martes, 19 de diciembre de 2023

Fragmento #10

Creen que llegué con una varita mágica. Pero no. Así no fue. Acá no hubo magia. De ninguna manera. Rechazamos de todas las formas posibles la existencia de la magia. Acá hubo un proceso. Una serie de sucesos del que ustedes no se percataron. Por eso llegamos. Esa cadena de eventos que se movió en silencio permitió que hoy tengamos una posibilidad de futuro. Lo hicimos juntos. Este logro es nuestro. Cada uno de nosotros hizo lo que tenía que hacer. Sacrificamos mucho. Eso lo sabemos todos. No fui yo. El logro es de ustedes. Ahora tendremos que conquistar el territorio y hacernos de un lugar. Será nuestro nuevo hogar. Cueste lo que cueste empezaremos de nuevo. Todos saben lo que se viene. Vamos a tener las armas listas y cargadas. Le ganaremos al miedo. Avanzaremos.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Fragmento #9

Le dio la vuelta al terreno y observó con detenimiento. Era lo que se esperaba y nada más. Se había preparado durante años. Justo en ese punto tendría que armar su carpa. Se quedaría sola y esperaría el evento. Ella era el receptor de la señal. Desde niña había aceptado su destino. Había un mensaje que las personas debían conocer y se revelaría a través suyo. Permaneció en el cerro repitiendo los mantras aprendidos en las interminables jornadas de práctica. Tenía que volver con el mensaje. Volver sin ese mensaje no era una opción. Estuvo ahí diez días. Aguantó allí dos días más después de que se acabó la comida. Le iban a creer. Sabía que dijera lo que dijera le iban a creer. Tal vez ese era el mensaje. Sentir tal seguridad. El convencimiento absoluto de que podía decir lo que quisiera. Desarmó la carpa y recogió sus cosas y empezó a bajar.  La vieron acercarse al pueblo y fueron a su encuentro. Querían oírla. Esperaban saber. Ella pidió agua antes de decir cualquier otra cosa. Alguien le entregó una cantimplora. Bebió con ganas y luego supo que podía hablar. Dijo lo que quiso.

Fragmento #8

Tres mujeres reunidas en el extremo del solitario parque Bolívar miran al frente de manera intermitente. La de la izquierda limpia su sombrero con notable desagrado. La mujer de en medio cruzada de brazos dice que está cansada. Queda la de la derecha que se agacha un poco para amarrarse mejor los cordones de las botas. El sol empieza a ocultarse. Entonces era el último. La mujer del sombrero habla con desgana. Era el último. La respuesta viene de las otras dos mujeres que no dicen más. Cuántas veces nos han dicho que es el último. La pregunta se queda en el aire. Ninguna tiene la respuesta. La del sombrero se cuelga la escopeta al hombro y avanza. Las otras la imitan. Caminan sin prisa. Pasan por el lado del cuerpo del niño y desinteresadas lo dejan atrás. 

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Fragmento #7

Uno cero abajo en el marcador. Carlitos tuvo que salir por lesión. Falló en su tarea dentro de la cancha. No pudo impedir el gol. Sufrió la caída cuando intentó marcar al siete durante un contragolpe. Se lastimó un tobillo y salió cargado. Entré yo. Faltaban diez minutos para el final. Nunca he jugado tanto. Cuando entro me dejan jugar cinco minutos. Soy el último cambio. El técnico me mete para evitar el reclamo de papá. Me acomodé las medias y lo vi en las gradas. Papá gritaba emocionado porque estaba ahí de pie entre los otros jugadores. Esto de estar en un equipo de fútbol tiene que ver más con él que con conmigo. Los hijos de sus amigos son jugadores titulares con talento obvio. Para papá el orgullo está en decir que he mejorado mucho. Pero lo más importante es que tengo mucho para dar. Eso dice él. Fui por la pelota en un par de llegadas. Me paro firme. No soy muy ágil. Puedo ser a veces como una pared. El arquero atrás mío me animó. Validó mis movimientos y me dijo que muy bien. Yo quería irme. Estaba intentando cumplir con mi parte y al mismo tiempo estaba pensando en el beso que me había dado la pelaíto ese. Por qué me había dado un beso. Qué le iba a decir luego cuando me la volviera a encontrar. Quería irme para mi casa. En la gradería mi papá seguía animando al equipo. Le gané la pelota a un atacante y se la toqué al defensa derecho. Él corrió hacia adelante y sé la tocó a un mediocampista. Seguimos subiendo todos y la pelota pasó por los pies de varios. Hacíamos eso en los entrenos. Practicar los pases largos y cortos. Alguno de mi equipo perdió la pelota muy cerca del área contraría y yo sin proponérmelo la recuperé y se la tiré a Pérez que tenía una buena ubicación. Le dio con la cabeza y metió el gol. Un empate. Pérez corrió hacia mí y me levantó. Otros hicieron lo mismo. Corrieron hacia nosotros para celebrar. Un empate en el último minuto. Un pase mío. Mi mejor partido hasta ese momento y yo pensando en el beso del pelaíto ese.

martes, 12 de diciembre de 2023

Fragmento #6

La magnitud del ajuste que se propone es drástica. Podría decirse radical. Repite que queda suspendido por un año su consumo de cualquier tipo de sólido. Tomará agua y caldo de hueso. Caldo de hueso y agua. Ese sería su único alimento. Algo le pasó. No sabemos qué es. Empezó con esa idea la semana pasada. Estuvo jugando un partido de fútbol y después regresó a su casa caminando. Las marcas en el cuello y los brazos no las explica y niega la relación de las mismas con su tardanza. Sus amigos dicen que salió de la cancha a las ocho y en la casa su padre dice que llegó pasadas las doce. La cancha está a cinco minutos de su casa. Él dice que no se fue para ninguna parte. Salí de la cancha y me vine para acá. Entonces por qué llegó tan tarde. No tiene respuesta. Dice que vendrán. Los espera. Estará listo para recibirlos en su interior. Es un compromiso. Él podrá albergarlo. Lo eligieron. Morir. Se va a morir. Eso es lo que va a pasar. Todo es exageración de su papá y su mamá. Él sabe que no pasará porque lo eligieron. Adoptará las condiciones. Lo hará y estará en condiciones cuando el momento llegue. El padre enciende la radio. Están hablando de unos síntomas que reconoce a la perfección. También hablan de la venta de hueso en las carnicerías. Una notable mejoría.

lunes, 11 de diciembre de 2023

Fragmento #5

Todos habían tomado ya de la olla que reposaba sobre la mesa. Faltaba él. Ese último trago es suyo. Beba usted. Beba antes de que se enfríe. Dejó su sombrero sobre una de las bancas de ese patio y le echó mano a la olla. Se la llevó a la boca y media cabeza le quedó metida allí. El fondo de la olla brillaba y pudo ver un poco el reflejo de su frente cicatrizada. Era amarga la bebida y espesa y difícil de tragar. No alcanzó a poner la olla sobre la mesa cuando sintió que le pesaba el cuerpo y los ojos se le querían salir. Le ardió el estómago y le dolió la cabeza. Uno de todos esos que estaban ahí le ofreció apoyo. Se nota que es su primera vez. Uno se termina acostumbrado. Pero ahora debe esforzarse por disimular los efectos. Respire. Lo voy a acompañar a la banca. Pónganse el sombrero bien bajito para que oculte la pálida. Respire y no vaya a vomitar. Esa es la señal. Si vomita el umbral no se abrirá para usted y tendrá que permanecer acá hasta que llegue el próximo grupo. Quizás para ese momento ya sea muy tarde. Aunque no vomite si se desmaya ahora ninguno de estos hombres los respetará y ese también sería un problema. Él siguió manejando la respiración. El umbral se abrió y el hombre que lo ayudó como otros empezó a cruzar. Se levantó y sosteniéndose en su lanza se enfiló al umbral. Sentía el sabor del vómito en la boca. Lo empujaba la arcada. Se tapaba la boca con la mano libre. No iba a vomitar. Sintió como el umbral lo absorbió y luego cayó de rodillas en medio de una playa. Miró al cielo rojizo y se desmayó. 

