Lejos de toda puesta en
escena y de cualquier decoración eventual los porrones con agua dejados en las
puertas de las casas en la noche eran tan normales como la misma luna. Llevaban años haciendo eso, muchos de ellos no
sabían por qué, o mejor para quién. Los porrones amanecían vacíos una y otra
vez. La sed de los caminantes, eso decían en el pueblo. Pero nadie los había
visto pasar. Tampoco estaba claro si se trataba de una ofrenda o del pago de
una deuda por parte de los lugareños que sintieron miedo el día que los
porrones fueron amaneciendo llenos.
martes, 17 de mayo de 2016
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