lunes, 30 de julio de 2018

Marcos


Pero a usted qué le pasó mi señora, le pregunta Marcos a la señora del apartamento del cuarto piso cuando se la encuentra subiendo las escaleras. Ella tiene la mano izquierda enyesada y apenas se le alcanzan a ver dos dedos con las uñas pintadas de un rojo que combina perfecto con el blanco del yeso que es el mismo de las baldosas siempre bien barridas de las escaleras del edificio. La señora lleva dos semanas respondiéndole a Marcos la misma pregunta; le ha dicho que se cayó por las escaleras, que la tumbó un caballo, que le robaron la cartera, que la atropelló una moto, que se enredó cogiendo zapotes porque la rama estaba muy alta. Marcos va al edificio a regar las matas y a darle de comer al gato de un amigo que tuvo que hacer un viaje de trabajo. La señora le dice a Marcos que no es una fractura sino una operación que se hizo para tener por fin un brazo robótico. Marcos la mira dudoso y con la voz de estupefacto que no tiene le dice a la señora que le parece buenísimo, yo con plata también me haría poner una cosa de esas también. La señora le sonríe como le sonríe a los descarados y sigue bajando. En el apartamento Marcos le cuenta al gato que hoy la señora casi lo convence, pero mañana le vuelvo a preguntar porque de pronto sale con una mejor.

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