que no ignorábamos nosotros. Todos respondimos el saludo, con recelo. El tipo habló despacio pero seguro. Le dijo a mamá que tenían a una porquería que no quería comer del sudado que ellos habían hecho, que no quería comer yucas, ni carne tampoco dizque porque le dolía la jeta al hijueputa ese. Entonces que el cuñao mandaba a decir que si usted le puede regalar una sopita o un caldito pa darle. Mamá le dijo que sí, de inmediato y después de un pequeño silencio le explicó que se la tenía que servir en una taza porque no tenía platos desocupados y cocas tampoco. El tipo nos miró a todos y a mí me pareció que me decía con los ojos negros y con esa sonrisa que no se le iba que acabara de una vez con mi comida que él estaba necesitando el plato.

El tipo le dijo a mamá que no había problema, que en lo que le sirviera estaba bien, que de todos modos ya venía el resto de la gente bajando, dijo eso y se sentó en unos troncos que estaban al frente de la casa al lado del camino.

Mamá fue a la cocina y enseguida volvió con una taza grande con sopa hasta el borde, la dejó sobre la mesa y se sentó al lado de papá. Yo no quise comer más, ninguno quiso. Bueno, nos dejan sin carne pero por lo menos nos ayudan a espantar el apetito, dijo Juan muy bajito. En otra circunstancia seguro alguien hubiera dicho algo.

Fueron llegando de a dos, caminaban uno atrás del otro. Los últimos traían en medio a un señor con las manos amarradas a la espalda, también lo tenían amarrado de la cintura con un lazo que jalaba el que iba adelante. Estaba sucio, parecía que lo hubieran revolcado en una montaña de mierda de marrano porque a eso olía. Permanecieron en el camino sin acercarse a nosotros, el señor miraba al piso sin descanso. Cuando lo hicieron sentar en el mismo tronco en el que había estado sentado el tipo que llegó primero y que se dirigía hasta donde él estaba con la taza de sopa en la mano, regándola mientras caminaba sin que eso lo preocupara, pude verlo desfigurado como estaba, no sé porque pensé que no le había pegado con los puños sino con otra cosa, con la cacha de un arma como en las películas.

Uno de ellos quiso cucharearle la sopa, no lo desamarraron ni para eso, el señor recibió la primera cucharada pero no recibió una segunda. El tipo intentó varias veces, primero con calma y luego con uno que otro golpe, el señor seguían sin recibir. Al que le decían el cuñado estaba al lado de nosotros y al igual que el anterior nos había saludado con amabilidad y nos explicó lo que estaban haciendo con ese señor, habló de la limpieza que necesitaban todas las veredas de por ahí.  El cuñao nos hablaba sin perder de vista lo que pasaba con el señor y después de ver que no cedía ante la insistencia de uno de los suyos, les gritó que dejaran a ese hijueputa, si no quiere comer entonces estará lleno el malparido, eso sí que luego no digan que no lo despedimos lleno.

Tiraron la sopa que estaba en la taza a los pies del señor y se la devolvieron a mi mamá, el cuñao le dio las gracias y se despidió. Poco a poco se fueron alejando todos. Ninguno de nosotros dijo nada mientras los veíamos desfilar camino abajo rumbo a la carretera. Mamá empezó a recoger los platos y Juan la ayudó. No habían pasado cinco minutos cuando se oyeron los tiros. Papá se echó la bendición, yo mire las caras de los otros jornaleros e hice lo mismo. 

jueves, 27 de diciembre de 2018

Saludar


El plan de caminarnos todas esas trochas está muy bien, a mí me gusta ir tras ella para verla girar la cabeza con esa gracia tan única y esa sonrisa pícara de la que no es consiente para ver si yo voy ahí cerca o si me quedé atrás tomando siempre fotos desenfocadas. Tampoco voy a ser uno de esos idiotas que quiere omitir lo importante por dárselas de profundo o romántico, nada más feo que andar presentándose ante los otros como un ser desprovisto de deseos;  me gusta ir tras ella porque además de esa sonrisa le puedo mirar el culo.

Lo que está mal es la gente y ella conoce mucha y a mí la gente me gusta de lejos, los científicos de la Antártida, esos me encantan, y que decir de los científicos que viven en estaciones espaciales, en esos pienso yo cuando miro al cielo. También está Nacho, el tipo que vivía sin energía eléctrica y sin baño en un rancho paupérrimo que el mismo levantó con guaduas verdes en medio de un monte ahí en la montaña de al frete de la casa en la que crecí, porque un día se cansó de vivir al bordo de la carretera respondiendo el saludo de todos los que pasaban; así me gusta a mí la gente, de lejos. Pero con ella hay que arrimar a las casas de la gente y saludar, y fingir sonrisa y fingir interés por lo que dicen, pero bueno en algunas casas dan tinto y eso si me gusta, aunque el agradecimiento que me sale de la boca cuando devuelvo el pocillo ese también es fingido.

Yo la miró entrar a las cocinas de las casas ahumadas por esos fogones más viejos que los árboles hechos leña quemada en ellos y me acuerdo de Mery, la enfermera flaca de cabello crespo y dientes torcidos que se reía con ganas pero se tapaba la boca con las manos. Mery se recorría los caminos de seis veredas completas, cargaba una nevera llena de pilas de hielo buscando niños menores de cinco años para ponerles las vacunas que les faltaban. Yo era un niño y la acompañaba porque mamá me mandaba, quería mucho a Mery y creía que un niño de ocho años gordo y torpe podía ser una compañía de utilidad.  Ahora que lo digo acá caigo en la cuenta de que acompañar a Mery era lo de menos, lo que quería mi mamá era que yo caminara, que me moviera y sudara. Caminar ahora con ella viéndola hablar con tanta soltura con esas señoras en esas fincas me pone a pensar en Mery y me pone a pensar en mi tras ella igual que iba tras de Mery con esa desgana de saludar gente pero con esas disposición para comer y tomar lo que ofrecieran.

La casa está llena, en el corredor hay varios hombres y mujeres sentados a la mesa jugando domino, apuestan monedas de cincuenta y cien pesos y gritan y se acusan y se azuzan. Responden nuestro saludo sin mostrar interés, sin perder de vista el juego, me gustó esa gente. En el patio juegan niños, seis en total, el mayor no pasa de siete años, se disparan con palos de escoba y ramas de guayabo, se revuelcan en el piso y disfrutan estar sucios. Corren y se persiguen por entre la ropa que se seca en las cuerdas del tendedero y con una de esas ramas que empuñan tumban camisas blancas que le pintan la cara de rojo a una mujer que parece ser la mamá de uno de los niños y que pierde el interés en el juego de domino para apoyarse contra la chambrana y gritarle que son unos guevones de mierda, que lleva toda la tarde diciéndoles que cuidado con la ropa, que se vayan a jugar a otra parte. La señora camina hasta el tendedero y recoge la camisa que ningún niño recogió para llevarla al lavadero, y le pega con la mano abierta en la cabeza al niño que tiene más cerca.

Ella sigue en la cocina hablando con la señora, yo escucho desde el patio algo de lo que se dicen, ella pregunta por lo niños y la señora intenta explicarle de cuál de sus hijos es hijo el niño que juega sin saber que su abuela lo señala y lo identifica por color, el de camiseta roja y el de camiseta azul, esos son hijos de Nancy, el de verde ese es hijo de Carlos. Mientras hablan yo me alejo de la cocina y voy al final de patio y miro las cocheras llenas de marranos y mierda y les hablo a los animales, los saludo y les preguntó como están, una marrana enorme es victimas de más de diez marranitos que le quieren arrancar las tetas mamando feroces.

Los niños se acercan a la cochera y me miran hablarles a los marranos, uno agarra un banano verde que hay en un costal y lo arroja dentro de la cochera, la marrana lo desaparece de un mordisco y el niño goza divertido pero no arroja otro banano como si supiera que no hay que abuzar de lo que es bueno. Otro niño me dice que los marranos pequeñitos son del abuelo, que el marrano que está al lado lo van a matar el 24 de diciembre, que los marranos de más allá ya están todos vendidos y yo le preguntó al niño que si los marranos tienen nombre y el niño me pregunta que si yo vine a comprar marranitos. Él no me respondió, yo no le respondí. Otro de los niños dice que sí, que la marrana se llama Tomaza y el marrano de al lado el que van a matar el 24 se llama Noche Buena. El niño me mira sonriente y se chupa los mocos.

