viernes, 14 de abril de 2017

Florecer

Cada hombre tiene en sus manos un ramo de flores. Rosas, claveles, azucenas, hortensias, tulipanes, margaritas, anturios, begonias, dalias. Los hombres se parecen entre ellos, altos, atléticos, peinando con abundante cera, todos de traje y relucientes zapatos negros. Están en completo silencio uno tras otro en una fila que apenas se mueve. La diferencia notable entre unos y otros es el tipo de flores que llevan. La gente que pasa por allí desconoce el motivo de la fila pero disfruta mirarlos tan quietos, elegantes e indiferentes. La fila sigue creciendo con el pasar de las horas y no tiene razón de ser, está ahí para que la vean para que la recuerden. Para que la disuelvan o comercialicen, lo que pase primero. 

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