El
trabajo le llegó a la casa un jueves por la tarde después de que su odontólogo
lo llamará a pedirle ayuda para borrar de la bandeja de mensajes de Facebook
unas conversaciones que había sostenido con una de sus amantes.
Su
esposa lo había descubierto y en ese mismo momento las estaba leyendo y le
estaba llenando el celular de pantallazos con las partes más calientes de la
conversación y él necesitaba que David lo ayudara a borrar lo que ella aún no
había leído, lo que era caliente de verdad.
David
abrió el computador y escribió el correo y la contraseña que su odontólogo le dictó
y empezó a borrar sin leer, no tenían tiempo para chisme. El odontólogo le dijo
que tenía a la secretaría desde hacía diez minutos borrando conversaciones y
que no daba abasto. Él estaba atendiendo a un paciente y no lo podía dejar
esperando mientras se ponía a borrar.
Era
la primera vez que David hacia algo así, le habían pedido ayuda para botar
perros muertos, entrar a casas sin dueños a desvalijar baños, envenenar gatos,
a eso se negó porque no le gustaba trasnochar. Le habían pedido ayuda con
trasteos, eso era lo más común y hasta lo había dejado a cargo de niños
pequeños pero era la primera vez que borraba las conversaciones privadas de
alguien.
Cuando
terminó de borrar los mensajes llamó al odontólogo y le dijo que nunca se
hubiera imaginado que él lo iba a poner en esas. El odontólogo se disculpó con
David diciéndole que lo había llamado porque le tenía confianza y porque en
consultas anteriores habían hablado de temas relacionados. David le dijo al odontólogo
que cuando lo necesitara bien pudiera. El odontólogo lo recomendó entre sus
amigos y esa misma noche David estaba haciendo algo parecido para una abogada amiga de la secretaría del odontólogo. no pasa un día sin que alguien lo contacte.
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