lunes, 9 de mayo de 2016

Mandado



Siempre pude decir no y no lo hice sabiendo que las cosas podían ser distintas o mejor creyéndolo a medida que iba pasando los días y la noches que el limón aprovechaba al máximo para crecer en la huerta de la casa de madera vieja en donde vivía Jaime a quien yo le decía que si por favor le regalaba unos limones a mi mamá que me seguía mandado a esa casa porque no sabía lo que se escondía en el limón porque yo no había dicho nunca que no y era que ella tampoco me preguntaba cuando volvía con limones verdes y maduros cómo me había ido y no preguntaba por qué siempre llegaba cortado y no sabía ella que cada vez que iba me lastimaba con las espinas filosas de las ramas del limón que hablaba y me decía que nada me iba a ir bien en la vida porque siempre me cortaba con las mismas espinas y que no aprendía y seguía yendo para volverme a chuzar.

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