lunes, 21 de mayo de 2018

Marcos


Uno se puede enamorar cualquier día a cualquier hora, Marcos se enamoró un sábado a las nueve y media de la mañana cuando la muchacha que tenía al lado le preguntó si tenía ganas de tomar tinto. Marcos le dijo que no, que no tenía intención alguna de ir a la cafetería. Yo creí que de pronto si iba a comprar porque como varias veces lo he visto tomando tinto acá, le iba a pedir que me trajera uno. Marcos miró a la muchacha de reojo sin perder del todo la atención que le estaba prestando al tipo que hablaba al frente. Tengo ganas de tinto pero no voy porque no me siento bonita para caminar hasta la cafetería. La muchacha terminó de decir eso y a Marcos le pareció estar viendo en la espontaneidad de esa expresión a Eva Green en la pantalla de una sala de cine y para ocultar su reacción siguió mirando al hombre que habla al frente. Marcos veía a la muchacha y en su cabeza se repetía la oración, no me siento bonita para caminar hasta la cafetería. Marcos se decía en su cabeza que era al contrario que el mundo no se iba a poder sentir nunca tan bonito como para que ella caminara por él. Luego Marcos se dijo que el mundo era bonito porque reflejaba el encanto de ella. Marcos dijo más cosas pero ninguna que ella pudiera escuchar, menos mal porque no se dijo nada original. Quiso decirle que sí, que sí iba por café y que sí le traía uno pero no le dijo nada porque para qué, él no estaba para comprarle tinto a nadie porque él tampoco se sentía bonito como para caminar hasta la cafeteria y volver con dos tintos de los que apenas se iba a tomar uno. 

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