Le digo al niño que me intimidó con su afán de negocio que no puedo comprar marranos porque no como carne y que los marranos me gustan más vivos que muertos y ajenos y no propios porque no me gustan las mascotas, le digo que si comiera carne no me gustaría comerme la de un animal que conocí estando vivo. El niño se ríe malicioso y me cuenta que su papá le ha dicho que los que no comen carne son maricas. Los otros niños se ríen y yo cómo no sé qué decir pues me rio también. Pero mi risa no es como la de ellos, la mía no quiere anularlos.

Uno de los niños me dijo que también había conejos, patos, piscos, gallinas y me los señalaba con el dedo como invitándome a echarles una mirada también a esos otros animales y yo a punto dirigirme a ver los conejos la oigo a ella despedirse de la señora y me giro gustoso para ir tras ella, me despido también de la señora y de los niños con un hasta luego, y nos vamos.

Hay muchas casas en el camino, le pregunto. Ella me dice que no muchas, que unas cuatro o cinco. No le pregunto si piensa saludar a todas las señoras que viven en esas casas porque la pregunta no hace falta, así será. Caminamos animados, más ella que yo. Le digo que preferiría seguir caminando mientras ella se detiene a saludar, que la voy a esperar un poquito más adelante sacando fotos del paisaje. Pero si de paisajes no sabes me dice ella burlona. De fingir sonrisas mientras tomo tinto tampoco, le digo. Seguimos caminando, diciendo tonterías, hablando de las fotos malas que hago, de los niños, de los marranos, de Mery y las vacunas.

Cuando veo en el camino una casa grande adornada por un enorme jardín de veraneras y dalias empiezo visualizarme sacándole fotos a las flores mientras ella habla con la señora. Me pregunta si la quiero. Que sí, le digo. Entonces deje la bulla y disfrute mucho del tinto que hace doña Tilde y me agarra de la mano mientras los perros se acercan ladrando y saluda con una sonrisa enorme a la señora que se seca las manos en un delantal mientras sale de la cocina.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Búsqueda

Todos lo vimos entrar con las ilusiones desperdigadas. Ninguno dijo nada y el silencio se mantuvo hasta que su figura se perdió en el pasillo. Luego vino el cuchicheo. Traía los zapatos sucios, estaba flaco y ojeroso, barbado como nunca y con el cuello tostado por el sol.

Llevaba dos semanas por fuera y durante ese tiempo solo había hablado con Susana, ella era la que nos contaba uno que otro detalle de lo que él estaba haciendo en esas montañas. Ahí en esa sala diciendo pendejadas que creíamos importantes ella solo escuchaba, sin emoción aparente en el rostro, como si la prudencia fuera una máscara que no se podía quitar. Pero tal vez él no le había contado todo porque su impresión al verlo entrar fue tan amarga como la de los demás. Solo así se podía explicar que nosotros estuviéramos allí listos para celebrar la llegada de un hombre que a leguas se veía dueño del deseo único de estar solo.

Para cualquiera de nosotros la idea de buscar una guaca en medio de dos montañas de la cordillera occidental sobre la que se dibuja el pueblo en el que habían nacido sus papás, parecía una apuesta perdida; pero no para él que llevaba años esperando por eso. Y el día llegó y sus tíos llamaron. Que otra vez se veían las luces cerca de la casa vieja donde habían vivido sus papás, que la casa llevaba meses vacía porque nadie quería vivir allá, que se veían y se oían muchas cosas raras, y lo más importante, la gente  seguía diciendo que en esa casa tenía que haber una guaca.

Alguien preguntó que sí mejor nos íbamos. Susana dijo que no. Nadie se iba porque la comida no se podía perder y porque ya todos estábamos ahí juntos. Entonces nos quedamos y comimos y hablamos mierda como si no estuviéramos comiendo. Dijimos que para encontrar una guaca seguramente había que buscar muchas veces y que él apenas había buscado una. Dijimos que tal vez en la casa de sus papás no había ninguna guaca, que todo había sido solo un cuento familiar, uno de tantos. Eso fue culpa de los tíos que se pusieron a llamarlo y a ilusionarlo con pendejadas, dizque luces, y casa vacías y sustos maricas, que va mija, de eso no hay, o mejor dicho si hay, y mucho, eso en toda finca, monte, andurrial alejado de la mano de Dios, putiadero de pueblo u hospital abandonado dicen que asustan,. De qué más le va a hablar a uno la gente que no tiene internet y nació y se crió en una montaña, pues de brujas y duendes y vacas rodadas y del clima. La pendeja que hablaba se quedó callada cuando notó que la estábamos mirando rayado porque se estaba pasando.

Susana dijo que esa guaca si la había buscado mucho, aunque si era la primera vez que él la buscaba solo, sin su papá. Bueno y la guaca esa no la dejó pues el papá de él, preguntó alguien. Que no que la guaca la había dejado el abuelo, dijo Susana, y que la papá de Jairo la había buscado hasta que lo mató una tuberculosis, esa guaca debió ser la única ilusión que compartían, dijo Susana, encontrarla.  Y ahí mientras seguíamos hablando de guacas familiares empezamos fue a tomarnos el aguardiente y entre risa y chistes chimbos apareció Jairo, se había cambiado la ropa y se había afeitado pero no se veía más animado.
Se sentó en la sala al lado de Susana y como no sabíamos qué hacer o que decir le ofrecimos un aguardiente y lo recibió y escupió al piso después de tomárselo y pidió otro. Cuente pues cómo le fue, le preguntamos, no encontró la guaca. Nos miró a todos y le agarró una mano a Susana. Al contrario, la encontré, respondió, y ahí aprovechando nuestros rostros perplejos empezó a hablar. 

lunes, 17 de diciembre de 2018

Llantas



Vamos a plantearnos la síguete situación, ustedes van por la calle y se encuentra tirada una llanta vieja de bicicleta, la gente le pasa por encima y no la nota, pero ustedes la miran, se fijan en ella como si tuviera algún valor, como si la vinieran necesitando desde hacía días o semanas. El tipo dejó de hablar y se tomó el último trago de agua que quedaba en la botella, la puso sobre la mesa y empezó a destapar otra mientras miraba al grupo con una sonrisa bobalicona dibujada en su rostro. Y este pendejo desde cuándo anda dedicado a esto, le pregunté a Luis que a falta de algo mejor qué hacer terminó metido en la reunión esa. Con expresión de molestia me hizo un gesto con el dedo como el que le hago yo a mi sobrino para que se calle. Me senté y me puse a jugar con el celular. Se suponía que iba a recoger a Luis pero el pendejo no sabía cómo salir sin que los demás asistentes y su primo lo vieran irse en mitad de la reunión.

Regresemos a la situación que les había planteado, dijo el primo de Luis. Lo que ustedes hacen entonces es entrar en contacto con la llanta, se acercan a ella y la levantan y la ponen a rodar como si fueran niños y la empujan con una de sus manos y salen corriendo tras ella, no importa el día, no importa la hora, ustedes siguen empujando la llanta, disfrutan verla rodar, la persiguen, quieren que vaya más rápido para que no se caiga. Ustedes, me crean o no, van a sonreír mientras lo hacen, se van a sentir libres y seguros y simples en este mundo complejo. Cuando ustedes eligen ver la llanta, no ignorarla como los demás, ustedes están renunciando a las preocupaciones que los afectan en ese momento, ustedes correaran tras la llanta sin importar el trabajo, sin importar el tráfico, sin importar los zapatos que lleven puestos, porque en el fondo de lo que se trata esto es de perseguir la llanta, de lo que se trata la vida estable es de perseguir la llanta, de conseguir el equilibrio de la llanta en movimiento. 

Oiga, este marica da espacio para hacer preguntas o eso tiene un costo distinto, le pregunté a Luis. Me dijo qué cuál costo si nosotros no habíamos pagado la entrada. La verdad es que nadie la había pagado porque las boletas las regaló una de esas cajas de compensación que de vez en cuando cree que a sus afiliados les viene bien una charla de ese tipo. Luego dijo Luis que a veces sí dejaba que la gente preguntara pero que la mayoría gastaba el tiempo para las preguntas diciéndole al primo que estaban muy contentos de haberlo escuchado y que lo que decía era de mucha utilidad, que muy bueno que le estuviera yendo bien en otras partes pero que no se olvidará tanto de Tuluá, que viniera más seguido. 

Luis quería saber qué le iba a preguntar, y yo le dije que nada, que no más quería saber si se podían hacer preguntas. No le dije nada porque sabía que me iba a interrumpir para callarme cuando las señoras que teníamos sentadas cerca empezarán a mirarnos mal por bullosos.

