Nadie creyó que la
recomendación de un carnicero podía ser tan efectiva para encontrar la calma en
momentos de profunda tristeza. Ocurrío cuando Pablo empezó a decirle a sus clientes
achicopalaos que para él funcionaba hacer natilla, eso lo ponía de mejor ánimo.
Algunos lo intentaron, prepararon natilla de caja en sus casas. Es que yo me
pongo a revolver y a sentir el calor en la cara estando ahí cerca de la olla sintiendo
como la mezcla se pone más espesa y toca revolver más duro y no pienso en nada
más que no sea esa natilla y luego cuando apago la estufa o el fogón y pongo la
natilla en platos y la miro con desconfianza porque me asusta que quede maluca me siento y me
raspo el pegado. Mientras eso dura yo estoy bien; a veces dura. Eso decía
Pablo y sonaba convincente. La natilla entonces se hizo popular entre los
tristes del pueblo y se vendió más natilla que en cualquier diciembre y,
parecía servir porque cada vez más personas lo recomendaban. Ese postre
tradicional dejó de ser lo que era para la gente y dejó de estar relacionado
sólo con las festividades de noche buena. Nadie creyó que la recomendación de
un carnicero podía afectar la tradición navideña.
miércoles, 18 de mayo de 2016
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