jueves, 7 de diciembre de 2023

Fragmento #4

Verlos caer era mucho más entretenido que levantar los fragmentos y ordenar las zonas afectadas. Lo primero era inevitable y lo segundo era obligatorio. Se disfrutaba de lo que se podía. Aunque eso se limitara a admirar la caída. Los colores generados en el cielo por las aleaciones reflejando la luz y esa aparente lentitud con la que esos gigantes se precipitaban contra el suelo resultaba mágica y la magia era esquiva por esos días. De mantener siempre la radio encendida dependía la vida y la posibilidad de presenciar cómo se aproximaba a tierra otro gigante o la muerte bajo el peso aplastante del mismo. Un locutor entregaba las coordenadas y el tiempo que tenían para desplazarse a un lugar seguro. Abajo el nomadismo como única opción y arriba el intento interminable de sedentarización. Ninguno de esos seres en su trashumancia hubiera creído que existió un tiempo diferente. Una realidad en la que no había gigantes desprendiéndose de lo alto. Una vida en la que la cotidianidad no consistía en intercambiar esos fragmentos por comida. Aunque arriba era distinto. Arriba era otra cosa. 

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Fragmento #3

Se enteraron de que Ramón había matado a un perro. Los encargados de la vigilancia dieron con un video que lo ponía en evidencia. Hubo revuelo en el colectivo. Pidieron su salida. Querían su cabeza. Ramón metió al perro dentro de un costal grande que amarró y cargó hasta el puente de la calle 43 para dejarlo caer al río. Matar a un perro es algo que no se puede explicar y Ramón no lo explicó. El colectivo buscó respuestas. Queremos entender. Eso decían. Queremos entender. Ramón no habló. Se marchó esa misma tarde. Sacó tres libros y un pocillo que tenía en la oficina y en un par de maletas lo que tenía en el apartamento. Entregó las llaves a los encargados de la vigilancia porque esos eran los únicos a la vista en el edificio. Los únicos que no podían esconderse para evitar al apestado. Dejó por escrito detalladas instrucciones sobre el avance del proyecto a su cargo. Por fuera de algún colectivo sería muy difícil sobrevivir. Afirmó alguno. No iba a encontrar un solo colectivo que lo aceptara después de saber que había matado a un perro. Comentó otro. Ramón dejó la ciudad. No buscó espacio ningún otro colectivo. Salió por la carretera 33 en un bus y se metió al monte. Entre los colectivos decían que los expulsados sobrevivan como salvajes en el monte. Otros decían que los encargados de la vigilancia se encargaban de ellos. Ramón se instaló en una pequeña meseta cerca a un riachuelo. Ramón sabía qué había más expulsados allí y que sería cuestión de tiempo para empezar a toparse con ellos y también sabía que muy pronto iban a ser mucho más los expulsados que empezarían a llegar. 

viernes, 1 de diciembre de 2023

Fragmento #2

Lo más importante ahora es que se calle de una vez. Serenidad. Usted es capaz. Serenidad. Ese rosario no sirve para un culo. Ojalá sirviera. Pero no importa. Recé bajito y déjeme pensar que ya con el ruido de afuera es suficiente. 

Yo seguí rezando porque cualquiera sabe que un rosario nunca sobra. Pero uno entiende cuando reza el rosario que si el milagro no sucede uno igual se tranquiliza un poquito repitiendo avemarías. 

No sé de dónde le viene a Martín ese problema con el rosario. Parece que él no fuese un creyente de la virgen. En la casa mamá no enseñó a todos a querer a la virgen. Esa fue la herencia que ella nos dejó a todos los hijos. Martín dice que las herencias de los pobres no sirven para una puta mierda. Todos los días está peor. 

En algún momento vamos a tener que salir. De esa realidad no nos va a librar el rosario. Acá nos fuimos al carajo. Si salimos de una vez nos evitamos esta angustia. Aceptar las cosas como vengan y plantarles cara. Se acuerda de eso. También fue una enseñanza de mamá. 

Martín me observó un momento como pidiendo una respuesta. No hablé. Seguí con el cuarto misterio porque si íbamos a tener que salir no me iba a ir con un rosario a medias. "Jesús con la cruz a cuestas camino al calvario". 

Martín empezó a quitar los muebles que había amontonado contra la puerta. Estaba resuelto. Íbamos a salir. Eso quería demostrarme. Pero los gritos eran agudos y parecían tan dolorosos que lo hacían temblar. Quería ordenar la sala y dejarla como la había encontrado. Como si en ese momento tuviera sentido el orden. Entre los gritos se filtraba ese zumbido que empezó cuando llegaron y que ya nunca más había cesado. 

Eso es un crepitar. Cada vez están más cerca. Se acabó. Este pueblo en una hora será un rescoldo. Qué pasó con ese señor que anunciaba el fin de los tiempos. Esto es muy diferente a los que nos prometió. 

Yo no conozco el sonido generado por una edificación cuando se viene abajo. Nunca estuve cerca de una demolición controlada o de una tragedia. Esta es mi primera vez. Ese sonido parece identificable. Uno lo entiende cuando llega. 

Voy a abrir. Tenemos que correr. Estamos a kilómetro y medio del refugio. Intentarlo. Intentarlo es lo que corresponde. 

Martín sabe tan bien como yo que no tenemos ninguna posibilidad y que los que ya están en ese refugio tampoco la tienen. Se esfuerza por parecer seguro. Yo sé que tiene miedo tanto o más que yo. 

Vamos. Martín. Vamos. Le agarré la mano y le entregué la camándula. Corrí y él corrió detrás de mí. 


lunes, 27 de noviembre de 2023

Fragmento #1

Seguían apareciendo ranas hechas de papel de colores dos meses después de que se hubieran llevado a Juan de la casa.   


Estaban en el fondo de la lavadora y en la nevera. Entre los libros y debajo de los muebles. En la casetera del equipo de sonido viejo de la sala y en el cajón de las medias. Aparecían en la caja de herramientas y en las matas de sábila del mirador.  


Juan vio un video en YouTube unas tres o cuatro veces y aprendió a doblar la hoja cuadriculada de un cuaderno hasta convertirla en una rana que además podía saltar.  


Con esa nueva habilidad incorporada a la cotidianidad de sus tardes Juan tuvo la responsabilidad de surtir al mundo de ranas de origami.  


Para fue una responsabilidad comprar el papel adecuado para que Juan continuara con su actividad a sus anchas.  


A las primeras dos ranas que Juan me entregó no les presté mucha atención. Creo que incluso las bote adrede.  


Haber hecho eso me metió en un apuro con Andrea. Si el niño hacía esas ranas para mí lo que debía hacer era conservarlas. Yo le estaba dando un mal mensaje a Juan desechándolas. El niño debe confiar en usted y sentir que lo trata bien.  


