miércoles, 18 de julio de 2018

Marcos


Marcos se quita las gafas oscuras que se pone cuando sale por la tarde con rumbo al concejo municipal a visitar a sus amigos que le gustan tanto cuando se están negando a atender a las personas que los buscan pidiendo favores y exponiendo problemas chimbos de relevancia insoportable como la de los vecinos ruidosos o los huecos en las vías dejados por contratistas borrachos del acueducto que no necesitan reunirse para planear los pasos a seguir para conseguir que una obra de dos días de demores tres semanas en finalizar. Saber excusarse es un arte que no conocen los concejales. La señora mira a Marcos como encandilada y Marcos se ríe con ella porque sabe lo que le va decir. Marcos mijo pero que ojos tan lindos los suyos, yo no sabía que los tenía de ese color tan claro, son como verdes, pero como que también amarillos. Marcos no entiende cómo relaciona ella los colores pero se sigue riendo; él ya sabe cómo reaccionar cuando la señora le habla del color de sus ojos, debe notarse entre halagado y tímido y también dudoso. Marcos lo sabe desde que empezó a visitar el concejo hace cuatro años cuando la señora le dijo por primera vez que no se había fijado antes en el color de sus ojos. Marcos va al concejo dos o tres veces a la semana y la señora le dice lo mismo cada que puede y finaliza siempre diciendo, vea usted cuatro años viéndolo por acá y apenas lo reparo.

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