viernes, 1 de septiembre de 2023

Irse, quedando -59

Nacho no supo, cuando decidió adoptar esa vida de asceta que sus vecinos atestiguamos, que con el paso de los años se iba a encontrar tan a tono con la agenda política y cultural del momento. 

Todavía no lo sabe porque Nacho, más viejo, y seguro, más perdido en sí mismo, no habla con la gente ni ve noticias, camina al pueblo y compra sal y aceite con la plata que saca por vender unas cuantas libras de café. Nacho no sabe que pasó de ser el hombre señalado de loco al ciudadano ideal, al sujeto soñado por los líderes mundiales que abogan por el cuidado del planeta y la lucha contra la crisis climática para salvar a la humanidad que se va a extinguir si no disminuye el consumo desbordado. 

Autosostenible, vegetariano, orgánico, sin carro, sin moto, sin vacaciones en el extranjero, sin latifundios, sin celular, sin internet, sin baño, sin nevera, ni Coca Cola fría, ni cerveza, sin detergentes, sin combustibles fósiles, sin energía eléctrica, sin plásticos de un solo uso, sin esposa, sin hijos, sin mascotas, sin boletas para festivales musicales de tres días, sin mirar a ninguna mujer de cerca o siquiera hablarle, sin dólares en caletas y sin una huella de carbono descontrolada, Nacho sí podría presumir superioridad moral, pero él está en otra cosa. 

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