Después del llamado de atención de Andrea empecé a conservar las ranas y también a compartirlas. Regalé ranas en el trabajo. Dejé ranas en restaurantes y cafés. Llevé ranas a parques llenos de niños y mariguaneros y a todos les di su rana.  


Una cosa era deshacerse de las ranas y otra muy diferente compartirlas con los otros y Andrea aceptó el argumento.  


Cuando me preguntaban de dónde las había sacado decía que yo las hacía. Hubiera tenido que explicar por qué las hacía si alguien me hubiera preguntado. Nadie preguntó. 


Mientras Juan hacía las ranas y yo las guardaba o regalaba no fui consciente de que podían ser tantas. No las conté y ahora que van apareciendo en los lugares menos esperando me doy cuenta de que fueron muchas.  


Un día Juan dejó de hacer ranas. Pasó de ellas y se dedicó a los aviones y los barcos y algunas otras figuras más complejas. Creí que iba a obsesionarse con algún otro animal. No sé si habrá sido así.  


Andrea dijo que todo estaba listo y que el niño se iba. Están en camino y lo recogen esta noche. No me gusta ver esa parte. Agarré un papel y me acerqué a Juan y le pedí que me enseñara a hacer una rana.  


Arruiné un par de hojas y cuando por fin salió una rana de condición aceptable le dije a Juan que esa era para él. La puso en el suelo y la hizo saltar.  


Al volver a la casa horas más tarde Juan ya no estaba.  


Sigo encontrando ranas por todas partes y Andrea dice que no son ranas que el niño hubiera dejado hechas. Es usted el que las sigue haciendo. Yo no creo.  

martes, 17 de octubre de 2023

Irse, quedando -100

Don Elpidio decidía que música sonaba esa noche en el bar porque él era el gastador de la jornada. Había llegado de Queens, Nueva York, hacía unas horas y en lugar de quedarse en la casa descansando, se fue para el bar del barrio, porque, según él, nunca se había sentido tan solo estando por allá donde los gringos. Los paisanos hacían mucha falta, decía. Yo estaba ahí de canalero. Sabía que el señor era del barrio, pero no éramos precisamente amigos, aunque lo que importaba era que estaba comprando aguardiente por garrafas y había borrachera fija para todo el que se arrimara. Don Elpidio dijo que él ya no se volvía, que ni por el putas, que ya había comido mucha mierda por allá y que ya había traído plata para echarle un segundo piso a esa casa y hacerse unos apartamentos para arrendar, él ya estaba muy viejo para estar de migrante. Yo asentía con la cabeza para que al señor le quedara bien claro que lo estaba oyendo atento y me tomaba una copa tras otra con agrado, porque para esto estaba yo ahí, para volver a la casa agarrándome de las paredes. Don Elpidio me dijo que una de las hijas de él le había contado que yo escribía novelitas, que de dónde había casado yo eso, viendo que mi papá era un tipo tan trabajador y tan decente, me dijo, que él conocía a mi papá y aprovechó para preguntarme por él y por mi mamá. Le dije que ellos estaban muy bien, que la ida de Tuluá les había sentado bien y le dije que sí, que yo escribía, que ya tenía ganas de publicar un cuarto libro. Don Elpidio me sirvió otro aguardiente, la copa rebosada y se sirvió otro para él, apenas doblamos las copas y con la garganta caliente le dije a don Elpidio, como para disculparme por lo de escribir novelas que también era profesor. Don Elpidio me dijo, nadie lee mijo, eso no, puras mentiras en papel, menos mal que es profesor, eso no es para llenarse de plata, pero se trabaja poquito y se vive bueno, un hermano mío es profesor, nunca trabaja la semana completa, con eso le digo todo. Yo le dije que claro, que como no, que así era, no iba a ser un canalero desagradecido, si el viejo gastaba el viejo tenía la razón y estaba en lo cierto, a tener la razón se me hace muy fácil renunciar. Luego, mientras sonaba la canción del Caballero Gaucho, don Elpidio me dijo sin cantar, Recibe un consejo: el mundo es tirano, échame al olvido que engañao estoy. Sí, señor, así es, le dije a don Elpidio y llené esas copas hasta al borde y le dije, brindemos vecino, brindemos, porque usted volvió a su país y yo ya no voy a joder más con esas mentiras en papel, Eso, mijo, eso es, así es que hablan los tipos verracos, vamos es a beber, dijo y el señor y pidió otra garrafa. 

viernes, 13 de octubre de 2023

Irse, quedando -99

Carmen se casó y me mando una fotografía luciendo su vestido blanco. Rubén me explicó que se había asesorado y la misma cosa era meterse a pagar a un apartamento allá que dedicarse a mandar plata para que le construyan una casa acá, que con el sueldo de él y el de la mujer y moderando los gastos les da para pagar las cuotas, él para qué una casa en Colombia. Mis sobrinos me hablan con un acento que no reconozco y mi hermana se acostumbró a comer chontaduros de frasco. 

La gente sigue adelante y uno se preocupa porque de alguna manera entiende que se está quedando atrás, uno tal vez no se pregunta para dónde va, a dónde quiere llegar. Darse la oportunidad de esa pregunta revela, primero, que uno tiene la barriga llena y que está aliviado y con algo de tiempo libre, sin las tres anteriores no hay lugar para preguntas de ese tipo, y segundo, la respuesta puede descubrir la singularidad del objetivo al que cada cual apunta, en caso de que el objetivo exista, que tampoco tiene porque existir, justo por esa singularidad; si el destino de uno es distinto de los que van adelante, si uno quiere llegar a un lugar diferente, entonces no se está quedando atrás de nadie. Que si se detiene y mira a su espalda y me ve a lo lejos, no es que me lleve ventaja, campeón, es que yo no voy a donde va usted.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Irse, quedando -98

Ve, papi, por qué no te quedas vos con Mateo y Rambo, viendo que ahora no vivís ya con tus papás, lo que necesitas es compañía, eso me dijo Emilio, un amigo del barrio que ya tiene los tiquetes comprados para irse a vivir a Portugal. Yo es que no se los quiero dejar a cualquiera, mejor dicho, papi, es que yo no los quiero dejar, pero, pues toca, porque la vuelta esa así, yo no tengo como pagarle pasajes a esos animales por ahora, y tampoco sería prudente uno pegar por allá a aventurear encartado con dos perros, eso sería poner a los animalitos a sufrir. Ojalá yo tuviera familia, papi, pero vos sabes que yo soy solo, no somos sino mi mujer y yo y como la familia de ella no vive acá, no hay quien se quede con los perritos, y el tema es que yo tampoco se los voy a dejar a cualquiera, luego resultan bien pailas con los animalitos y los ponen es a pasar hambre y los tiran por ahí en una terraza al sol y al agua, o los encierran y no los vuelven a sacar a correr en el parque. Le dije a Emilio que yo nunca había tenido perros y que tampoco me quedaba tiempo para cuidarlos y que para encerrarlos en la casa, todo el día solos, tiempo sobraba. Qué cagada, papi, qué cagada a lo bien, porque vos sos bien, papi, yo creo que los animalitos quedarían bien con vos, pero ni modo, si es verdad que no tenés tiempo, pues te doy la razón. Lo que no le dije a Emilio es que en últimas los perros son una responsabilidad enorme y que justamente había decidido no tener hijos para evitar ese tipo de responsabilidad y que no me iba a meter a cuidar a un perro al que toca comprarle comida y al que toca sacar y al que toca bañar y llevar al veterinario, menos iba a cuidar a dos animales que juntos deben pesar casi los 100 kilos y que deben comerse más de lo que me puedo gastar yo al mes en mercado. Es raro eso, pero muchos de mis amigos que prefieren no tener hijos por los gastos y porque dizque quieren conservar la libertad terminan teniendo un perro al que le pagan guardería y le celebran el cumpleaños con fiesta e invitados.  Raro. Por no decir que más de uno aplaza o cancela vacaciones porque no consiguen con quién dejar al animal. Lo que supe tiempo después fue que Emilio termino dejando a Mateo y a Rambo con un señor de una finca en Tres Esquinas y que cada mes le manda plata para qué les compré la comida mientras reúne lo que necesita para volver por ellos y llevárselos.

