Póngase a pensar en el señor de los cocos, estacionado en
esa esquina todos los días a esta hora aparándose ese solazo tan hijueputa; a
qué temperatura será que hierven las neuronas. Parece más por una creencia en
algo superior, el dogma de una secta subterránea, que viene y se acomoda ahí,
como cumpliendo un rol, porque yo no veo a nadie comprando.
La amiga de Marcos sigue hablando y Marcos putea el tinto
que tiene en la mano, no le gusta tan dulce, no le gusta tan tibio; lo prefiere
caliente aunque tenga que soplar y quemarse los dedos con los que sostiene el vaso.
Uno no sabe si frita el coco conociendo la técnica que uso el primer fritador
de cocos del mundo o sí improvisa sobre la marcha a partir de la instrucción simple
de un fritador de cocos con experiencia. Marcos dice que no le gusta el coco
frito y que los vendedores de coco lo tienen sin cuidado.
Además la discusión no es sobre la técnica que usan para
fritar el coco sino de la estrategia de comercialización del coco frito que
aplican, hasta que no veamos a un tipo en una película de Hollywood comiendo
coco frito con la misma gracia con la que se mete un pericazo no nos van a dar
ganas de coco frito.
Marcos mira al tipo que acaba de decir eso, es amigo de
su amiga y él no sabe cuánto tiempo lleva ahí sentado con ellos porque no lo
vio llegar. Hollywood aguanta como argumento para cualquier cosa, dice Marcos. La
amiga de Marcos sabe que viene, conoce las palabras que vendrán después de ese
comentario y prefiere hablar de otra cosa para evitar la discusión pasivo agresiva
que están a punto de protagonizar Marcos y su amigo.
La amiga de Marcos dice que el tinto en esa cafetería es
el mismo desde que la abrieron y lleva abierta como diez años, yo no entiendo
por qué siguen comprando tinto acá si le paree maluco. En algún momento tendrá que
quedarles distinto, dice Marcos. El amigo de la amiga de Marcos vuelve con una
bolsita de coco frito en la mano, Marcos lo mira y no entiende cómo es que el
tipo se mueve y por qué él no lo nota. El amigo de la amiga de Marcos come coco
y lo comparte con ellos, la amiga de Marcos come con gusto, Marcos no, Marcos
les dice que hasta que él no vea a una estrella de Hollywood comer coco frito y él prefiere no hacerlo.
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