Lo que le quería preguntar tenía que ver con la relación que llevaba él como conferencista o cuentero con los colectivos ambientalistas, quería saber si él era un agente secreto de uno de esos colectivos que buscaba infiltrarse en la prospera clase media de Tuluá con el único objetivo de llevar a todo ciudadano de bien a recoger llantas de las calles para dejarlas limpias sin que supieran que estaban limpiando. Si no tenía nada que ver con los colectivos ambientalistas entonces yo quería saber qué pensaban ellos de qué él invitara a la gente a utilizar basura para ser feliz pero sin reciclarla ni reutilizarla. Quería saber qué hacia uno después de usar la llanta. Yo tenía varias dudas y eso que no estuve tan atento como otros de los que estaban en el salón.

Pero no pregunté nada para que luego Luis no dijera que yo lo avergonzaba y tampoco pregunté porque de seguro mis dudas iban a poner en aprietos al primo, que antes de ser eso que era ahora, nos había invitado a tomar cerveza varias veces y una vez hasta me había prestado plata.  Luis estaba entretenido, si tenía ganas de irse cuando me pidió que lo recogiera se le habían quitado. Le pregunté que si tenían planeado hacer una pausa para repartir el refrigerio, y me dijo que refrigerio no daban y que la pausa ya la había hecho, que sí yo no me hubiera demorando tanto en llegar nos hubiéramos podido ir antes de que el primo volviera hablar. Quise explicarle que tenía muy perdida la boleta esa para entrar y que el vigilante me había jodido, pero Luis de nuevo me hizo callar. Me guardé el celular en el bolsillo y me fui porque a mí no me importaba que me vieran entrar y salir, porque yo no tenía que disimular mi aburrimiento y no entendía porque Luis sí.

Recostado en el taxi le pregunté al vigilante del auditorio qué si sabía cuánto faltaba para que se acabara la reunión y me dijo que por ahí cuarenta minutos. Volví a sacar el celular para escribirle a Luis que yo no me podía perder la noche ahí esperando, que yo tenía que poner a rodar esas llantas para ganarme la vida mientras él aprendía a perseguir llantas para estar tranquilo. Me subí y prendí el carro y en esas salió una señora que necesitaba un servicio y me fui con ella, necesitaba que la llevará a Bosques de Maracaibo y estábamos en el centro, calculé que en media hora iba y volvía y alcanzaba a recoger a Luis.

La señora me dijo que la reunión estaba muy buena pero que le había tocado irse porque de la casa la habían llamado, dizque el niño se había caído jugando y tenía la cabeza rajada. Es que si yo fuera conferencista le pediría a la gente que apegué el celular. La señora me dijo que uno con niños pequeños no podía hacer eso, no se podía desconectar ni un minuto. Yo me acorde de los empresarios que he llevado a veces en el taxi que me han dicho que ellos con negocios no se pueden desconectar ni un minuto, con razón mi vecino me dice que tener hijos es mal negocio.

Bueno y sí uno se cae persiguiendo la llanta esa de la que habla el primo de Luis entonces qué hace, le pregunté a la señora. Levantarse y seguir porque la vida es así, está llena de caídas, me dijo la señora. Y las heridas, le dije y ella agregó que esas no se podían evitar. No le dije más a la señora porque ya había comprobado que el trabajo del primo era efectivo. 

Volviendo pal centro a recoger a Luis vi una llanta tirada en una esquina y ahí mismo paré el carro y me bajé a recogerla, el primo debería pagarme unos pesos para que por la noche yo le surta de llantas la calle, imagínese la cantidad de gente que uno puede ayudar con eso, le comenté a Luis entregándole la llanta que el pendejo ese me despreció dizque porque así no se valía, él tenía que encontrarla solo. 



lunes, 22 de octubre de 2018

Marcos


A veces durante los comerciales de la telenovela de la noche Marcos lee el blog que escribe un tipo que vive por su cuadra y maneja una camioneta en la que hace viajes y lleva trasteos. En ese blog el tipo escribe sobre los chismes que le cuentan en el barrio.

A veces se aprovecha de que los vecinos no leen blogs, o ese cree Marcos, para escribir chismes en los que ni siquiera les cambia el nombre a los protagonistas. Marcos lee siempre esperando que alguna de las entradas hable de él o de su mamá, pero siguen sin encontrar ninguna.

La semana pasada Marcos se encontró en la tienda con el tipo del blog y le preguntó por qué no había escrito nada sobre él. Vea hermano que yo soy amigo del alcalde, de los concejales, y de otro montón de gente y además me la paso haciendo maricadas para ayudar a otra gente, mejor dicho yo utilizo a mis amigos para solucionar los problemas de otros porque menos mal que yo problemas casi no tengo, bueno y leo su blog y a mí sí me gustaría mucho que usted me metiera ahí, escriba algo sobre mí. Vea le cuento, la semana pasada invite a una muchacha amiga mía a tomar cerveza y me dijo dizque que no que ella cerveza no tomaba y le pregunté yo que por qué, y me dice, porque me da muchas ganas de orinar y a mí no me gusta ir a orinar en baños públicos y yo pues me reí y ella me dice que la mayoría dicen que no les gusta por amarga pero a mí no me gusta es porque me da ganas de orinar.

Bueno y espere le cuento otra, allá en una cafetería a la que yo voy hace días que dañaron los pasteles y yo creo que fue que cambiaron a la señora que los hacía, pa dónde la habrán mandado hermano, yo iría a buscarla en el trabajo nuevo así ya no haga pasteles. Vea y yo le aseguro que si la gente que yo conozco leyera su blog también le gustaría salir ahí, pero no les cambie el nombre ni nada que lo bueno es que tenga el nombre. Una amiga mía que se llama Ana María en estos día le tuvo que escribir por WhatsApp al hijo de la señora que vive arriba de la casa de ella que abajo se escuchaba todo lo que hablaban de ella, casi que le recomendó que chismosiara pero pasito, y claro como Ana María peleó con el marido porque la chucha esa no quiere cuidar al perro entonces allá arriba no hacían sino hablar de eso y hasta dialogo le inventaron al perro. Imagínese usted escribiendo eso, a ella le encantaría leerlo.

El tipo que no había abierto la boca mientras Marcos hablaba porque tampoco le había dado la oportunidad ni de hablar ni de responder a la pregunta le dijo que con el trabajo casi no le quedaba tiempo de actualizar el blog pero que él lo iba a tener en cuenta.

Marcos sigue abriendo el blog esperando que el tipo haya escrito sobre él o sobre la mamá o sobre Ana María pero nada, debe ser que hay mucha gente que se trastea.










miércoles, 17 de octubre de 2018

Marcos


Esas tablas chimbas que usted ve allá las pintamos, las cambiamos y las pintamos la semana pasada; les dio a los malparidos esos por miarse ahí cada que se les da la gana, hermano y que cosa tan berraca, parece que las tablas que huelen a berrinche son las mejores para grafitiar porque eso estaba lleno de consignas chimbas, nombres raros y dibujos de vergas, pero bueno esas últimas por lo menos tienen que ver con el berrinche.

Las tablas viejas, la que quitamos, se las llevó una señora dizque para meterlas al fogón. Marcos le dijo que a él no lo invitará a comer nada de lo que cocinara con esa leña y la señora seguro se lo tomó personal o le pareció muy zalamero Marcos por decirle eso, el caso es que la señora lo miró como un culo. Marcos me dijo que los hijos de esa señora eran de esos malparidos a los que les gustaba rayar las tablas y miarse en cualquier parte.