martes, 10 de octubre de 2023

Irse, quedando -97

Algo que yo reconozco y admiro de Nacho es que su decisión de aislarse, le otorgó una característica en la que se podría fundar la paz del mundo, una cosa simple, Nacho no necesito más de un favor, no necesito más que alguien le sirviera, en contraposición tampoco le sirvió más a nadie, aunque eso podría debatirse, a la luz de un par de adagios populares, el primero dice: "el que no vive para servir no sirve para vivir" y el segundo: "mucho ayuda el que poco estorba", el juicio depende del adagio al que decida darle prioridad. Siguiendo lo que dice el segundo, Nacho no le estorbó y no le estorba más a nadie. No pide una herramienta prestada para luego no devolverla, no pide plata prestada, no pide fiado en la tienda, no pide regalada una matica pa un remedio, no necesita que le cuiden el lugar en la fila, ni pide boleticas regaladas, no la caga y luego se excusa diciendo que la intención era buena. No sé si el tipo un día dijo, yo no sirvo para servirle a nadie y se hizo a un lado, como quien dice, si no voy a servir, tampoco voy a esperar que me sirvan y me abro de aquí y vivo entre el cafetal sin demandar el favor de nadie. Ese debe ser el triunfo de la independencia, el de no necesitar un favor, el de no esperar la vuelta. Nada de esto tiene por propósito poner en cuestión eso que dice el poema de John Donne: "Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo." Pero lo cierto es que ser una parte del todo sin necesitar de los otros debe ser un triunfo, no sé de qué, pero de algo seguro lo es. 


lunes, 9 de octubre de 2023

Irse, quedando -96

No sé si las personas que se van para el extranjero rezan, lo que me consta es que los que se quedan rezan a diario por los que se fueron.

Las madres prenden velas y velones de esos que trajeron benditos de la iglesia. 

Lo que se busca es que Dios proteja a los que están fuera. 

Ahora, no sé si los que se quedan rezaban por los que se fueron antes de que se fuera, o sea, si rezaban por ellos, cuando esos ellos estaban aquí y los veían y olían y sentía cerca. 

Eso no lo sé. Ahí no me consta nada. 

Supongo que cuando esos ellos que se fueron estaban tan cerca el rezó a Dios era por un nosotros, Qué se dice, Dios, cómo va todo, buena esa, así se habla, bien y mejorando, sí señor, nosotros ahí vamos, con la ayuda suya, claro está y bueno para molestarlo otra vez, para encomendarnos en sus manos, para que nos tenga siempre presentes a todos nosotros, Dios bendito. 

El problema es que cuando se van unos y se quedan otros, ese nosotros se rompe, se divide y queda el nosotros de los que estamos acá y el nosotros de los que están allá, que para nosotros acá es el ellos, como para ellos allá nosotros somos el ellos de acá, entonces si ellos, los que se fueron, rezan piden por ellos, los que se quedaron, nosotros. 

Es raro pasar de un nosotros a un ellos, rezar por mí y luego por ellos y preguntarse por ese nosotros, porque de pronto uno ya no sabe donde queda el nosotros. En dónde ubica el nosotros mi mamá cuando reza, en dónde lo ubica mi papá, en dónde lo ubica mi hermana o mis sobrinos, en dónde lo ubico yo. 

Tal vez si fuéramos ateos, no sería necesario gastarle palabras a esto, sería un tema menos para pensar, un asunto menos que considerar. También creo que cuando uno reza lo hace por muchas más personas de las que cree, por un nosotros que ni ve.  


viernes, 6 de octubre de 2023

Irse, quedando -95

Oiga, mijo, usted se acuerda del escritorio que teníamos en la sala, me pregunta mi mamá, sí señora, le digo, qué pasa con eso. Es que me dio por ponerme a organizarlo y encontré ahí unos papeles suyos y quiero saber si eso se puede botar o si se los guardo para que se los lleve en estos días que venga. Le digo que lo puede botar todo, que si en tanto tiempo no he necesitado nada de ese escritorio debe ser que nada de lo que tengo ahí me importa. Que hay una carpeta muy bonita, de Batman, y que ahí un montón de papeles que dicen proyecto de vida, me dice mi madre, como si estuviera buscando que me antojé de ver esos papeles de nuevo, como si no los quisiera botar, le voy a mandar una foto para que la vea, dice mamá. Le digo que no, que no hace falta, que yo sé de lo que me está hablando y que puede botar todo eso, puros papeles y maricadas de cuando estaba en el colegio. Según mi mamá que ella no sabía que yo venía con esa bobada de ser novelista desde que estaba en el colegio. Le preguntó por qué lo dice y me cuenta que estuvo mirando los papeles de la carpeta y que en una de esas actividades escribí que quería ser un novelista. Le digo que eso es viejo, que ya no importa, que bote todo lo que tenga que botar con toda tranquilidad, que no hace falta que revise. También me cuenta que hay una nota bonita de esa muchacha que me gustaba, de Milena, y le digo que la boté también. Que si todavía es lo que quiero, me pregunta mamá y le digo que no, que con Milena llevo años sin hablar, ya es un mero nombre; me dice que no, que bobo, que ponga cuidado, que si todavía quiero ser novelista. No le respondo y le digo que bote todo y que tengo que colgar y que hablamos luego que tengo muchas tareas por corregir.

Irse, quedando -94

No tengo hijos y no los voy a tener, tampoco los tienen muchos de mis amigos y a muchas de mis conocidas parece que eso las incomoda, no los tienen todavía, pero podría decirse que desean tenerlos, desean ser madres, y dudan porque la idea de albergar en sus vientres a niños de tipos como yo debe espantar y acongojar a miles. 

En la fila para la vasectomía, una propuesta podría cambiar la dedición. 

Si alguien pudiera dar alguna garantía, por ejemplo, a mí me dicen que si decido formar un hogar y ser padre, mi hijo será Messi, obvio Messi ya nació, ya tiene un padre, pero bueno, ese es el ejemplo de la lógica que tendría la garantía. 

Mire, si usted decide ser padre, sin ninguna sombra de duda su hijo será, digamos, tan importante por lo que hará, como lo es Zuckerberg, Mourinho, Shakira, Nadal, Bezos, Ronaldo, King y decenas más de personajes de eso de los que usted se sabe el apellido o el nombre si siquiera querer, esos que son grandes e inspiran. 

Nunca, de ninguna manera, su hijo será un tipo como usted, nunca su hija será una mujer como usted, nunca usted como padre sentirá la vergüenza o la pena que justo usted le ha hecho sentir a su padre. 

