martes, 3 de mayo de 2016

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No se siembran árboles frutales al bordo del camino, ni de la carretera. La gente se roba las frutas, las tumban sin dejarlas madurar siquiera y si no alcanzan la rama le pegan con una vara larga hasta que se caiga y no importa el daño que le hagan al árbol; o le tiran piedras y no pueden condenar a un árbol a que sea apedreado sólo por el lugar en el que decidieron plantarlo. Amparo escuchó con atención al señor. Estaban negociando una orquídea silvestre que él había bajado de un naranjo que estaba en su huerta. Las orquídeas como esas, nacen donde ellas quieren, dijo Amparó, y vea, eso no evita que alguien las baje y se las lleve. El señor estaba de acuerdo con Amparo, él ya tenía sus años y siempre había vivido en la montaña y nunca había visto que le tiraran piedras a una flor. Aunque tampoco había visto que pagaran tan bien por ellas.

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