lunes, 27 de noviembre de 2023

Fragmento #1

Seguían apareciendo ranas hechas de papel de colores dos meses después de que se hubieran llevado a Juan de la casa.   


Estaban en el fondo de la lavadora y en la nevera. Entre los libros y debajo de los muebles. En la casetera del equipo de sonido viejo de la sala y en el cajón de las medias. Aparecían en la caja de herramientas y en las matas de sábila del mirador.  


Juan vio un video en YouTube unas tres o cuatro veces y aprendió a doblar la hoja cuadriculada de un cuaderno hasta convertirla en una rana que además podía saltar.  


Con esa nueva habilidad incorporada a la cotidianidad de sus tardes Juan tuvo la responsabilidad de surtir al mundo de ranas de origami.  


Para fue una responsabilidad comprar el papel adecuado para que Juan continuara con su actividad a sus anchas.  


A las primeras dos ranas que Juan me entregó no les presté mucha atención. Creo que incluso las bote adrede.  


Haber hecho eso me metió en un apuro con Andrea. Si el niño hacía esas ranas para mí lo que debía hacer era conservarlas. Yo le estaba dando un mal mensaje a Juan desechándolas. El niño debe confiar en usted y sentir que lo trata bien.  


Después del llamado de atención de Andrea empecé a conservar las ranas y también a compartirlas. Regalé ranas en el trabajo. Dejé ranas en restaurantes y cafés. Llevé ranas a parques llenos de niños y mariguaneros y a todos les di su rana.  


Una cosa era deshacerse de las ranas y otra muy diferente compartirlas con los otros y Andrea aceptó el argumento.  


Cuando me preguntaban de dónde las había sacado decía que yo las hacía. Hubiera tenido que explicar por qué las hacía si alguien me hubiera preguntado. Nadie preguntó. 


Mientras Juan hacía las ranas y yo las guardaba o regalaba no fui consciente de que podían ser tantas. No las conté y ahora que van apareciendo en los lugares menos esperando me doy cuenta de que fueron muchas.  


Un día Juan dejó de hacer ranas. Pasó de ellas y se dedicó a los aviones y los barcos y algunas otras figuras más complejas. Creí que iba a obsesionarse con algún otro animal. No sé si habrá sido así.  


Andrea dijo que todo estaba listo y que el niño se iba. Están en camino y lo recogen esta noche. No me gusta ver esa parte. Agarré un papel y me acerqué a Juan y le pedí que me enseñara a hacer una rana.  


Arruiné un par de hojas y cuando por fin salió una rana de condición aceptable le dije a Juan que esa era para él. La puso en el suelo y la hizo saltar.  


Al volver a la casa horas más tarde Juan ya no estaba.  


Sigo encontrando ranas por todas partes y Andrea dice que no son ranas que el niño hubiera dejado hechas. Es usted el que las sigue haciendo. Yo no creo.  

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