Ella
estaba muy aburrida, se había graduado de enfermera y tenía fe en conseguir
trabajo en una de las clínicas grandes. No fue así y se cansó de esperar. Su
papá le pidió ayuda a uno de sus amigos y le consiguió el empleo. Un puesto de
salud a punto de caerse, ubicado en la zona rural, a cinco horas en chiva de la
ciudad por trochas mal tenidas. Ella se levantaba todos los días, miraba la
neblina asentada y las vacas peludas en las lomas y decía: estoy cansada
enferma y aburrida. Tomaba tinto y fumaba cigarrillo Derby. Repartía
medicamentos de los pocos que tenía a los enfermos que iban al puesto y hacia
campañas de planificación que a nadie le interesaban. Pasados los días dejo de
estar en el puesto de saludo que también era su casa y salió a recorrer la
vereda con un botiquín. Llegaba en la noche cansada y decía: estoy cansada.
miércoles, 4 de mayo de 2016
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
-
—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
-
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
-
Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...
No hay comentarios:
Publicar un comentario