Estoy convencido de que mi papá en sus treinta años soñaba con que su hijo mayor al llegar a esa edad tuviera ya una casa propia y una camioneta blanca, ojalá, Toyota, una vida resuelta como la de cualquier hombre verraco. Lo que queda demostrado es que los años pasan para decepcionar porque aquí estoy yo cerquita de la pensión, si me hubiera metido a la policía, viviendo todavía con él, andando en bicicleta y admirando a un tipo que tenía un pedazo de tierra y un día decidió echarse la casa al hombro porque se le antojó, con la diferencia de que yo soy flojo y no tengo casa para echarme al hombro y no me alcanza para pagar un arriendo. Un solo tipo puede generar un desencanto en dos señores muy diferentes, hoy yo podría bien ser un fiasco para mi papá y también un fiasco para Nacho. Dos por uno, como en rebaja.
viernes, 7 de julio de 2023
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