Horas después de comerse la torta con la que se celebran los 30 años pensamientos determinantes golpean adentro con fuerza.
Así llegan inevitables decisiones cruciales, como si esa cifra obligara y la atmosfera o la gravedad se vieran alteradas.
Entonces la mutación aparece y mi primo resuelto tramita su pasaporte y sale para Europa y mi amiga deja de tomarse las patillas anticonceptivas porque ya es hora...
Mi compañero del trabajo solicita préstamo en el banco para comprar casa y el bajista de la banda se retira porque se tiene que concentrar en su negocio.
Ninguno quiso aceptar la relación de esos virajes en sus vidas con ese cero y ese tres, pero ellos saben tan bien como yo que ahí radicaba el impulso.
Lo otro que también sucede es que la resignación se presenta más liviana y menos penosa lo que permite comprender la vida y las capacidades de otro modo.
Yo entendí que no estaba al nivel de mis contemporáneos y sus metas y que con mi sobrepeso lo mío ya no iba a ser trotar ni montar en bicicleta ni levantar pesas en el gimnasio como tantos otros y que hasta donde me alcances los días voy a caminar, caminar un rato por la noche, despacio.
Una actividad de bajo impacto una vida de bajo impacto.

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