Le dio la vuelta al terreno y observó con detenimiento. Era lo que se esperaba y nada más. Se había preparado durante años. Justo en ese punto tendría que armar su carpa. Se quedaría sola y esperaría el evento. Ella era el receptor de la señal. Desde niña había aceptado su destino. Había un mensaje que las personas debían conocer y se revelaría a través suyo. Permaneció en el cerro repitiendo los mantras aprendidos en las interminables jornadas de práctica. Tenía que volver con el mensaje. Volver sin ese mensaje no era una opción. Estuvo ahí diez días. Aguantó allí dos días más después de que se acabó la comida. Le iban a creer. Sabía que dijera lo que dijera le iban a creer. Tal vez ese era el mensaje. Sentir tal seguridad. El convencimiento absoluto de que podía decir lo que quisiera. Desarmó la carpa y recogió sus cosas y empezó a bajar. La vieron acercarse al pueblo y fueron a su encuentro. Querían oírla. Esperaban saber. Ella pidió agua antes de decir cualquier otra cosa. Alguien le entregó una cantimplora. Bebió con ganas y luego supo que podía hablar. Dijo lo que quiso.
lunes, 18 de diciembre de 2023
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