La juventud no es el momento indicado para querer ser un escritor porque no hay futuro en la escritura. Los cuentos y las novelas solo pueden resultar de provecho para quienes los leen, para el que los escribe solo representa una merma.
El derecho de las cosas está en descubrir la vocación de escritor cuando ya se ha conseguido una pensión, así se puede trabajar en la novela con la comida asegurada y el sosiego de una mirada puesta en el pasado, porque en ese momento siempre serán más los años vividos que los años por vivir.
Un joven escritor podrá tener talento y aun así escribirá con hambre y padecerá la escasez propia del oficio y ese es un sacrificio que en la era de la creación de contenidos para redes sociales y la monetización de la ligereza no está bien visto.
Cuestión que en lugar de meterme a la policía para escribir en mis años de buen retiro, decidí comenzar a escribir mis cuentos a los veinte años, por la misma época en la que muchos de mis conocidos y amigos que llevaban años metidos en las canchas de fútbol entrenando duro con el sueño de ser jugadores profesionales empezaban a ver su sueño desvanecerse porque pasados los veinte ya estaba claro que los esperaba era estudiar una carrera o conseguir trabajo.
Ellos empezaban a darle orden a lo que sería el futuro mientras yo publicaba mi primer cuento en una revista que no pagaba. No llevo las cuentas, pero esa puede ser calificada como la primera chichigua que me quitó la escritura, impresión del manuscrito y costo del envío por correo, el sobre de manila me lo regalaron y el cuento no le importo a nadie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario