martes, 17 de octubre de 2023
Irse, quedando -100
Don Elpidio decidía que música sonaba esa noche en el bar porque él era el gastador de la jornada. Había llegado de Queens, Nueva York, hacía unas horas y en lugar de quedarse en la casa descansando, se fue para el bar del barrio, porque, según él, nunca se había sentido tan solo estando por allá donde los gringos. Los paisanos hacían mucha falta, decía. Yo estaba ahí de canalero. Sabía que el señor era del barrio, pero no éramos precisamente amigos, aunque lo que importaba era que estaba comprando aguardiente por garrafas y había borrachera fija para todo el que se arrimara. Don Elpidio dijo que él ya no se volvía, que ni por el putas, que ya había comido mucha mierda por allá y que ya había traído plata para echarle un segundo piso a esa casa y hacerse unos apartamentos para arrendar, él ya estaba muy viejo para estar de migrante. Yo asentía con la cabeza para que al señor le quedara bien claro que lo estaba oyendo atento y me tomaba una copa tras otra con agrado, porque para esto estaba yo ahí, para volver a la casa agarrándome de las paredes. Don Elpidio me dijo que una de las hijas de él le había contado que yo escribía novelitas, que de dónde había casado yo eso, viendo que mi papá era un tipo tan trabajador y tan decente, me dijo, que él conocía a mi papá y aprovechó para preguntarme por él y por mi mamá. Le dije que ellos estaban muy bien, que la ida de Tuluá les había sentado bien y le dije que sí, que yo escribía, que ya tenía ganas de publicar un cuarto libro. Don Elpidio me sirvió otro aguardiente, la copa rebosada y se sirvió otro para él, apenas doblamos las copas y con la garganta caliente le dije a don Elpidio, como para disculparme por lo de escribir novelas que también era profesor. Don Elpidio me dijo, nadie lee mijo, eso no, puras mentiras en papel, menos mal que es profesor, eso no es para llenarse de plata, pero se trabaja poquito y se vive bueno, un hermano mío es profesor, nunca trabaja la semana completa, con eso le digo todo. Yo le dije que claro, que como no, que así era, no iba a ser un canalero desagradecido, si el viejo gastaba el viejo tenía la razón y estaba en lo cierto, a tener la razón se me hace muy fácil renunciar. Luego, mientras sonaba la canción del Caballero Gaucho, don Elpidio me dijo sin cantar, Recibe un consejo: el mundo es tirano, échame al olvido que engañao estoy. Sí, señor, así es, le dije a don Elpidio y llené esas copas hasta al borde y le dije, brindemos vecino, brindemos, porque usted volvió a su país y yo ya no voy a joder más con esas mentiras en papel, Eso, mijo, eso es, así es que hablan los tipos verracos, vamos es a beber, dijo y el señor y pidió otra garrafa.
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