De Villarica a Pueblo Escondido hay tres bostezos y un hormigueo en una pierna, un cucarrón que entra por la ventana y el olor permanente a cagajón.
De Montefrío a San Jerónimo hay cinco paquetes de plátano maduro frito y tres aguaceros y ladridos de perros incontables.
De Rompetierra a Potrerillo hay un pensamiento agudo y peligroso que duele en la frente y unas palmas mecidas por el viento que amenaza desde lejos.
De la desidia y el olvido en que caí al deseo de ver salir el sol en ese pueblito suyo al que nunca fui hay una decisión apresurada y un error y una carga pesada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario