También me dijeron a mí en los noventa que el mundo se iba a acabar y una señal de ello era el código de barras, representación de las garras de satanás. Me hablaron del 666 marca de la bestia en la frente del condenado. Lo gritaban con megáfono en las calles grupos de hermanos en la fe. En la pantalla de la TV otra cosa me contaban, el anuncio del final competía con el avance, los carros iban a volar y nadie iba a necesitar un fax. Iban a producir semillas en laboratorios que acabarían con el hambre y podrían clonar ovejas si querían con las tetas adelante. Y todo eso iba a suceder y todo eso era otra premonición del final. Que nos íbamos a llamar por dispositivo satelital en vez de teléfono con cable, íbamos a poder vernos mientras hablábamos con los familiares que vivían lejos, los que trabajan en España y Estados Unidos. Y pasó una década y luego una más y algunas cosas fueron así como habían dicho y otras no. Con pereza ahora, hasta enojo a veces, rechazamos video llamadas por falta de ganas. Y seguimos esperando el fin, pero desganados.
viernes, 3 de marzo de 2023
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