Si la garantía fuera esa, yo seguro sería un padre, abandonaría esta tontería de escribir novelas y seguro como tantos correría lejos de este país y buscaría como migrante que ese niño pueda convertirse en eso que la garantía prometió. Pero no existe tal garantía y yo no puedo ser padre porque no tengo ni un cuarto del coraje y la valentía y la entereza y la fuerza que tiene mi papá, yo no podría soportar que un hijo me diga que quiere ser novelista.

jueves, 5 de octubre de 2023

Irse, quedando -93

Cuando uno de mis conocidos o amigos ya calvos me preguntan por lo que he hecho y lo que he conseguido en la vida, respondo siempre lo mismo. A diferencia de ellos, no tengo ni el carro, ni la finca, ni la casa, ni la maestría, ni la esposa, ni los hijos, ni las fotografías de los viajes al extranjero, entonces lo que les digo es que me he dedicado a conserva el pelo bien pegado a la cabeza. Cuando hablamos de pelo puedo yo presumir de abundancia como ninguno, eso he hecho yo, tener mucho pelo. Es una bobada, pero de algún modo con eso se acaba ese deseo de esos conocidos por realizar sus veedurías de lo mío. Podría hablarles de mis libros, pero para qué le habla uno de libros a gente que no lee, también, para qué va a leer un tipo que tiene plata. 

Irse, quedando -92

En la casa paterna, la casa materna, en caso de que esa casa exista, permanecen las fotografías de los hijos colgadas en las salas, las caras de esos que limpian el culo de una viejita a las seis de la mañana de un martes en Valladolid haciendo arcadas, pero con sus expresiones del pasado, esas tiernas e ingenuas de la infancia. No importa que ya estén viejos esos hijos, ni a donde vayan, no importa que estén de cobradores en Rondonía, de tenderos en Guayaquil, de cuidadoras en Turín, de putas en Madrid o Roma, de jíbaros en Londres o París, de ayudantes de construcción en Nueva York o Barcelona, no importa nada de eso, las fotografías siguen ahí acumulando polvo. En algunas casas, además de las fotografías, están también a la vista de cualquiera que llegue, los diplomas enmarcados de esos hijos, bachilleratos, técnicos del Sena o de institutos de garaje, cartones de licenciatura en idiomas, sicología, artes plásticas o enfermería, porque esos hijos que acomodan cajas de dientes de viejitos malolientes en Europa o cargan hierro en grandes obras en Estados Unidos, esos también estudiaron aunque no ejerzan y se dediquen a otras labores. Esas fotografías son en esas casas la celebración de la vida, una vida que nadie sabe cómo debe vivirse hoy y que nadie creía iba a ser vivida de esa forma cuando las hicieron. 

miércoles, 4 de octubre de 2023

Irse, quedando -91

La semana pasada compré tres rifas de un reloj de pared, las están vendiendo a cinco mil pesos cada una, la vecina que las vende y su familia están por todas partes con esos talonarios, necesitan plata para repatriar el cuerpo de un muchacho de 23 años que fue asesinado en México. Otra vecina me dijo mientras esperábamos a que nos despacharan en la panadería, sin que yo se lo estuviera preguntando, que al muchacho lo mataron por gota gota, se había ido de cobrador hacía seis meses. Yo no sé quién es el muchacho, o no me acuerdo de haberlo visto, le conté a mi papá y él supo de inmediato de quién le estaba hablando y que él había comprado seis boletas. Supuse que algo estaba sugiriendo al decirme con tanta claridad que él había comprado el doble de las boletas que había comprado yo, pero no quise decir nada. Según él, con eso de las transferencias y todas esas aplicaciones que se han inventado, lo de vender rifas ya era una operación de alcance nacional. Luego me dijo que fuera al entierro, le dije que yo no tenía tiempo y me dijo que no dijera bobadas y fuera al entierro.

  

Irse, quedando -90

Abrí el correo electrónico para revisar asuntos del trabajo y me topé con un mensaje curioso, por no decir otra cosa, por pereza de buscar la palabra adecuada, podría decir uno de esos tantos editores que me han dicho que lo mío no se puede publicar, pero que siga intentando, y sobre todo y con urgencia, que aprenda a poner comas, eso es lo primero, antes de creer que tengo una historia o de confiar en las anécdotas o de sentir que al mundo le urge conocer mi relato, lo que vale es aprender a poner las comas, mi novela puede ser una copia del capítulo de una serie o la descripción de 30 fotografías robadas de un periódico, eso no importa, lo que importa son las comas. Y no, el correo no es sobre comas, ni tiene las comas mal puestas, porque además es un correo muy corto y muy simple, lo firma Emilio García, me dice que se encontró en un café un libro de cuentos y que en la primera página estaba escrito mi correo, decía que le habían gustado dos cuentos, el del romance entre el cazador de animales de monte y la enfermera de la vereda que se había perdido por el camino cuando regresa al puesto de salud después de terminar una jornada de vacunación infantil y el del señor que era un viejo muerto que se había ido a vivir solo lejos de la carrera y que todos podían ver sin saber que ya no estaba vivo. Ya ni me acordaba yo de la persona a la que le había dado una copia de ese primer libro mío para que la dejara por ahí abandonada en cualquier parte de México. De los varios libros regados por ahí, por fin tenía noticias de uno, una de esas copias había encontrado un lector. Respondí el correo dando las gracias por leer los cuentos y por tomarse el tiempo de escribirme. Ojalá que con la alegría que me dio leer ese correo hubiera podido pagar los recibos, pensé luego, cuando el hecho perdió su novedad.


martes, 3 de octubre de 2023

Irse, quedando -89

Las videollamadas van y vienen entre los que están en el extranjero y los que se quedaron en su suelo. Ni por asomo alguien se detiene a pensar en esas comunicaciones por carta que sostuvieron los que vivieron antes del teléfono o el internet. Ni siquiera esos que van por ahí creyéndose los últimos románticos, mantiene una relación por carta. No sé si mi mamá hablaría con la misma frecuencia con mi hermana si tuvieran que comunicarse por teléfono fijo o por correo electrónico. Eso sí, con tanto desarrollo en el campo de las comunicaciones, el contacto con los amigos y la familia es siempre multimedia y se mezclan las fotografías con las notas de voz y los videos y el texto y las llamadas y las videollamadas, el afecto vivo a través de una máquina de respiración artificial que viene a ser el internet. Luego, tal vez el afecto pueda mantearse vivo a través de la inteligencia artificial y los que están lejos puedan saludar en las mañanas y ponernos al día de su cotidianidad programando a una aplicación que pueda mantener la fluidez mientras ellos siguen con sus vidas y sus tres trabajos y su disfrute de la tranquilidad.

Irse, quedando -88

No podría irme de este país, en caso de que así lo decidiera, sin antes ir de nuevo a la vereda en la que crecí para ver por última vez a Nacho. 

Muchos de los que se van visitan al señor de los milagros o al divino Eccehomo y rezan y se encomiendan, en mi caso sería volver a esa montaña para ver, aunque sea de lejos, esa choza que es casa y fue extrañeza y es ejemplo.  

A veces creo que yo soy como una especie de discípulo de ese señor.

Yo no he decidido aún abandonarlo todo y concentrarme en mí alejándome de la carretera como si lo hizo él, pero cuando él lo hizo tenía tal vez 40 años y yo aún no llegó ahí, tengo tiempo todavía. 

Lo mío tal vez ha sido y sigue siendo la busque da la aceptación de una vida minúscula como opción, aunque ahí tal vez me pierdo porque no sé si lo de Nacho fue una aceptación o una elección, y son dos cosas muy diferentes, o no, es algo que se podría discutir. 

Yo iría de nuevo hasta allá y no me importaría que saliera y se quedara de pie en la puerta sin responder ni el saludo, solo tenerlo al frente, verlo vivo y ahí, sería suficiente.

Una vida exigua, una narración exigua, eso podría ser lo mío y podría incluir la aceptación y la elección. Aceptar que talento mío es muy limitado y que como profesor puedo labrarme un porvenir y elegir escribir para mí y para los cuatro o cinco que estén dispuestos a leer, y celebrar eso sin más quejas ni frustraciones, porque eso estaría bien, porque eso sería tan honesto y limpio como lo que hizo Nacho.

lunes, 2 de octubre de 2023

Irse, quedando 87

El síndrome de Ulises es una muy buena novela, una y otra vez su lectura me ha emocionado y estremecido, aunque su lectura no consigue que las personas que tiene una idea de migrar se queden en su lugar y no emprendan ese camino, tampoco es que tenga que hacerlo, no es para eso que está escrita. Lo de otorgarle esa cualidad fue idea mía y eso hasta debería saberlo Gamboa porque han sido muchas las copias de ese libro que he comprado, nuevas, usadas, piratas. Lo presté y lo regalé en muchas ocasiones, supongo que algunos lo leyeron y que muchos otros deben tener esa copia, por ahí recogiendo polvo. Todavía lo regalo, pero ya sé que nadie va a cambiar su decisión de irse por leer una novela. No sirven para eso las novelas, no sirven para nada las novelas. No sirve para nada escribirlas y para nada leerlas. No es que sea inútil, o incensarías, solo digo que no sirven para nada y el hecho de que uno pueda decidir que una parte de su vida puede estar dedica a eso, a escribir una novela o a leerla, aunque no sirva para nada, me parece lo importante. Leo la novela por el puro gusto de saberme leyéndola y me parece que hay grandeza en eso. También debe haber grandeza en el ejercicio de escribir una novela por el gusto de escribirla, si querer publicarla sin querer lectores, si esperar ser un novelista y esa grandeza todavía me es ajena. Lo cierto es que sigo leyendo El síndrome de Ulises sin saber qué ilusiones hacerme. 

Irse, quedando -86

 Sabe que no se tiene que quedar, cierto, me pregunto una vez Raúl, o sea, usted es consciente de que si quiere salir de allá mañana mismo, acá estoy yo para recibirlo y darle la mano, cierto, lo tiene claro, me dijo Raúl hace un par de meses y me lo ha dicho desde ese día cada que hablamos. 

Para qué se quiere quedar allá, muchos pueden quedarse porque tiene vocación y creen en eso de salvar al país y contribuir con lo que saben, pero usted no, usted no está enseñando porque crea que puede mejorar las cosas, enseña en esa escuela porque tiene que comer, es más, cada que le resulta un trabajo donde pueda ganar más abandona cualquier colegio y se dedica a cuestiones inesperadas, como esa vez que estuvo administrando un supermercado, o la otra vez en la que trabajo de secretario en esa oficina de abogados, entonces no hay razón para quedarse, usted quiere escribir y eso lo puede hacer en cualquier parte, eso me lo dijo Carmen, ella cree que debería salir de Colombia. 

Mi hermana cree que sé si ya no voy a vivir con papá y mamá y tampoco he conseguido mujer, la misma cosa es que me vaya para allá, no es ningún paraíso, es como estar allá, pero mejor, hay como una carga invisible que lo aplasta a uno allá que acá no está, también toca apretar para llegar a fin de mes, pero el cuerpo y la mente están ligeros, esa carga no está, la angustia es distinta. 

Lo pienso, yo lo pienso porque no sé qué hacer, porque sé que el dilema de irme o quedarme no es grave, que lo difícil es decidir, que no vale la pena dedicarle más vida a lo de ser novelista. Que así como los alcohólicos hacen un alto en el camino y se meten a un grupo de AA, yo debería hacer lo mismo, eso sí, cambiaria las cosas, yo no soy escritor, no seré novelista, esos libros autoeditados dan pena y llevar una vida minúscula como un no escritor que acepta su suerte sería más digno. 

Tengo casi 40 años y las huevas descolgadas y la seguridad de que nunca podré escribir una novela de la que me pueda sentir orgulloso, por eso escribo otra cosa, esta libreta de apuntes en la que me despido de la escritura y de las novelas y los cuentos. 

Así comenzaría mi nuevo libro, porque cuando pienso en dejar la escritura atrás estoy también concibiendo un nuevo párrafo de otro libro que también me avergonzará. 

jueves, 28 de septiembre de 2023

Irse, quedando -85

Lo que pasó después de que mi hermana y mi cuñado y los niños se fueran de la casa para vivir en las Canarias fue que a mi papá y mi mamá les pareció que la casa ya resultaba muy grande y que no necesitábamos tanto espacio y también les pareció que Tuluá ya no tenía mucha gracia y que no existía ninguna razón para seguir ahí. Hablaron del asunto una vez y otra vez y otra más, hasta que dijeron que ya estaba vendida la casa y que se iban a vivir a un pueblo cafetero. Yo vería si me iba con ellos o me quedaba. Y el trabajo, yo no podía dejar tirado un trabajo sin tener agarrado otro mejor y así de un momento para otro ya era yo un tipo independiente con casi cuarenta años viviendo en un apartaestudio con libros por todas partes y unos cuantos electrodomésticos cedidos por mi mamá. En el trabajo me dijo una compañera que tan bueno que ya tenía a donde ir a pasar vacaciones y me gusto ese apunte tan de nuestra generación.

Irse, quedando -84

Cuando hablo con los familiares de otras personas que también se han ido de Suramérica buscando ser los colonizados que conquistan al colonizador, me doy cuenta de que existen muchos cocos en los que creemos. 

El primer coco es que al que llega al aeropuerto de Barajas le piden el celular y que si encuentran conversaciones que indiquen que esa persona no va de paseo, sino a quedarse a cuidar viejitos o pegar ladrillos, entonces la devuelven para la casa. Por eso, mientras mi hermanita iba en el avión con su teléfono muerto, mi mamá les escribía a los familiares y amigos que por favor no le enviaran buenos deseos ni se despidieran ni nada de eso, incluso les pidió a varios que eliminaran las notas de voz en la que encomendaban a mi hermana y a mis sobrinos a la virgen para que les fuera bien. 

Otro coco en el que creemos muchos es que los que acompañan a los que dejan el país hasta el aeropuerto no se pueden despedir de manera muy afectuosa ni se pueden poner a llorar, porque es muy sospechoso que despidan a una persona que va de paseo a Europa como si la estuvieran enviando a una guerra o limpiar desechos nucleares. Por eso uno se despide afuera del aeropuerto y llora antes o después. 

Con cada persona que devuelven desde el aeropuerto y el talento que tenga para narrar su vivencia, los cocos crecen y todos los que se van a ir yendo, después empiezan por prudencia a creer en lo que dicen y los que no nos vamos también creemos y celebramos cuando nuestros familiares y amigos nos informan pegándose al Wifi del aeropuerto que están a punto de tirarse con sus maletas a las calles de Madrid a tantear esa nueva realidad y la posibilidad de que esos sueños que llevan al hombro se puedan cumplir. 

Irse, quedando -83

Las tierras públicas que se pierden para siempre, decía una arquitecta a la que entrevistaban en la radio, ella hablaba de los programas de vivienda de interés social que no se estaban desarrollando en la ciudad y de la falta de conexión de los proyectos urbanísticos con el río al que se le estaba dando la espalda. 

