lunes, 13 de marzo de 2023

Ocurrencia #22 - de100

Estimada vecina, escribo para hablarle de la soledad que sentí esa noche mientras botaba agua de mi casa y la veía a usted al frente, en la suya, sentada en su sofá mirando la ceremonia de los premios Oscar. 

Se había tapado un tubo y también llovía y el agua se devolvía por el baño y por los sifones del patio y caía más agua adentro de mi casa que afuera y yo llenaba baldes y tiraba agua por la ventana afanado y torpe. Un baldado tras otro para mantener controlado el nivel y que el agua no me pasara de los tobillos y una vela prendida en la cocina esperando ser vista por San Isidro para que detuviera la lluvia. 

Le digo, vecina, que nunca me he sentido tan solo como ese día, usted tranquila mirando la pantalla del televisor ni escuchó el agua caer golpeando ruidosa en la calle. Y pensar que hacía apenas unos meses se había salido el río y todos por la cuadra inundados botamos agua mirándonos solidarios, casi cómplices usted y yo. 

De eso casi no hablan, vecina, explican la soledad de muchas formas y hasta le asignan colores y de los daños en la alcantarilla y de botar agua sin ayuda y de lo improbable que es encontrar un fontanero que responda después de las diez de la noche un domingo no se habla y también esa es la soledad y huele a mierda. Huele a mierda, vecina, y es muy fría. 










 


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