jueves, 12 de mayo de 2016

Rosario




Hay tan pocas cosas que sirvan entre tantas cosas guardadas, a buena hora se le ocurre a uno guardar maricadas. No sabía que buscaba, no necesitaba nada particular sólo bajaba cajas y las abría, movía arrumes, limpiaba polvo y estornudaba. Usaba ese cuarto bodega para evadirse para no estar en otros lugares de la casa. Sus hijas recogieron todas las pertenencias de Rosario y las metieron en ese cuarto dizque para que no me atormentaran, como si esas cosas no fueran también mías. Pasa más tiempo el cuarto que en cualquier otro lugar. No debieron guardar nada, nada sin antes preguntar, de  acá yo no sacó nada de acá nada me hace falta, decía él sin abandonar el cuarto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...