Daniel es el hijo de un señor que tiene una tienda cerca a uno de esos colegios en los que trabajé unos cuantos meses, un tipo amable y muy conversador.
Estudiaba licenciatura en educación física y según el papá no ayudaba en la tienda porque le daba pena. Daniel decía que no le daba pena y que pasaba que la universidad no le dejaba tiempo.
Ese señor de esa tienda le daba estudio a ese pelado y ya tenía una hija en Estados Unidos que se había graduado de arquitectura. Llevaba varios años en Atlanta y él ya había ido a visitarla dos veces.
Mantenía una camioneta parqueada afuera del negocio y no se la prestaba a Daniel que quería ir en ella a la universidad, me enteré de eso y de una que otra cosa más de la cotidianidad debido a que afuera de esa tienda había un par de mesas y ahí me sentaba yo con mi computador tardes enteras a trabajar.
El señor me decía que él no tenía problema en darle estudio a Daniel, pero que eso de la licenciatura en educación física no daba plata, es que vea, dizque salir a ser profesor, eso no sirve, con el perdón suyo y todo, aunque usted mismo se queja de lo poquito que pagan, pero la verdad es que estudiar para ser profesor es botar la plata, yo quería era que Daniel se montará un negocio también, pero no, al verraco no le gusta la tienda ni el supermercado ni nada, me decía el señor.
Como los papás saben más que cualquiera y como no hace falta mucho talento para vaticinar el fracaso económico de un profesor, Daniel, que no quiso que su papá le montara una tienda, se ensayó de profesor y terminó migrando también, la última vez que supe de él me dijeron que está en Madrid y trabaja en un negocio que se llama Mercamadrid que viene a ser como una revuletería grandota.
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