jueves, 28 de septiembre de 2023

Irse, quedando -85

Lo que pasó después de que mi hermana y mi cuñado y los niños se fueran de la casa para vivir en las Canarias fue que a mi papá y mi mamá les pareció que la casa ya resultaba muy grande y que no necesitábamos tanto espacio y también les pareció que Tuluá ya no tenía mucha gracia y que no existía ninguna razón para seguir ahí. Hablaron del asunto una vez y otra vez y otra más, hasta que dijeron que ya estaba vendida la casa y que se iban a vivir a un pueblo cafetero. Yo vería si me iba con ellos o me quedaba. Y el trabajo, yo no podía dejar tirado un trabajo sin tener agarrado otro mejor y así de un momento para otro ya era yo un tipo independiente con casi cuarenta años viviendo en un apartaestudio con libros por todas partes y unos cuantos electrodomésticos cedidos por mi mamá. En el trabajo me dijo una compañera que tan bueno que ya tenía a donde ir a pasar vacaciones y me gusto ese apunte tan de nuestra generación.

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