lunes, 7 de mayo de 2018

Marcos


La señora se llama Etelvina y parece mentira que tenga los ojos abiertos. Está sentada en un sofá tan arrugado como ella. El periodista le pregunta si ha pensado en volverse a enamorar y la señora le dice que no porque eso para los jóvenes; en el tono de voz que uso para decir lo que dijo hay incredulidad, como si de eso que es para los jóvenes estuviera excluido el periodista.
El periodista cree que la edad de la señora validad su trabajo, su presencia en esa casa. En su cabeza seguro se dijo que conseguir a una señora que esté cumpliendo 105 años y no le tenga miedo a la cámara es suficiente para ganar el premio Simón Bolívar. Pero si 105 años no son suficientes para hacer quedar como un idiota zascandil a un periodista de 25 con perfil de libretista de telenovela mala entonces la longevidad no tendría sentido.
Marcos sigue la entrevista gozando de esa diversión que se mezcla con la incomodidad de la pena ajena. Será que en estos días que esas señora se muera ese periodista va a cubrir también el velorio y el entierro haciendo preguntas tan pendejas a los familiares así como las que le hizo a la vieja cuando estaba vivía. Deje la bobada Marcos, ese periodista no anda yendo a entierros eso no tiene gracia, dice el cuñado de Marcos, ponga el partido mejor vea que ya empezó.

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