miércoles, 4 de octubre de 2023
Irse, quedando -91
La semana pasada compré tres rifas de un reloj de pared, las están vendiendo a cinco mil pesos cada una, la vecina que las vende y su familia están por todas partes con esos talonarios, necesitan plata para repatriar el cuerpo de un muchacho de 23 años que fue asesinado en México. Otra vecina me dijo mientras esperábamos a que nos despacharan en la panadería, sin que yo se lo estuviera preguntando, que al muchacho lo mataron por gota gota, se había ido de cobrador hacía seis meses. Yo no sé quién es el muchacho, o no me acuerdo de haberlo visto, le conté a mi papá y él supo de inmediato de quién le estaba hablando y que él había comprado seis boletas. Supuse que algo estaba sugiriendo al decirme con tanta claridad que él había comprado el doble de las boletas que había comprado yo, pero no quise decir nada. Según él, con eso de las transferencias y todas esas aplicaciones que se han inventado, lo de vender rifas ya era una operación de alcance nacional. Luego me dijo que fuera al entierro, le dije que yo no tenía tiempo y me dijo que no dijera bobadas y fuera al entierro.
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