Pues hermano es que desde que me tocó empezar a cercar ese lote he cambiado esas tablas como tres veces, es una alcahuetería y una gastadera de plata que uno no se justifica, por eso lo estoy vendiendo. Claro usted es el tercer cliente que me manda Marcos y le digo lo mismo que a los otros, el precio es el mismo y no se negocia por lo mismo que le estoy diciendo, porque ese cerco está nuevo.

viernes, 5 de octubre de 2018

Marcos


Marcos dice, a veces sostiene y sabe cambiar de opinión, pero al final de sus afirmaciones nunca sale de su boca el “póngale la firma” y no es desconfianza ni falta de compromiso; es un deseo de sospecha. Los concejales amigos de Marcos le ponen la firma a todo. Que yo le hago ese favor hermano, póngale la firma. Claro cuente con ese trabajo para su hija mi señora, póngale la firma. Tenemos votos para estar aquí tres o cuatro periodos más, póngale la firma. En ese noticiero siempre lo quiere poner a uno a hablar mal del alcalde, pero yo no me dejo, yo no caigo, póngale la firma. No pero si ese es un pendejo que no sale con nada, yo que le digo, póngale la firma. Hasta las tías de Marcos ponen firmas, ellas están convencidas de que Marcos no va a conseguir un trabajo serio nunca, póngale la firma mi querida, ese muchacho que usted levantó no sirvió pa nada. Marcos deja que aseguren lo que quieran porque la gente segura es mejor, o eso dicen ellos. 

sábado, 22 de septiembre de 2018

Marcos


La señora uno dice que su hija es un juicio de mujer, en vez parrandera le resultó deportista y madruga todos los días a entrenar, es estricta con las rutinas, disciplinada como ninguna. La señora dos dice que su hijo en cambio es parrandero y bebedor pero también va al gimnasio todos los días. La señora uno dice que el novio de la hija también es deportista y la señora dos le responde que debe ser así, para que en una pareja se entiendan tienen que compartir gustos, en ese caso preciso, poder entrenar juntos. La señora uno dice que ella nunca fue buena para ningún deporte y que nunca le gusto hacer ejercicio y que cuando estaba con Mauricio siempre lo acompañaba a entrenar. La señora dos muestra interés y quiere que su interlocutora le explique mejor. La señora uno le dice que Mauricio salía todas las noches a hacer calistenia en el parque y ella se ponía sudadera y tenis y se iba con él a sentarse en una piedra grande a verlo entrenar. Bueno y usted no se aburría mucho, pregunta la señora dos. La señora uno dice que sí que a veces, pero era que tenía una vecina una muchachita brincona que se la pasaba detrás de Mauricio y mantenía pendiente de él y cada que lo veía salir al parque salía también dizque a entrenar, entonces yo me atravesaba allá pa dañarle el plan la pelada. La señora dos se ríe y ahí una muestra de complicidad en su expresión. Marcos que ha estado sentado ahí desde el principio oyente la conversación de las señoras aunque no haga parte de ella, no se aguanta y le pregunta a la señora uno por Mauricio. La señora uno que conoce Marcos porque lo ha visto varias veces en la tienda lo mira con cierta molestia pero no duda en responder que no sabe nada de él, que prefiere evitarlo, mi hija si mantiene en contacto con él. Marcos se queda mirándola como si esperara algo más pero la señora uno no dice nada más y sale de la tienda, la señora dos hace lo mismo. Usted qué cree vecino, será que el Mauricio dejó a esta señora por la brincona del parque. El tendero le dice que no sabe cómo si no le interesara el tema y Marcos se va para la casa lamentándose por la falta que hace tener con quien hablar.  

Marcos


Póngase a pensar en el señor de los cocos, estacionado en esa esquina todos los días a esta hora aparándose ese solazo tan hijueputa; a qué temperatura será que hierven las neuronas. Parece más por una creencia en algo superior, el dogma de una secta subterránea, que viene y se acomoda ahí, como cumpliendo un rol, porque yo no veo a nadie comprando.

La amiga de Marcos sigue hablando y Marcos putea el tinto que tiene en la mano, no le gusta tan dulce, no le gusta tan tibio; lo prefiere caliente aunque tenga que soplar y quemarse los dedos con los que sostiene el vaso. Uno no sabe si frita el coco conociendo la técnica que uso el primer fritador de cocos del mundo o sí improvisa sobre la marcha a partir de la instrucción simple de un fritador de cocos con experiencia. Marcos dice que no le gusta el coco frito y que los vendedores de coco lo tienen sin cuidado.  

Además la discusión no es sobre la técnica que usan para fritar el coco sino de la estrategia de comercialización del coco frito que aplican, hasta que no veamos a un tipo en una película de Hollywood comiendo coco frito con la misma gracia con la que se mete un pericazo no nos van a dar ganas de coco frito.

Marcos mira al tipo que acaba de decir eso, es amigo de su amiga y él no sabe cuánto tiempo lleva ahí sentado con ellos porque no lo vio llegar. Hollywood aguanta como argumento para cualquier cosa, dice Marcos. La amiga de Marcos sabe que viene, conoce las palabras que vendrán después de ese comentario y prefiere hablar de otra cosa para evitar la discusión pasivo agresiva que están a punto de protagonizar Marcos y su amigo.

La amiga de Marcos dice que el tinto en esa cafetería es el mismo desde que la abrieron y lleva abierta como diez años, yo no entiendo por qué siguen comprando tinto acá si le paree maluco. En algún momento tendrá que quedarles distinto, dice Marcos. El amigo de la amiga de Marcos vuelve con una bolsita de coco frito en la mano, Marcos lo mira y no entiende cómo es que el tipo se mueve y por qué él no lo nota. El amigo de la amiga de Marcos come coco y lo comparte con ellos, la amiga de Marcos come con gusto, Marcos no, Marcos les dice que hasta que él no vea a una estrella de Hollywood comer coco frito y él prefiere no hacerlo.


viernes, 21 de septiembre de 2018

Marcos

Mejor no le cuento, eso que se lo cuente su mamá mejor, le dijo Marcos a su hermana. No pues es que no. Según ella toda la herramienta de la casa se ha perdido porque yo se la ando prestando a cualquiera, y me mandó dizque a reclamarle un destornillador de estría a doña Carmen. Debe ser la primera vez que usted reclama alguna herramienta en lo que lleva de vida, dijo la herma de Marcos. Reclamar, óiganla a usted; qué iba ir yo por allá a reclamar nada, menos ahora que la hija de doña Carmen volvió de Londres, no la quiero ni ver. Le da vergüenza que lo vea detenido en la misma vagancia en la que estaba cuando ella se fue. Claro y que me pregunte que yo para qué herramientas si no hago nada. Pues claro que no es por eso, es porque, es por otros temas, por cosas que nos dijimos antes de que se fuera. Bueno el caso es que yo no fui a reclamar nada y lo que hice fue comprar un juego nuevo de herramientas y listo mamá la vio, se enojó y casi me pega. Yo no sé por qué a ella no le gustan mis soluciones. Entonces por eso se vino para acá, para no pelear con ella, preguntó la hermana de Marcos. No, por eso no, es que mamá después de ver la caja de herramientas y cuando se le paso la ira invitó a la hija de doña Carmen a comer y llego y entro a la casa cuando la veo ahí en la sala, saludé y dije que se me había olvidado algo que ya regresaba y listo me vine para acá. Raro que se ponga usted en tantas vueltas solo para no encontrarse a alguien, dijo la hermana de Marcos. Rara se va poner su mamá buscando la manera de mantener a esa mujer cerca solo para impedir que yo la evite.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Marcos


No, Marcos no sabe, no, para él va ser una sorpresa, pues él dice que no le gustan pero eso es puro cuento de él pa dárselas de importante; la sorpresas le gustan a todo el mundo. La mamá de Marcos cuelga el teléfono y le dice a la hermana de Marcos que todo está cuadrado. No va a ser una fiesta, ni una comida grande, va ser algo pequeño con la familia no más, bueno y uno que otro amigo de él. La hermana dice que con los amigos de Marcos nada es pequeño, ellos siempre cargan trago y llaman a más gente y luego nadie es capaz de sacarlos de la casa, ni Marcos. No importa mija, ya todo está organizado a demás para eso están sus tíos, ellos nos ayudan y como le digo, eso invitamos a uno que otro amigo no más Los cumpleaños de Marcos no se celebran porque a él no le gusta que la familia le pregunte por el trabajo que no tiene o la esposa que ya debería tener, no le gusta dar explicaciones sobre la vida que lleva y menos oír al abuelo decir que el pelo largo es de maricas. Media hora después de llegar a la casa y encontrarla llena de gente que quiere cantar cumpleaños feliz Marcos empieza tener el problema invariable con la esposa gorda de su tío que siempre se le come el dulce de guayaba. Marcos le dice a su mamá que no le gustan las sorpresas ni las fiestas y la mamá le dice que a ella le parece que lo que al él no le gusta es la familia. Marcos no responde pero la mamá que lo mira inquisitiva sabe cuál sería la respuesta si le diera por hablar.  

martes, 11 de septiembre de 2018

Marcos



Era una noche oscura y tenebrosa estaban lloviendo truenos y el sobrino de Marcos seguía en su casa esperando a que escampara para ir al parque, su tío le había dicho que le iba a gastar un helado de coco. Eso fue lo que el sobrino de Marcos escribió en el cuaderno de español, la profesora les dijo que llevaran un cuento donde apareciera la familia.

Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas no vendían helado de coco y el sobrino dijo que entonces quería uno de vainilla y Marcos le dijo que en las noches lluviosas tampoco vendían helados de vainilla.

