Cada
hombre tiene en sus manos un ramo de flores. Rosas, claveles, azucenas, hortensias,
tulipanes, margaritas, anturios, begonias, dalias. Los hombres se parecen entre
ellos, altos, atléticos, peinando con abundante cera, todos de traje y
relucientes zapatos negros. Están en completo silencio uno tras otro en una
fila que apenas se mueve. La diferencia notable entre unos y otros es el tipo
de flores que llevan. La gente que pasa por allí desconoce el motivo de la fila
pero disfruta mirarlos tan quietos, elegantes e indiferentes. La fila sigue
creciendo con el pasar de las horas y no tiene razón de ser, está ahí para que
la vean para que la recuerden. Para que la disuelvan o comercialicen, lo que
pase primero.
viernes, 14 de abril de 2017
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