Acá quieren especular con la urbanización y construir edificios para alquilárselos por días a extranjeros, ponen la prioridad en los propietarios que se quieren enriquecer con el turismo y se dedican a ignorar a las personas que no tienen vivienda. Decía todo eso porque estaba convencida de que un gran terreno que le pertenecía a la ciudad iba a parar en las manos de los privados. 

El taxista cambió de estación porque la señora estaba hablando mucha mierda y yo no dije nada, el taxi es suyo y yo ya iba a llegar. Busque en mi celular la emisora después de bajarme del taxi para seguir oyendo esa entrevista y ya se había terminado, hablan de otra cosa. 

Me quedé pensando en lo dicho por la arquitecta, las tierras públicas que se pierden, se pierden para siempre; y pensando en todos los que vivimos acá y en los muchos que nos indignamos por las decisiones del gobierno que reducen los espacios públicos y en los muchos que se van, que se suben a un avión porque acá no tienen nada y porque no siente que eso que es público les pertenezca.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Irse, quedando -82

Un editor muy amable que siempre se toma el tiempo de leer mis propuestas, me dice que lo que hago es lo indicado. Nunca me ha dicho si le parece bueno o malo lo que escribo, aunque me explica por qué no lo puede publicar en la editorial para la que trabaja. Según él, me hace falta trabajar más las novelas y los cuentos, corregir, reescribir y madurar los proyectos. Autopublicar está mal visto en la academia y en la elite de los escritores reconocidos, pero lo que piensen los escritores no importa porque la mayoría de esos escritores son un invento de las editoriales. La diferencia entre los autopublicados y los escritores de editorial es que los autoeditados se inventan solos y no los respeta nadie. Cosas así dice el editor. Esta época está repleta de novelas escritas con receta, muchas las publicamos en la editorial para la que trabajo, son aclamadas y venden bien. Tenemos novelas correctas, bien escritas, pero no vamos a tener a un Saer o a un Levrero, a un Piglia o a un Pitol, a un Mutis o a un Bolaño y no es nostalgia mía ni ganas de permanecer en un tiempo pasado, me refiero a la originalidad de esas voces, eso cada vez se da menos. Eso agrega el editor. De pronto lo que necesita usted es hacer una maestría en escritura creativa, con eso tiene, de allá sale con una de estas novelas mejor lograda y de pronto hasta se gana a algún profesor y ahí si por fin consigue que lo publiquen. Con lo que pago una maestría le podría pagar a usted para que sea mi corrector y editor, le digo al editor y él se ríe y responde que sí, que es verdad eso, pero que la maestría ayuda. Le digo que lamparear un título ayuda y me responde que mucho. En mi generación la maestría se volvió tan imprescindible como el internet. Pocos quieren dedicarse a la investigación, pero no importa igual, la mayoría se esfuerzan por hacer su maestría, en el caso de los profesores el posgrado mejora el sueldo, pero con lo que uno paga la maestría se puede dedicar a engordar cerdos y seguro le va mejor, pero decir que uno es magíster suena mejor que decir que es marranero o que tiene sus negocios. Yo quiero ser novelista antes que magíster y si pudiera pagar ese estudio lo haría, un magíster en escritura creativa que engorda marranos en las goteras de la ciudad, me parece un personaje que podría escribir unos muy buenos diarios, género que también me recomienda el editor, según él sería mejor que yo escribiera diarios en vez de novelas. 

martes, 26 de septiembre de 2023

Irse, quedando -81

La preventa de mi tercer libro llegó a las 63 copias. Ni uno más. Después de mucho voltear y de compartir la fotografía de la tapa y la sinopsis en redes sociales y de comentarle a todo el que me encontrara que tenía una novela nueva, llegué a esa cifra y no pude pasar de ahí. El señor de la imprenta me dijo que manejáramos unas cifras redondas y entonces hice cuenta de los libros que se podían ir regalados, los que se les mandan a los periodistas, esperando alguna reseña. Conté también a los cuatro o cinco chichipatos que se hacen llamar gestores culturales, que por lo regular quieren hacerse con el libro, pero no se pueden gastar la plata del trago y las drogas en papel y comas mal puestas, para esos también su libro regalado y entonces mandé a imprimir 80 copias. Sacando números, ese libro, a diferencia del primero y el segundo, no dejaba deudas, ni perdidas, tampoco ganancias, porque yo no le ponía un precio al tiempo que me había llevado escribir la novela y a las horas con el culo y la espalda mal acomodada en la silla rimax que me había sostenido mientras avanzaba, para que las cuentas me dejaran contento. Lo maluco de autopublicarse es asumir ese rol de vendedor, no solo uno escribe, sino que además debe vender y vender no es algo que se le dé bien a todo el mundo y vender libros es algo que se le debe dar bien a muy pocos. Lo peor era que ya tenía listo lo que podría ser el cuarto libro. 

Irse, quedando -80

Doña Amparo me vende todas las semanas una rifa, nunca me he ganado ninguna, pero como siempre termina encontrándome, ella me echa sus cuentos, me persuade y me clava la rifa, dos mil o tres mil pesos, tampoco es más lo que me quita. 

Ella tiene un hijo que se fue a vivir a París, por allá se la rebuscó, no sé bien en qué porque la señora no sabe dar razón o no quiere hacerlo. Lo cierto es que, según el relato de doña Amparo, su muchacho se aburrió de París y encontró el modo de ir a parar a Zurich. Allá es como el oficio varios de un hotel y después de dos o tres años de estar por allá le mando los pasajes y plata para que ella fuera a visitarlo. 

Doña Amparo se fue y estuvo con él como dos semanas y volvió diciendo que ella nunca había estado en una ciudad que fuera tan silenciosa y tan ordenada. Que por allá no se veía a nadie por la calle vendiendo aguacates o gritando, juega le juega con chontico le juega, que era impresionante esa calma y que en ningún momento le había hecho falta la bulla y el ruido y el desorden y los carros pitando. 

Lo de doña Amparo me resultaba muy simpático, porque después de ese viaje se le metió que ella no quería estar más en una ciudad ruidosa y que ella tampoco iba a seguir haciendo bulla y dejó de vender las rifas y se dedicó a arreglar ropa con su máquina de cocer hasta que se decidió a vender la moto y los muebles y hasta la máquina y se fue para Suiza porque ella quería ser vieja en lugar así, ella quería vivir sus últimos años lejos de tanto ruido. 

lunes, 25 de septiembre de 2023

Irse, quedando -79

Gustavo me dijo que él ya se había jodido mucho en la vida, que había sudado mucho y metido el culo sin miedo para que a su mamá no le faltara nada durante la enfermedad, que cualquiera podía dar fe de su sacrificio y eran muchos los testigos de su lucha y ahora que su mamá estaba muerta y que el malparido cáncer ese se la había llevado él se iba a dedicar a una sola cosa, a culiar, a culiar hasta que se hastiara. Dijo que él sabía que un tipo viejo y sin plata como él no se podía dar esos gustos y que por eso se iba a trabajar en Estados Unidos, qué él pereza no manejaba y que era verraco como ninguno, que allá con esos gringos trabajaba tres o cuatro años bien juicioso y se volvía luego con los ahorros para gastárselos todos en putas de Medellín. Yo le dije que esa gente allá se la pasaba realizando campañas para quitarse ese estigma de la prostitución y Gustavo me preguntó que si yo tuviera 10 mil dólares para gastármelos en putas colombianas para que ciudad me iría y entonces mejor no le respondí y lo dejé hablar sin interrumpirlo. Me dijo que él no quería ni casa, ni carro, ni mujer, ni hijos, ni nada. Él iba a culiar, eso iba a hacer, culiar es lo que todos quieren, pero le da pena decir que esa es la meta, pero yo no, a mí no me da pena, me recojo esa plata y me la gasto toda en putas antes de que acá le den por prohibir ese trabajo y que él quería era culiar en Colombia y dejar esa plata en su país, porque él entendía como se movía la economía y que no le iba a dejar esa plata a ninguna gringa. Y se fue, como lo había dicho, dice que trabajo hay mucho, pero que para mí no hay ninguno que sirva, porque yo soy muy flojo, que yo ni pa culiar manejo ganas y que él va a trabajar para culiar porque cuando uno no tiene mamá no trabaja como mula para comprarle casa a la mamá.

jueves, 21 de septiembre de 2023

Irse, quedando -78

Daniel es el hijo de un señor que tiene una tienda cerca a uno de esos colegios en los que trabajé unos cuantos meses, un tipo amable y muy conversador. 

