Hay tan pocas cosas que
sirvan entre tantas cosas guardadas, a buena hora se le ocurre a uno guardar
maricadas. No sabía que buscaba, no necesitaba nada particular sólo bajaba
cajas y las abría, movía arrumes, limpiaba polvo y estornudaba. Usaba ese
cuarto bodega para evadirse para no estar en otros lugares de la casa. Sus
hijas recogieron todas las pertenencias de Rosario y las metieron en ese cuarto
dizque para que no me atormentaran, como si esas cosas no fueran también mías. Pasa
más tiempo el cuarto que en cualquier otro lugar. No debieron guardar nada,
nada sin antes preguntar, de acá yo no
sacó nada de acá nada me hace falta, decía él sin abandonar el cuarto.
jueves, 12 de mayo de 2016
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