La señora se llama Etelvina y parece mentira que tenga
los ojos abiertos. Está sentada en un sofá tan arrugado como ella. El
periodista le pregunta si ha pensado en volverse a enamorar y la señora le dice
que no porque eso para los jóvenes; en el tono de voz que uso para decir lo que
dijo hay incredulidad, como si de eso que es para los jóvenes estuviera
excluido el periodista.
El periodista cree que la edad de la señora validad su
trabajo, su presencia en esa casa. En su cabeza seguro se dijo que conseguir a
una señora que esté cumpliendo 105 años y no le tenga miedo a la cámara es
suficiente para ganar el premio Simón Bolívar. Pero si 105 años no son
suficientes para hacer quedar como un idiota zascandil a un periodista de 25 con perfil de libretista de telenovela mala entonces la longevidad no tendría sentido.
Marcos sigue la entrevista gozando de esa diversión que
se mezcla con la incomodidad de la pena ajena. Será que en estos días que esas
señora se muera ese periodista va a cubrir también el velorio y el entierro
haciendo preguntas tan pendejas a los familiares así como las que le hizo a la
vieja cuando estaba vivía. Deje la bobada Marcos, ese periodista no anda yendo
a entierros eso no tiene gracia, dice el cuñado de Marcos, ponga el partido
mejor vea que ya empezó.
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