De Argentina me trajeron mate y fernet, ninguno de los dos me gustó. Me parecieron amargos y no me provocó saber más de ellos. También me trajeron alfajores y esos sí me gustaron, creí que para volver a comerme unos alfajores ricos tenía que pegar para la Argentina o esperar a que alguno de esos amigos que estaban viviendo allá volvieran de paseo, por fortuna no fue así y descubrí que en una panadería pequeñita de un barrio del norte de Tuluá una señora velezolana fabricaba unos alfajores que estaban mucho más ricos que los argentinos y entonces el deseo de viajar a Buenos Aires se me infirió. Todavía creo que quiero ir, pero como que eso no me afana. De México me trajeron tequila y mezcal y ají de diferentes tipos. Lo del ají estuvo muy bueno y los licores tampoco me gustaron de a mucho, para tomar cosas malucas acá yo tengo a la mano aguardiente y viche y tapetusa, todos feos y locales. De Australia me trajeron un Búmeran y por ahí lo tengo recogiendo polvo. De España me trajeron un jamón y mi papá y mi mamá me dijeron que les pareció rico, yo no lo probé porque no como carne. De Alemania me trajeron un cedé de Paul Kalkbrenner y ese detalle, si me generó una necesidad, creí cuando lo oí por primera vez y lo creo ahora que ya tengo el cedé rayado que no me puedo morir sin meterme una rumba de música electrónica en una de esas discotecas de Berlín. Mi hermanita dice, hermanito, no se olvide de mí, tiene que ir a visitarme y yo le dije que tenía que convencerme de que Canarias tiene algo, por lo que valiera la pena la ida y bueno, mientras se acomoda y trabaja seguro encontrará algo con lo que me pueda antojar de ir allá. Al parecer a ese archipiélago el número de turistas por año llega a los catorce millones y tal vez yo pueda terminar siendo uno de esos, todavía no lo sé. Lo que me genera mis sospechas es que tal vez uno se vaya de paseo por allá y termine por quedarse, porque una cosa es cierta, Canarias está más cerca de Berlín que Tuluá, Valle del Cauca, Colombia.
viernes, 8 de septiembre de 2023
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