Si ha visto que los tumbados por esa maquinita son puros
menores de treinta años, es que a ustedes los pelados se les van los ojos
cuando ven esos numeritos de colores titilando en una pantalla, los ven y se
orinan de a poquitos. Marcos miraba a la señora que decía eso y al pelado que
tenía al lado. Miraba las piernas de la señora y envidiaba al muchacho que
seguro era el novio. La maquinita de la que hablaba ella era una balanza
digital ubicada en el pasillo del centro comercial, cuando Marcos se sentó en
la banca que estaba al frente de la balanza vio al pelado subirse y echar una
moneda de doscientos esperando conocer su peso pero la balanza lo que le dijo
fue Hola y un par de segundos después Chao. La señora se rió al principio sin
ganas y luego en medio de las carcajadas le decía que le echara otra moneda a
ver si le decía otra cosa. Marcos miraba a la señora con ganas de perder
monedas en la balanza a ver si ella notaba su presencia. Después del pelado otros
cuantos se subieron a la balanza para recibir el mismo Hola-Chao en letras
rojas. La señora seguía sosteniendo su afirmación y los tumbados le seguían dando
la razón. Lo que le faltaba decir a la señora era que solo intentaban pesarse hombres. Marcos se fue pensando en la balanza, en el saludo y la despedida
y el evento pendiente en medio.
lunes, 13 de agosto de 2018
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