Se quedaron callados un rato, como si
ambos necesitaran silencio para oír el susurro del olor a guayaba que inundaba
la casa en ese momento. Marcos lavaba las guayabas las partía en cruz y las ponía
en una olla, la hermana miraba el celular sentada al lado de la mesa. Oiga esa porquería
como chilla, dijo Marcos. Ella fue hasta le ventana de la sala y se asomó para
buscarlo pero no lo vio. De dónde salió pues, preguntó la hermana de Marcos. Yo
no sé, pero desde que lo trajeron se la pasa chillando, ese tipo cómo que no sabe
sino recoger gatos y arrumarlos ahí, dijo Marcos. A veces parece como si
estuviera llorando un niño chiquito, dijo la Hermana de Marcos. Y el niño qué
está haciendo, preguntó él. Ahí está en el cuarto suyo viendo televisión, esperando
que este el dulce. Cuándo piensa volver, preguntó Marcos. Cuando se me pase la
rabia, cuando lo pueda mirar sin querer acabarlo, no sé, pero hoy no. Si él
hubiera ganado no estarían acá ustedes y no estaría él solo allá, dijo Marcos. Pero
no ganó, dijo la hermana. Por la noche también chilla horrible el gato, dijo
Marcos, le va poder echar la culpa del desvelo.
jueves, 14 de junio de 2018
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