El sobrino de Marcos buscó un borrador y en donde decía helado de coco escribió plátano asado con queso. Marcos le dijo que en las noches lluviosas tampoco vendían plátano asado con queso. El sobrino de marcos volvió a borrar y en donde decía plátano asado con queso escribió arepa con pollo y salda rosada. Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas tampoco vendían arepa con pollo y salsa rosada.

El sobrino de Marcos le dijo a su tío que la hoja le iba a quedar muy fea de tanto borrar y que la profesora le iba a poner un cero. Marcos le dijo a su sobrino que los profesores no podían poner un cero por haber borrado muchas veces.

El sobrino de Marcos volvió a leer lo que había escrito en el cuaderno agarró otra vez el borrador y en donde decía noche oscura y tenebrosa escribió noche estrellada de luna llena y en donde decía que estaban lloviendo truenos escribió que estaba haciendo un viento fresco, luego se lo mostró a su tío.

Marcos leyó lo que había escrito el niño y le dijo que en las noches estrelladas de luna llena si vendían de todo eso en el parque. El sobrino de Marcos le dijo que él quería, un helado de coco y uno de vainilla y un plátano asado con queso y una arepa con pollo y salsa rosada. Marcos le dijo que si se comía todo eso el cuento iba a terminar muy cagado y el sobrino de Marcos le dijo que no importaba.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Marcos


Marcos le dice a su amiga por teléfono que lo único que supo hacer el domingo en todo el día fue quemarse la jeta con un arroz con leche caliente que hizo la mamá para atenderle la visita a unas tías que la visitaron. La amiga de Marcos le dice que ella en cambio vio a un partido de fútbol del hijo, peleó con el papá del pelaito porque se hace el marica con la plata la mensualidad del colegio, se comió un sancocho de pescao que hizo la abuela y durmió toda la tarde. Marcos le dice que dormir toda la tarde del domingo es usar bien el domingo. La amiga de Marcos le pregunta qué si quedó arroz con leche y Marcos le dice que no sabe porque las tías siguen echando cuento en la cocina y él no piensa salir del cuarto hasta que ellas se vayan. Entonces qué vamos a hacer, pregunta ella. Pues raspar la olla cuando se vayan las tías, dice Marcos. Así es él, un romántico. 

lunes, 13 de agosto de 2018

Marcos


Si ha visto que los tumbados por esa maquinita son puros menores de treinta años, es que a ustedes los pelados se les van los ojos cuando ven esos numeritos de colores titilando en una pantalla, los ven y se orinan de a poquitos. Marcos miraba a la señora que decía eso y al pelado que tenía al lado. Miraba las piernas de la señora y envidiaba al muchacho que seguro era el novio. La maquinita de la que hablaba ella era una balanza digital ubicada en el pasillo del centro comercial, cuando Marcos se sentó en la banca que estaba al frente de la balanza vio al pelado subirse y echar una moneda de doscientos esperando conocer su peso pero la balanza lo que le dijo fue Hola y un par de segundos después Chao. La señora se rió al principio sin ganas y luego en medio de las carcajadas le decía que le echara otra moneda a ver si le decía otra cosa. Marcos miraba a la señora con ganas de perder monedas en la balanza a ver si ella notaba su presencia. Después del pelado otros cuantos se subieron a la balanza para recibir el mismo Hola-Chao en letras rojas. La señora seguía sosteniendo su afirmación y los tumbados le seguían dando la razón. Lo que le faltaba decir a la señora era que solo intentaban pesarse hombres. Marcos se fue pensando en la balanza, en el saludo y la despedida y el evento pendiente en medio. 

martes, 31 de julio de 2018

Marcos


Marcos ya no compra chocolates. La última vez que compró una caja estuvo media hora en el supermercado mirando los estantes en un pasillo que ese día estaba tan vacío como el pasillo donde están las cervezas sin alcohol. Su cuñado sostiene una caja de chocolates Lindor en la mano, dice que se la regaló el jefe porque él no se los puede comer, lo mata la diabetes si lo hace. Marcos le dice que si fuera un jefe responsable se los hubiera comido. Seguro el que se los regaló pensó lo mismo, dice el cuñado de Marcos. Si usted está pensado lo mismo y por eso se los trajo a mi mamá sepa de una vez que ella no tiene diabetes, dice Marcos, el cuñado se ríe y deja la caja sobre la mesita de centro. La sala se ve distinta y el cuñado lo nota. Y esa foto qué, pregunta, de dónde salió. Marcos le dice que no sabe, que la mamá estuvo un tiempo buscándola pero no sabe dónde la encontró o quién la tenía, ayer apareció con ese cuadro y primero dijo que lo iba a colgar en el cuarto de ella y luego que no que en la sala quedaba mejor, que ahí arriba del sofá y listo la colgó ahí, yo no le ayudé porque yo pa clavar puntillas no sirvo. Su papá era un man bien pinta, de malas usted que no le sacó nada al viejo, dice el cuñado. Marcos no tiene reacción alguna para el cometario, se sienta al lado de su cuñado y mira la caja, la detalla con la misma atención que su mamá pasando las páginas de los álbumes de fotos familiares. Ábralos y no los comemos mientras vemos el partido, dice el cuñado. Marcos intenta abrir la caja y la deja caer al piso; la última vez que Marcos compró una caja de chocolates agarró la primera del estante y se cayeron todas las que estaban detrás, tuvo que venir un empleado del supermercado a ayudarle a recoger. Cuando Marcos salió su papá ya no estaba esperándolo, la ambulancia ya se iba y un vigilante le dijo que el señor se había enfermado, le dio como un infarto, le dijo. No Marcos mijo, pero ni que abrir una caja de chocolates fuera tan complicado como clavar una puntilla, dice el cuñado riéndose mientras agarrando la caja. 

lunes, 30 de julio de 2018

Marcos


Pero a usted qué le pasó mi señora, le pregunta Marcos a la señora del apartamento del cuarto piso cuando se la encuentra subiendo las escaleras. Ella tiene la mano izquierda enyesada y apenas se le alcanzan a ver dos dedos con las uñas pintadas de un rojo que combina perfecto con el blanco del yeso que es el mismo de las baldosas siempre bien barridas de las escaleras del edificio. La señora lleva dos semanas respondiéndole a Marcos la misma pregunta; le ha dicho que se cayó por las escaleras, que la tumbó un caballo, que le robaron la cartera, que la atropelló una moto, que se enredó cogiendo zapotes porque la rama estaba muy alta. Marcos va al edificio a regar las matas y a darle de comer al gato de un amigo que tuvo que hacer un viaje de trabajo. La señora le dice a Marcos que no es una fractura sino una operación que se hizo para tener por fin un brazo robótico. Marcos la mira dudoso y con la voz de estupefacto que no tiene le dice a la señora que le parece buenísimo, yo con plata también me haría poner una cosa de esas también. La señora le sonríe como le sonríe a los descarados y sigue bajando. En el apartamento Marcos le cuenta al gato que hoy la señora casi lo convence, pero mañana le vuelvo a preguntar porque de pronto sale con una mejor.

viernes, 27 de julio de 2018

Marcos


El vecino pregunta por la hermana de Marcos cuando lo ve venir con su sobrino de la mano. El niño dice que la mamá salió a montar en bicicleta con unas amigas y que el tío lo llevó a comer helado. El vecino dice que él también va a empezar a montar en bicicleta pero el año entrante, porque uno se tiene que mover, hacer ejercicio es bueno; el vecino habla rascándose la barriga como si fuera un raspa y gana.  Pero por qué se va a esperar hasta el otro año vecino, le pregunta Marcos. Pues mijo porque yo no sé si usted sabe pero como a mí la mujer se me fue y me dejó y se llevó todas las cosas, entonces yo no puedo sacar tiempo ahora pa el ejercicio porque me toca es trabajar pa comprar otra vez el televisorcito y la neverita y la camita y las poltronitas y luego si pues ya se puede uno relajar. De todos modos hay que tener todas las cositas pa cuando uno se consiga otra mujer; que llegué a la casa y encuentre todo ahí listo que no sea sino llegar a cocinar y voliar clavo así como hice con la que se fue. Oiga vecino y por qué se fue pues su mujer, preguntó Marcos. Hombre vecino, como que se aburrió la vieja, yo no sé, eso terminó unos cursos que le pagué y se fue, se fue hermano. Marcos le grita a su sobrino que vuelva que ya se van a entrar y el niño se despide de los otros niños de la cuadra y vuelve corriendo. Bueno vecino pues ahí se le puede unir entonces a mi hermana y a las amigas de ella, varias son solteras, le dice Marcos, el problema es que les aguante el ritmo. Un aguanta mucha cosa vecino, mucha cosa.

lunes, 23 de julio de 2018

Marcos


Le voy a contar lo que pasó anoche pero no todo porque no me acuerdo. Primero el vecino se asomó por la ventana y espantó al perro y luego le tiró un baldado de agua; no me acuerdo del color del balde y no le puedo decir si el agua estaba fría o muy fría y el perro chilló pero el agua no lo mojó todo aunque no me acuerdo si le mojó la cabeza o el culo.