Estudiaba licenciatura en educación física y según el papá no ayudaba en la tienda porque le daba pena. Daniel decía que no le daba pena y que pasaba que la universidad no le dejaba tiempo. 

Ese señor de esa tienda le daba estudio a ese pelado y ya tenía una hija en Estados Unidos que se había graduado de arquitectura. Llevaba varios años en Atlanta y él ya había ido a visitarla dos veces. 

Mantenía una camioneta parqueada afuera del negocio y no se la prestaba a Daniel que quería ir en ella a la universidad, me enteré de eso y de una que otra cosa más de la cotidianidad debido a que afuera de esa tienda había un par de mesas y ahí me sentaba yo con mi computador tardes enteras a trabajar. 

El señor me decía que él no tenía problema en darle estudio a Daniel, pero que eso de la licenciatura en educación física no daba plata, es que vea, dizque salir a ser profesor, eso no sirve, con el perdón suyo y todo, aunque usted mismo se queja de lo poquito que pagan, pero la verdad es que estudiar para ser profesor es botar la plata, yo quería era que Daniel se montará un negocio también, pero no, al verraco no le gusta la tienda ni el supermercado ni nada, me decía el señor. 

Como los papás saben más que cualquiera y como no hace falta mucho talento para vaticinar el fracaso económico de un profesor, Daniel, que no quiso que su papá le montara una tienda, se ensayó de profesor y terminó migrando también, la última vez que supe de él me dijeron que está en Madrid y trabaja en un negocio que se llama Mercamadrid que viene a ser como una revuletería grandota.  


miércoles, 20 de septiembre de 2023

Irse, quedando -77

Uno de mis sobrinos, el menor, la tarde antes del viaje se dedicó a ver tutoriales de YouTube y a doblar cuadritos de papel, hizo aviones, barcos, ranas, estrellas ninjas, cuchillos, tortugas, pájaros, pescados y otras figuras que no sé muy bien que eran. Miraba la pantalla, atento a las explicaciones y luego pausaba y el video y doblaba. Sabía que no se iba a poder llevar ninguna de esas figuras, sabía que no iba a poder jugar con ellas horas más tarde porque se iba a tener que subir a un avión y pese a eso el niño seguía doblando papeles.  Me gustó eso y creo que de alguna manera encontré que había magia en ese acto.  La gente de mi generación habla de yoga y meditación y tai chi, pintan mandalas y se toman en serio el horoscopo, dizque porque todo eso los ayuda a vivir y a equilibrar sus emociones, pero ninguno habla de origami y me pareció que esa acción también tenía sus beneficios. Después, cuando ya se habían ido para el aeropuerto recogí las figuras sin saber si botarlas o guardarlas y me dio por desdoblar una de esas para armarla de nueva siguiendo los dobleces y admiré la paciencia que esa actividad requería y luego lloré, pensando en lo triste que debía ser para un niño irse lejos y no poderse llevar ninguno de sus juguetes así, idiota, como si la lógica de un tonto que quiere ser novelista y sigue viviendo con el papá y la mamá fuera la misma lógica de un niño que sin usar las palabras le puede dar forma al mundo con sus manos usando solo un cuadro de papel. 

lunes, 18 de septiembre de 2023

Irse, quedando -76

Mi hermana estuvo varias semanas antes de la fecha del viaje empacando las maletas. 

Las hacía y las deshacía todos los días. Las daba por terminadas y las cerraba, luego las pesaba y volvía a empezar de cero, una y otra vez doblando trapos. 

No podían pesar más de diez kilos decía ella. 

Tres maletas estaba bajo su responsabilidad, la de ella y la de los dos niños. 

Yo la veía todos los días con la cabeza metida entre las maletas y me divertía con la escena, verla empacando las maletas aunque era la confirmación de que se iban era también evidencia de que seguía ahí con nosotros. 

Cuando ya me vi bajando las maletas para guardarlas por la noche en el garaje porque se iban en la madrugada y no quería que ningún vecino la viera salir, entonces empecé a llorar. 

La cosa más boba del mundo, un tipo casi cuarentón que no ha podido irse de la casa de los papás de pie frente a unas maletas llorando sin ser capaz de pronunciar palabra, sin poder repetir de nuevo en son de burla lo incensario que era llevar ahí empacado un cortacutículas y una crema dental. 


Irse, quedando -75

Después de revisar los titulares de los periódicos en internet u oír la radio mañanera, la gente que se queda, los que están como yo, entienden que lo mejor es acostumbrarse a ver como las personas queridas se van, incluso aceptan que lo mejor es que esas personas queridas esten lejos. Lejos donde parezca que el futuro sí existe. 

viernes, 15 de septiembre de 2023

Irse, quedando -74

Esa etapa de la vida a la que llamamos adolescencia es un triunfo de mi generación. 

Todos esos que nacimos después de 1985 tenemos conciencia clara de ella y casi que es nuestro presente. 

Para mi papá y para mi mamá y mucha gente de esa edad no hubo adolescencia, ellos pasaron de la infancia a la adultez de un tirón, no tuvieron zona de transición. 

De niñas a esposas de un día para otro. De niños a obreros en lo que dura el canto de un gallo apestado. 

Aunque eso es propio de los pobres, claro está, con los herederos de fortunas sucede más bien permanecen en la pataleta de la infancia pagándoles a muchos para que oficien de cuidadores. 

Ahora dicen que nosotros, esta generación de flojos, está alargando la adolescencia, aseguran que buscamos extenderla a como de lugar y que por eso no queremos irnos de la casa y que por esto estamos empezando a tener hijos después de los 30 años y que por eso compramos juguetes y nos gastamos la plata en conciertos y cosas así. 

Pero si antes toca asumir el rol de adulto tan rápido y ahora no, cuál es el problema, y si las expectativas de vida siguen ampliando y los economistas proponen que cada vez tengamos que trabajar hasta más viejos para tener derecho a una pensión por qué afanarnos y si en cualquier momento una pandemia nos puede cambiar la vida y si la emergencia climática pone cada vez más en duda el futuro del capitalismo o de la humanidad, entonces cuál es el afán. 

El afán es escribir una novela en la que todo quede dicho de la mejor manera posible o tomar la decisión definitiva de no querer escribir esa novela y apostarle a un objetivo concreto, una Toyota blanca, porque siempre se puede tener una y la plata se puede conseguir por muchas vías, eso lo saben muy bien los adolescentes.

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...