No es habitual para mí asistir hoy a babyshowers, pero hubo un mes hace unos años en el que asistí tal vez a seis, uno tras otro. Mi entorno se llenaba de nuevos papás y mamás. Mi hermana, un primo, un par de amigos, un par de amigas, todos felices midiendo barrigas y explicando como había elegido el nombre.
Tengo buenos recuerdos de esos días porque el sueño de ser escritor todavía tenía sentido y yo podía decir que cuando escribiera y publicara mi primer libro iba a sentirme también como un padre y mis amigos se reían y me decían que no fuera idiota y yo me reía también porque era una idiotez que no estaba confirmada aunque diez años después no me quede ninguna duda de ella.
No hablábamos de salir del país en esos babyshowers, supongo que la alegría de saber que todos esos bebés iba a llegar nos impedía hablar de otra cosa. Por esos días yo iba a esas reuniones con una novia que se emocionaba mucho cuando empezaban a abrir los regalos, suspiraba y decía que tan lindo y que tan hermoso, una y otra vez, como si se emocionara más que las mamás. Yo, que no había entendido que eso era una señal, me sorprendí cuando me dijo que ella quería ser mamá y que nosotros ya deberíamos irnos a vivir juntos.
Dije que no podíamos hacer eso, que teníamos que conseguir los dos trabajos que nos permitieran hacer eso, trabajos en los que nos pagaran bien, como si eso fuera posible, dije también que yo no quería ser papá y esa parte resultó menos comprensible que lo del trabajo, ella dijo que no podía estar con alguien que no quisiera tener hijos porque ella quería una familia.
No se nos acabó el noviazgo ahí mismo, la vaina siguió unos meses más, supongo que ella creía que yo podía cambiar de opinión y no sé como lo hizo, tal vez sea verdad que el que quiere puede, porque ella sí se salió de la empresa en que trabajaba y se encargó de la contaduría de una cadena de ferrerías en donde le pagaban el doble mientras que yo seguía en lo mismo ganándome lo mismo. Y como me hice el loco con lo de dejar mi casa para irme a vivir con ella y como seguí asegurando que no quería ser papá y pedí cita para una vasectomía, ese noviazgo se acabó.
Un par de años después y no sé con qué propósito, esa muchacha me hizo llegar invitación a su matrimonio. No fui, a qué iba a ir. Ahora sé que ella tiene dos hijos y que parece muy feliz con su marido, que es odontólogo, cosa que confirma que yo siempre he sabido meterme con mujeres mucho más inteligentes que yo, mucho más hábiles y más talentosas. Una mujer que cambia a un bobo que quiere ser escritor por un odontólogo es una mujer brillante. Ahora, mientras ella es feliz con sus dos hijos, yo tengo dos libros que los que me avergüenzo y buscó publicar un tercero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario