miércoles, 18 de mayo de 2016

Natilla




Nadie creyó que la recomendación de un carnicero podía ser tan efectiva para encontrar la calma en momentos de profunda tristeza. Ocurrío cuando Pablo empezó a decirle a sus clientes achicopalaos que para él funcionaba hacer natilla, eso lo ponía de mejor ánimo. Algunos lo intentaron, prepararon natilla de caja en sus casas. Es que yo me pongo a revolver y a sentir el calor en la cara estando ahí cerca de la olla sintiendo como la mezcla se pone más espesa y toca revolver más duro y no pienso en nada más que no sea esa natilla y luego cuando apago la estufa o el fogón y pongo la natilla en platos y la miro con desconfianza porque  me asusta que quede maluca me siento y me raspo el pegado. Mientras eso dura yo estoy bien; a veces dura. Eso decía Pablo y sonaba convincente. La natilla entonces se hizo popular entre los tristes del pueblo y se vendió más natilla que en cualquier diciembre y, parecía servir porque cada vez más personas lo recomendaban. Ese postre tradicional dejó de ser lo que era para la gente y dejó de estar relacionado sólo con las festividades de noche buena. Nadie creyó que la recomendación de un carnicero podía afectar la tradición navideña.

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