jueves, 14 de junio de 2018

Marcos


Se quedaron callados un rato, como si ambos necesitaran silencio para oír el susurro del olor a guayaba que inundaba la casa en ese momento. Marcos lavaba las guayabas las partía en cruz y las ponía en una olla, la hermana miraba el celular sentada al lado de la mesa. Oiga esa porquería como chilla, dijo Marcos. Ella fue hasta le ventana de la sala y se asomó para buscarlo pero no lo vio. De dónde salió pues, preguntó la hermana de Marcos. Yo no sé, pero desde que lo trajeron se la pasa chillando, ese tipo cómo que no sabe sino recoger gatos y arrumarlos ahí, dijo Marcos. A veces parece como si estuviera llorando un niño chiquito, dijo la Hermana de Marcos. Y el niño qué está haciendo, preguntó él. Ahí está en el cuarto suyo viendo televisión, esperando que este el dulce. Cuándo piensa volver, preguntó Marcos. Cuando se me pase la rabia, cuando lo pueda mirar sin querer acabarlo, no sé, pero hoy no. Si él hubiera ganado no estarían acá ustedes y no estaría él solo allá, dijo Marcos. Pero no ganó, dijo la hermana. Por la noche también chilla horrible el gato, dijo Marcos, le va poder echar la culpa del desvelo.



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