La segunda fue la vecina de al lado que salió en pijama con la escoba en la mano y le acomodó su golpe al perro. De lo que no me acuerdo es de la escoba, no le puedo decir sí era nueva o vieja si era la de barrer adentro o la de barrer la calle y el perro chilló pero no se fue; pero eso sí, la señora estaba muy bien peinada, como si no hubiera podido dormir nada.

El que no salió nunca fue Juvenal que era el dueño de la bolsa de basura que el perro estaba despedazando y regando por toda la cuadra y vea yo no me acuerdo bien pero ahí dentro de esa bolsa había un muerto mal picado porque ese perro arrastraba una cosa larga parecida a un brazo como de un pastor alemán o bueno un perro así grande, lo que no le puedo decir es si era un perro o varios yo como le digo no me acuerdo sino del perro al que espantaban era como amarillo.  

El otro vecino, el del final de la cuadra fue el último que salió y ese sí ni agua ni escoba ni nada, ese de una sacó un revólver y le pegó dos tiros al animal. No le puedo es decir en dónde le pegó porque como le digo no me acuerdo y eso del revolver pues es un decir también porque yo de armas no sé nada. Después de eso yo me fui a dormir y ahí quedó ese perro tirado en medio de ese basurero. No le puedo decir más Marcos. Pero usted por qué es así Marcos por qué no me cree nada, yo que voy a saber cómo ladraba el perro, no le digo pues que no me acuerdo de todo. 

miércoles, 18 de julio de 2018

Marcos


Marcos se quita las gafas oscuras que se pone cuando sale por la tarde con rumbo al concejo municipal a visitar a sus amigos que le gustan tanto cuando se están negando a atender a las personas que los buscan pidiendo favores y exponiendo problemas chimbos de relevancia insoportable como la de los vecinos ruidosos o los huecos en las vías dejados por contratistas borrachos del acueducto que no necesitan reunirse para planear los pasos a seguir para conseguir que una obra de dos días de demores tres semanas en finalizar. Saber excusarse es un arte que no conocen los concejales. La señora mira a Marcos como encandilada y Marcos se ríe con ella porque sabe lo que le va decir. Marcos mijo pero que ojos tan lindos los suyos, yo no sabía que los tenía de ese color tan claro, son como verdes, pero como que también amarillos. Marcos no entiende cómo relaciona ella los colores pero se sigue riendo; él ya sabe cómo reaccionar cuando la señora le habla del color de sus ojos, debe notarse entre halagado y tímido y también dudoso. Marcos lo sabe desde que empezó a visitar el concejo hace cuatro años cuando la señora le dijo por primera vez que no se había fijado antes en el color de sus ojos. Marcos va al concejo dos o tres veces a la semana y la señora le dice lo mismo cada que puede y finaliza siempre diciendo, vea usted cuatro años viéndolo por acá y apenas lo reparo.

lunes, 16 de julio de 2018

Marcos


Uno de los vecinos de Marcos le dice don Marcos y Marcos no sabe por qué, cuando él le habla siempre le dice Reynaldo así sin más, sin formalismo. El vecino trabaja en la galería, vende plátanos y bananos y guineos; todos los días a las tres de la mañana saca la camioneta del garaje intentando hacer el menor ruido posible y se va para su local, son más ruidosos los ronquidos de Marcos que el vecino. Reynaldo le pide a Marcos que le consiga una de esas pancartas o pasacalles de esos que ponen los políticos en campaña porque el material es muy fino y le sirve para tapar los racimos del sol. Usted que es amigo de todos esos candidatos don Marcos la tiene fácil y eso de más que lo desmontan y lo botan por ahí en cualquier parte. Oiga Reynaldo pero esa caras de esos candidatos no espantan a la gente cuando vaya a comprar, preguntó Marcos. De más que no don Marcos pero yo los pongo al revés y eso con una semana de sol se destiñe y ya ni se queda viendo. Listo Reynaldo cuente con eso, le dijo Marcos; a usted lo van a envidiar un montón, dándose el lujo de mancharle la cara a esos personajes. No don Marcos pero no es por eso, no es por nada político ni nada, es no más por el material de las pancartas esas. Fresco Reynaldo que a nadie le importa que hacen con eso, las de la campaña pasada las mandamos pal gallinero de un amigo para que tapara la gallinaza.

jueves, 12 de julio de 2018

Marcos


Cómo así que otra vez está peleando con la esposa de su tío, no sé cansa de molestar a esa señora. Peleando no, peleando por qué, nada; yo le dije que ella tenía que preguntar si lo que se iba a comer se podía comer antes de comérselo. No le dije nada más. Su tío dijo que lo peor que pudo hacer su papá fue morirse dejando plata y pensión que por eso usted no hace nada y no es sino un vago atenido y que yo soy una alcahueta que debería echarlo de la casa a ver si por fin consigue trabajo, y lo dijo muy alterado, se quería salir de la ropa; que él y la mujer no van a volver por acá hasta que usted no coja oficio y se vuelva alguien productivo. Oiga mi tío si es exagerado, no le pare bolas ma que eso vuelve. No se haga el bobo Marcos diga a ver qué pasó. Se acuerda de esa mascarilla que hice para el pelo con aguacate, banano, huevo, sábila, miel, aceite de oliva, aceite de resino y hasta unas pastas de planificar, pues la eche en frasco de mermelada y lo dejé allá sobre la mesa de la cocina porque se me olvidó meterla a la nevera y hace rato que vino la mujer del tío dizque a buscarla a usted se sentó y se comió el frasco completo de la mascarilla con unas tostadas y ahí fue cuando le dije lo de que preguntará por lo que se iba a comer y listo con eso tuvo la señora pa emputarse y decir lo de siempre que yo se la estaba montando por gorda. La mamá de Marcos empezó a reír a carcajadas. No se ría de eso ma, que eso es una pendejada en comparación a lo cagada que debe estar esa señora a está hora. 


jueves, 28 de junio de 2018

Marcos


Que cosa tan horrible Marcos mijo, esta semana he visto cuatro accidentes de gente en moto, tan impresionante que es ver a esa gente ahí refregada contra el pavimento. Muy preocupante lo morbosa que se ha vuelto usted ama, eso es muy feo. Ve este tan pendejo le estoy diciendo que he visto como cuatro accidentes en una sola semana y entonces el problema soy yo. Claro, por quedarse mirando. Que he visto le estoy diciendo, que he visto, no que estuve mirando. Entonces le va tocar es cambiar de ruta mami, eso es que usted está caminando por calles muy peligrosas. Marcos en esos accidentes muere mucha gente mijo. Por eso le digo ama que no siga caminando por esas calles que camina, cambien de ruta. Yo no sé Marcos cómo es que hace la gente para hablar con usted. Pues pa hablar conmigo lo primero que hay que hacer es no haberse matado en accidentes en moto. 

miércoles, 27 de junio de 2018

Marcos


Que sí que sí que tiene más emoción un calambre que ver cantar a esa señora, es que diga a ver, a quién se le ocurre regalarle entradas dizque para un concierto de alabanza; mejor le hubieran dado trabajo recogiendo sillas y barriendo la cancha esa donde va ser el concierto, por lo menos le hubiera quedado plata. Marcos no le dijo nada a su hermana porque ya está acostumbrado a que lo regañe antes de decirle que no, que no le va a comprar nada de lo que ofrece. El que se inventó los conciertos de alabanza fue el mismo que se inventó la cerveza sin alcohol, dijo el cuñado a Marcos para dejarle claro que tampoco estaba interesado en comprar ninguna entrada. La cantante es una monja extranjera vieja y monja que toca la guitarra, le dijo Marcos a una de las vecinas pero la señora muy camandulera dijo que a ella eso no la convencía y que  no había mejor alabanza que rezar el rosario sin falta por la mañana y por la tarde todos los días sin falta. Marcos se cansó de ofrecer las entradas y se las regaló al chofer de una buseta que lleva dos días intentando venderlas diciéndole a la gente que a los futbolistas de la selección les encantan los conciertos de alabanza a ver si por puro animo tendencioso alguien se motiva a comprarle aunque sea una. 

