martes, 25 de julio de 2023

Irse, quedando -20

Además de irse de la casa paterna motivado por el deseo de formar una nueva familia, existe una motivación menos conservadora, más frecuente y casi efervescente en el imaginario febril de los jóvenes, o sea mi generación, porque cuando hablo de juventud me refiero al recuerdo de la mía y la de mis amigos, hablo de algo que ya perdí, que ya es ilusión y recuerdo; me refiero al deseo de independizarse para huir de la cantaleta y hacerle el quite a las prohibiciones y vivir sin dar explicaciones. 

Vivir solo era una necesidad a los dieciocho porque en una casa sin papá y mamá uno podía culiar con quien quisiera a la hora que quisiera y podía prender la bareta sin esconderse y podía armar fiestas los fines de semana y dejar los platos sin lavar amontonados en el lavaplatos, aunque todo eso era secundario, lo principal de la necesidad de vivir solo era culiar y meter bareta, por eso en lugar de irnos de la casa lo que hicimos fue alquilar entre varios una casa pequeña en la que lo único que había era una colchoneta, queríamos volar libres, pero aún creíamos que para el sexo lo indispensable era la horizontalidad de un colchón o colchoneta. No hace mucho vi una imagen en internet con decenas de posiciones sexuales que usaban con mucha creatividad una silla, me sentí tan ingenuo. 

Pagamos dos meses y no quisimos pagar el tercero porque ya teniendo el espacio para nosotros nos dimos cuenta de que lo de culiar no estaba tan fácil, por lo menos, no para todos, yo la use una vez, Jairo la uso dos o tres veces por semana y los otros que estaban poniendo no pasaron de tres, por eso para pagar el tercer mes yo dije que me salía, que hicieran la vaca entre ellos porque yo estaba perdiendo la plata ahí y los otros dos aunque la habían usado más que yo, por rabia y envidia con Andrés también se salieron, que la pague él que es que la usa, dijeron y así se acabó la sociedad.

Para prenderlo nos podíamos ir a cualquier parque, para eso había varios y para lo poquito que estábamos culiando y mientras conseguíamos novia o algo parecido podíamos pagar residencia cuando la oportunidad se presentara. 

Esa iniciativa resultó positiva porque entendimos cosas, Andrés se dio cuenta de que para él era indispensable vivir solo y lejos de sus papás y por eso él fue el primero y el único en irse de la casa, apenas sacó la cédula.

 A Carlos lo mandaron a estudiar a Bogotá, compartía una casa con otros cinco estudiantes, pero vivía como si estuviera solo, por lo menos para las prioridades del momento, podía culiar a cualquier hora. 

Yo conseguí una novia que por el trabajo de la mamá se pasaba largas temporadas sola en la casa y entonces lo mío también se solucionó y a Camilo le gustaron mucho las putas después de que fue a un chochal por primera vez, cansado de tener que rogarle a muchachas que no le daban nada, le encontró el gusto al asunto y tampoco le vio problema a seguir viviendo en la casa y cumplir con las reglas establecida por los papás mientras lo que se ganaba en el trabajo le alcanzará para echarse el polvo semanal. 

Las necesidades para irse pueden ser varias y a menudo pueden variar e incluso desaparecer, cuestión de prioridades.

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