sábado, 4 de marzo de 2023

Ocurrencia #16 - de 100

Había una vez un vendedor de huevos que cansado de malgastar su inversión y ver disminuidas sus utilidades se plantó en la puerta de la alcaldía municipal con un cartel en las manos y su voz de fumador para pedir a gritos que arreglaran las calles y taparan los huecos. Me voy a quebrar, decía. Hasta cuándo iba a tener que responder él por los huevos rotos en cada panal, gritaba. Arreglan las vías o pagan ustedes la tortilla diaria, una cosa o la otra, pero de una vez, repetía. 

El primer día lo ignoraron y al segundo lo sacaron a empujones un par de policías. El personal encargado del aseo de la alcaldía se quejó, el señor que protestaba dejaba la entrada del edificio llena de huevos quebrados y desde la plaza se sentía el mal olor. 

El vendedor de huevos no se rindió y volvió resuelto y listo para seguir reclamando. Pasado el rato un funcionario le dio la cara, le recomendó manejar despacio y le recordó que los huevos eran delicados. Reparto huevos en un triciclo, zumbambico, qué tan rápido puedo ir. El problema es lo que reparte, venda otra cosa, zahorias o lechuga, eso no se quiebra, o venda aguacates, acá ningún vendedor de aguacates ha venido a protestar porque las calles tengan uno que otro huequito, dijo el funcionario. Acá trabajos y lo importante es que nos dejen trabajar. Y el funcionario se marchó y siguió con lo suyo y el vendedor de huevos gritó otro rato esa tarde y gritó otro rato al día siguiente y otro rato a la semana siguiente y el personal del aseo limpió y el vendedor de huevos no volvió. 







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