viernes, 15 de junio de 2018

Marcos


No hay razón para que alguien disfrute contar monedas de 50 y 100 pesos pero como eso es plata les toca recibirlas, contarlas y atender al que las trajo sonrientes y comedidos, dijo la mamá de Marcos, además están es trabajando y no paseando. Marcos le dijo que a cualquiera le gustaría contar monedas si se las están regalando. Conozco a más de uno que por cada millón en monedas de 100 pesos que les regalen pagaría entre 50 y 100 mil pesos solo porque sea otro el que las cuente y entre esos está usted, y esos serían los mismo que no contaría un millón de pesos en monedas de cien ni aunque les paguen 100 mil por millón, dijo la mamá de Marcos y él no la contradijo. La Mamá de Marco seguía mirando zapatos mientras contaban las monedas con las que pagaba el par que se estaba llevando. Marcos la esperaba afuera del local recostado en una vitrina viendo gente pasar; entre la gente pasó Augusto, un vendedor de artículos de aseo que Marcos llevaba mucho tiempo sin ver, Augusto también lo vio y se acercó a saludarlo. Marcos quiso estrechar la mano derecha de Augusto como es costumbre cuando se saluda y la emoción que tenía se desvaneció cuando vio que Augusto no le ofrecía la mano derecha sino la izquierda que él estrechó de manera torpe como si no supiera lo que pasaba sin despegar la mirada del brazo derecho de Augusto que colgaba desde su hombro como el péndulo de un reloj que iba de un lado a otro cada que él se movía. La situación que parecía incómoda para los dos duró poco porque Augusto fingió tener prisa. Marcos entró de nuevo al local y su mamá le mostró otro par de zapatos que también iba a llevar y buscó en el bolso más monedas, Marcos la miró apesadumbrado y buscó donde sentarse.



jueves, 14 de junio de 2018

Marcos


Se quedaron callados un rato, como si ambos necesitaran silencio para oír el susurro del olor a guayaba que inundaba la casa en ese momento. Marcos lavaba las guayabas las partía en cruz y las ponía en una olla, la hermana miraba el celular sentada al lado de la mesa. Oiga esa porquería como chilla, dijo Marcos. Ella fue hasta le ventana de la sala y se asomó para buscarlo pero no lo vio. De dónde salió pues, preguntó la hermana de Marcos. Yo no sé, pero desde que lo trajeron se la pasa chillando, ese tipo cómo que no sabe sino recoger gatos y arrumarlos ahí, dijo Marcos. A veces parece como si estuviera llorando un niño chiquito, dijo la Hermana de Marcos. Y el niño qué está haciendo, preguntó él. Ahí está en el cuarto suyo viendo televisión, esperando que este el dulce. Cuándo piensa volver, preguntó Marcos. Cuando se me pase la rabia, cuando lo pueda mirar sin querer acabarlo, no sé, pero hoy no. Si él hubiera ganado no estarían acá ustedes y no estaría él solo allá, dijo Marcos. Pero no ganó, dijo la hermana. Por la noche también chilla horrible el gato, dijo Marcos, le va poder echar la culpa del desvelo.



miércoles, 13 de junio de 2018

Marcos


Solo cuando la mamá de Marcos vio que a la iglesia no le cabía ni un alma se convenció de que su hijo si conocía a media ciudad; él los llama amigos porque decir que son sus contactos le parece muy de lava perros sin patrón y él de esos no es, ni lo primero ni lo segundo. Le contó a todos los que pudo que iban a sacar los restos de su papá y esperaba que lo acompañaran. Si los restos se pudieran sacar más de una vez Marcos lo hubiera hecho buscando que no se quedara nadie sin asiento como si fuera el organizador de un concierto de Arjona que llena un estadio tres y cuatro noches consecutivas. En un momento de la homilía la asistencia se dio cuenta de que el único en la iglesia que no conocía a Marcos era el sacerdote porque dijo que en el cielo Manuel debía estar orgullo de su hija tan buena madre y tan buena esposa y de su hijo tan responsable y trabajador, cuando dijo trabajador los asistentes empezaron a cruzar miradas entre ellos y desde el atril parecía que estuvieran esquivando algún bicho que se les quería asentar en el cuello, el mismo Marcos parecía sorprendido. De dónde sacó mamá al curita éste le dijo Marcos a su hermana y ella le dijo que no sabía, pero que era machista como todos.



jueves, 7 de junio de 2018

Marcos


Marcos no tiene que recurrir a los clasificados para vender o comprar cosas porque no ha pasado de vender una que otra rifa menesterosa de vez en cuando para ayudarle a algún amigo. Pero no importa porque Marcos compra revistas y periódicos solo por los clasificados, lo que más le gusta es ver las fotografías de las casas y de cada uno de los espacios que la componen mientras se inventa el motivo por el cual la venden y la cara del posible comprador que nunca tiene una cara parecida a la suya. El sobrino de Maros lo busca cuando necesita revistas para hacer tareas en las que tiene que recortar imágenes y después de pasar y pasar páginas se va aburrido porque no encuentra lo que necesita. Marcos le dice que esas revistas sirven es para envolver tasas y vasos para empacarlos en cajas y llevarlos de un lado a otro y no se quiebre si se golpean, si le hubieran dejado de tarea envolver vajilla en papel periódico tendría con que sacar cinco. Marcos dice eso y termina haciendo las cuentas de la cantidad de revistas y periódicos que debe necesitar esa gente que vende y compra casa cuando se va de coroteo.

viernes, 1 de junio de 2018

Marcos


La vecina dice que hay gente que va a los velorios a pedir que le echen leche al tinto y marcos no le cree. Que vayan a los velorios a tirarse pedos fétidos que pongan a los acompañantes del muerto a llorosear hasta le creo pero que quieran café con leche en vez de tinto eso si es muy conchudo. Es que el mundo está lleno de conchudos dice la mamá de Marcos, usted es el que no los ve. Pero viendo que se puede acompañar a la gente en el velorio o en el entierro no sé por qué uno se decide por lo primero, tenemos que considerar el entierro como única opción. La vecina cree que lo mejor es ir a todo, al velorio, al entierro y al novenario. Novenarios ya no hace, ahora hacen es un trío de misas y listo, dice la mamá de Marcos. El esposo de la vecina que no es capaz de voltearse solo en la cama y que ya no tiene un solo pelo en la cabeza por la quimioterapia le pide a su mujer que le de un poco de agua y mientras se la toma empieza a quejarse, se queja mucho y Marcos entiende que lo mejor sería irse y visitarlo en otro momento, su mamá lo sigue. 


jueves, 31 de mayo de 2018

Marcos

A veces las recomendaciones de Marcos son cosméticas y están relacionadas solo con la imagen que sus amigos proyectan. En sus repetidas visitas al concejo municipal Marcos le hizo ver a varios de sus amigos que siendo concejales lo peor que podían hacer era ir por ahí luciendo cortes de pelo que parecían sacados de una cancha de fútbol. Si yo fuera concejal quisiera verme siempre como un ejecutivo respetable y no como un hincha barra brava. Uno de los amigos concejales de Marcos que es concejal porque logró que su hijo que es el dirigente de la barra brava del Cortuluá convenciera a todos los hinchas de votar por él, mostró su molestia por el comentario. Hombre Marcos pero qué son esos prejuicios, quién dijo pues que los cortes de pelo influyen en las gestiones que se adelantan acá, dijo el concejal. Mi honorable edil, pa qué nos decimos mentiras, si de equiparar gestión y cortes de pelo se tratará entonces en el concejo todos ustedes tendrían que estar calvos, es que mejor dicho hasta las cejas se les habrían caído, es que ustedes no trabajan sino en campaña y en campaña si hasta el pelo se lo cortan bien. Este Marcos si es la cagada, dijo otro de los concejales que tenía la cabeza llena de rayas como si estuviera llevando la cuenta de las promesas incumplidas en la cabeza. Yo les digo pa que sepan no más, sí se ven como ejecutivo generan menos sospechas, nada les cuesta tenerlo en cuenta. 


domingo, 27 de mayo de 2018

Marcos

Marcos en su cabeza despeinada y peluda se pregunta todos los días cómo sonara la voz en off de su mamá o la de su hermana o la de los vecinos y los amigos. Marcos cree que la voz en off de la gente suena distinta de la voz que el oye cuando los mira hablar porque la de él se parece mucho a la voz de una señora que lavaba ropa al bordo del río que pasaba más abajo de la casa donde pasaba las vacaciones navideñas y donde su abuelita fritaba buñuelos que parecían roscones. Marcos se acuerda de la señora, se acuerda de que hablaba con ella y le preguntaba por los pescados del río y qué si no era mejor pescar que lavar ropa, se acuerda de la voz de la señora pero no sabe en que momento su voz en off empezó a sonar como la de ella y tampoco recuerda como sonaba su voz en off antes de conocer a la señora. Marcos cree que la voz en off de su mamá debe ser chillona e irritable y seguro mandona y por eso ella habla de trabajo cada que puede. 

