Jaime vendió su moto en 2012 y siguió yendo al trabajo en bicicleta.
Con esa plata compró un par de terneros y se los entregó a utilidades a un amigo que tenía varios potreros, decía potreros y no finca ganadera porque la diferencia entre una cosa y otra era de varios ceros, afirmaba el amigo de Jaime.
Pasados unos cuantos meses esos dos terneros se convirtieron en cuatro y cuando en 2014 Jaime quiso volver a tener esa plata en efectivo y no en ternero pastando al sol, vendió siete animales.
Tenía muy claro para qué era esa plata. Lo había planificado todo y así se lo comentó a sus amigos, familias y conocidos.
El mundial de fútbol Brasil 2014 era la opción más clara que teníamos para asistir a un mundial, podíamos desperdiciar la oportunidad si así lo queríamos, pero teníamos que saber que si no íbamos a Brasil 2014 tal vez nunca íbamos a poder hacer parte de un mundial.
Ninguno le prestó mucha atención y eso le importó poco, agarró la plata de sus terneros y se fue solo para Brasil un mes completo.
Renunció al trabajo porque solo le iban a dar una semana de permiso, según él, era el colmo que un tipo que decía ser amante del fútbol se negara a comprender la trascendencia del evento, él se iba para Brasil un mes y no se lo iba a impedir nadie.
Subió fotografías a sus redes sociales del par de partidos que pudo ver y de las fiestas que se armaban entre los que, como él, habían llegado de tanto país vecino.
Entre los que vimos los partidos por televisión comentamos más de una vez que nos había hecho falta ponernos las pilas como Jaime. Aunque tampoco es que nos hubiéramos perdido en lamentos chimbos porque todos los que ven futbol en la pantalla de un bar saben que uno se emociona como si estuviera en un estadio y si está con amigos y tomando cerveza todavía se emociona más.
Finalizado el mundial y cuando todo andamos a la espera de que volviera Jaime para enredarnos con los relatos de sus aventuras, el tipo le avisó a su hermana y al primo con el que compartía la casa, que pusieran su cuarto en arriendo y le guardaran los chécheres en la casa de la mamá porque él se iba a quedar.
Se demoró cuatro años en volver a aparecer por Tuluá. Cruzamos un par de palabras el día que nos vimos, me presentó a su novio, un flaco de ojos claro muy amable que me ofreció su casa para que fuera a visitarlo cuando quisiera. Supongo que era una mera formalidad, pero igual le sonó sincera. Jaime dice que se fue de tras del deporte que ama y encontró al amor que no buscaba y que por eso se quedó.
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