Se enciende la alarma. Llaman del colegio. Qué habrá pasado, otra vez en problemas. Tiro a un lado el trapo con el que estoy secando la cadena de la bicicleta y respondo con cierta timidez. Llevo meses intentado cambiar eso en mí, quiero responder con seguridad, quiero intimidar a la profesora que llama con la primera silaba que pronuncie, pero no, no lo logro, siempre la voz queda, sumisa, una voz de culpa aceptada. Me dice que otro estudiante asegura que mi niño le pegó, me pregunta sí sé algo, si el niño me contó. le respondo que no. Quiero decirle que mi niño no es un grosero, que mi niño no va por ahí golpeando a otro, que todo debe ser un malentendido porque a mi niño le gusta jugar brusco, pero no digo nada, dejo que la profesora hable. Si hubiera respondido la llamada con un tono diferente tendría la sartén por el mango, podría ser la persona indignada, pero no, esa oportunidad ya pasó. La profesora entrega recomendaciones como si fuera la experta invitada al noticiero del medio día. La escuchó y le digo que hablaré con él. Cuelgo la llamada pensando en la profesora, qué pensara ella después de hacer llamadas de este tipo, me juzgará, se sentira incomoda, habrá quienes respondan con el tono de voz que la deje a ella sin capacidad de maniobra. Seguro sí. Hablar con el niño, qué tono usar, cómo decirlo, qué decir, qué manera de empezar el día.
viernes, 17 de marzo de 2023
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