viernes, 25 de mayo de 2018

Marcos

la teoría de la mamá de Marcos era simple y estaba sostenida en un argumento tan solido que sonaba extraño oírla decir que por primera vez había fracasado. La mamá de Marcos decía que cuando llegaba una visita maluca no había que ofrecerle nada para que no se amañara y se fuera prontico. Pero la señora no contaba con las visitas de su primo, un señor gordo y cabezón que contaba cuatro o cinco veces la misma historia como si estuviera haciendo una plana oral en la cara su prima. el cabezón llegaba a la casa de la prima con una mochila llena de paquetes de rosquitas caleñas y un par de botellas de agua de litro y se sentaba en la sala, o en la cocina o en donde fuera que estuviera su prima a comer rosquitas y a repetir cuentos hasta que se le acabaran las rosquitas para poder irse. Marcos le dijo a su mamá que el hueco de las rosquitas debería tragarse las visitas malucas y vomitarlas en en otra galaxia. La mamá de Marcos le dijo que con qué el medico le prohibiera las harinas a su primo sería suficiente. De momento y como gesto de apoyo con su madre Marcos se sienta al lado del primo a comer rosquitas caleñas con él. 


jueves, 24 de mayo de 2018

Marcos

Que susto tan malparido el que se pega Marcos cuando lo saluda en la calle alguien que él no conoce o que no identifique con un solo vistazo rápido porque Marcos conoce a tanta gente y se acuerda de tanta otra que si los relámpagos tuvieran cara él sabría como se llaman y de quién son hijos. La semana pasada le pasó eso, un tipo que Marcos no recordaba haber visto lo saludó por su nombre y apellido. Marcos se fue para la casa pensando en el tipo y le contó a su mamá lo sucedido que parecía ser insignificantes como si el tipo que lo saludó hubiera sido un Marcos que venía del futuro o de otro universo. La mamá de Marcos le dijo que dejará el drama, lo normal es que lo saluden, usted no se la pasa pues haciendo eso, consiguiendo amigos haciendo contactos, dejándose ver. Lo que pasa es que ahora me va a tocar seguir pasando por allá todos los días hasta que me vuelva a encontrar a ese señor para poderle preguntar de donde es qué me conoce y para conocerlo yo a él y saber cómo se llama para venderle rifas si hace falta o para invitarlo a votar por algún amigo mio. Menos mal que no tiene que pedir permiso en el trabajo para dedicarse de tiempo completo a buscar a ese señor, dijo la mamá de Marcos. Él entendió la ironía pero para molestar a su mamá, le preguntó, cuál trabajo mami. 

lunes, 21 de mayo de 2018

Marcos


Uno se puede enamorar cualquier día a cualquier hora, Marcos se enamoró un sábado a las nueve y media de la mañana cuando la muchacha que tenía al lado le preguntó si tenía ganas de tomar tinto. Marcos le dijo que no, que no tenía intención alguna de ir a la cafetería. Yo creí que de pronto si iba a comprar porque como varias veces lo he visto tomando tinto acá, le iba a pedir que me trajera uno. Marcos miró a la muchacha de reojo sin perder del todo la atención que le estaba prestando al tipo que hablaba al frente. Tengo ganas de tinto pero no voy porque no me siento bonita para caminar hasta la cafetería. La muchacha terminó de decir eso y a Marcos le pareció estar viendo en la espontaneidad de esa expresión a Eva Green en la pantalla de una sala de cine y para ocultar su reacción siguió mirando al hombre que habla al frente. Marcos veía a la muchacha y en su cabeza se repetía la oración, no me siento bonita para caminar hasta la cafetería. Marcos se decía en su cabeza que era al contrario que el mundo no se iba a poder sentir nunca tan bonito como para que ella caminara por él. Luego Marcos se dijo que el mundo era bonito porque reflejaba el encanto de ella. Marcos dijo más cosas pero ninguna que ella pudiera escuchar, menos mal porque no se dijo nada original. Quiso decirle que sí, que sí iba por café y que sí le traía uno pero no le dijo nada porque para qué, él no estaba para comprarle tinto a nadie porque él tampoco se sentía bonito como para caminar hasta la cafeteria y volver con dos tintos de los que apenas se iba a tomar uno. 

martes, 8 de mayo de 2018

Marcos


Marcos cortó una flor y llovió y llovió y Marcos se acordó que eso era una canción y botó la flor y se metió debajo del paraguas negro que le prestó una amiga a su mamá y que él nunca devolvió porque estaba muy bueno como para dejar de usarlo por andar devolviéndolo. Se paró al lado de la reja en medio de un montón de madres envueltas en sacos y chaquetas impermeables que cargaban bajo brazo y brazo más chaquetas y bufandas y ruanas. Cuando los niños fueron saliendo de la escuela las madres saludaban a sus niños enfundándolos en tanta prenda calurosa que traían. El sobrino de Marcos salió y Marcos le entregó el paraguas, métase usted ahí debajo que compartir paraguas es una pendejada incomoda que no se ve bonita sino en películas, además ya está escampando, dijo Marcos. Pero qué pasó tío porque no le trajo chaquetica al niño, preguntó la profesora que estaba encargada de coordinar la salida y el sobrino de Marcos se apresuró a responder que al tío no le gustaban las chaquetas. Marcos miró a su sobrino con gustó y agregó a la respuesta que no estaba haciendo frío, los niños recién enfundados creían lo mismo pero Marcos no era el tío de todos.

lunes, 7 de mayo de 2018

Marcos


La señora se llama Etelvina y parece mentira que tenga los ojos abiertos. Está sentada en un sofá tan arrugado como ella. El periodista le pregunta si ha pensado en volverse a enamorar y la señora le dice que no porque eso para los jóvenes; en el tono de voz que uso para decir lo que dijo hay incredulidad, como si de eso que es para los jóvenes estuviera excluido el periodista.
El periodista cree que la edad de la señora validad su trabajo, su presencia en esa casa. En su cabeza seguro se dijo que conseguir a una señora que esté cumpliendo 105 años y no le tenga miedo a la cámara es suficiente para ganar el premio Simón Bolívar. Pero si 105 años no son suficientes para hacer quedar como un idiota zascandil a un periodista de 25 con perfil de libretista de telenovela mala entonces la longevidad no tendría sentido.
Marcos sigue la entrevista gozando de esa diversión que se mezcla con la incomodidad de la pena ajena. Será que en estos días que esas señora se muera ese periodista va a cubrir también el velorio y el entierro haciendo preguntas tan pendejas a los familiares así como las que le hizo a la vieja cuando estaba vivía. Deje la bobada Marcos, ese periodista no anda yendo a entierros eso no tiene gracia, dice el cuñado de Marcos, ponga el partido mejor vea que ya empezó.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Marcos


Una vecina dijo que el tipo roncaba fuerte y que rumbaba como un camión viejo. Otra vecina confirmó lo anterior y agregó que el tipo no olía a licor y que tampoco estaba sucio o golpeado. Un chofer de bus que pasó por ahí dijo que no se movía y que estaba boca abajo sin respirar. Marcos oyó muchas versiones porque se levantó tarde y de lo sucedió le tocaron las narraciones ajenas y no la participación directa como chismoso desde la barrera. Alguien llamó y pidió una ambulancia, seguro asustado de ver a ese tipo ahí tirado y el que llamó tiene que ser madrugador porque vea que apenas son las cinco y media. Levantaron al tipo lo acostaron en la camilla y lo alcanzaron a subir a la ambulancia y ya iban a arrancar cuando se despertó el tipo, desubicado y más puto que una quema les gritó que si era que se había enguevonado o qué hijueputas, que porqué lo tenía ahí subido si él no estaba enfermo. Es que usted estaba tirado en la calle y la moto estaba tirada al lado, le dijeron los que venían en la ambulancia. Y dónde me ven accidentado, a ver dónde me ven la sangre, digan a ver.  Entre gritos que más parecían berrinches de niño mal dormido el tipo se sentó en la mitad de la calle impidiendo el paso de los carros que bajaban y de los buses grandes que a esa hora recogen a tanta gente que va para sus trabajos. El tipo seguía puto y vino la policía y vino más policía y vino Marcos y vio como se lo llevaban en la patrulla y se iban todos y ahí quedaban los vecinos sin saber que había pasado y porqué el tipo estaba durmiendo en la calle.

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...