jueves, 13 de abril de 2017

El efecto trapo


El invitado central de la tercera convención nacional de buscadores de patentes era Manolo Gutiérrez Plaza director del programa radial “una vida para curarse” dedicado a promover la medicina alternativa, emitido en una emisora comunitaria de Cali. Reconocido por sus conferencias sobre el poder de las plantas para cuidar la vida y de cómo usar la vida cuidada haciendo parte del mejor trabajo del mundo donde cada quién puede ser su propio jefe en varias de las empresas multinivel que lo contrataban.

La asistencia al coliseo Victoria Rojas donde se desarrollaba el evento contaba con una discreta asistencia que esperaba inquieta la intervención de Manolo Gutiérrez que según rumores expondría los casos de curación absoluta de molestias como la migraña y los lumbagos usando correctamente el trapo de la cocina. 

Sectores más interesados en obtener patentes que les permitieran hacer dinero no confiaban en Gutiérrez y lo que se rumoreaba, sólo a un idiota se le ocurría compartir gratuitamente la cura para males menores, los más rentables. Creían o primero que el cuento del trapo de la cocina ocultaba algo más grande, algo por lo que pensaba cobrar, o segundo que Gutiérrez era en efecto un idiota. No se decidían por ninguna.

Manolo se subió a la tarima micrófono en mano, sonriente y seguro. Al igual que en todas sus conferencias inició contando detalles de su infancia, les habló de la huerta de su abuela y de las bebidas que le daba cuando le dolía el estómago y del barbasco con el que le lavaban la cabeza para matar los piojos. Los que lo escuchaban en radio sabían que de eso hablaba siempre. Poco después habló de lo que todos esperaban, el trapo de la cocina.

Las personas que usaban toallas desechables en sus cocinas se estaban privando de las posibilidades milagrosas de curación que les podía ofrecer un trapo húmedo y curtido, decía Manolo. Pero él no tenía mucho que decir porque los efectos positivos del trapo de la cocina hablaban por si solos y en se momento empezó el video con los testimonios de sus pacientes: María se había curado de la migraña, Juana de un espolón, Pablo del dolor en la nunca que le generaba el constante estrés, José incluso decía que el trapo de la cocina desaparecía verrugas y quitaba arrugas. Los testimonios estaban grabados por las personas desde sus casas con el celular, eran cortos, ágiles y convincentes. Los asistentes aplaudieron a Manolo cuando volvió a tomar la palabra.

El trapo de la cocina se toma del aparador tal y como esté sin importar que se haya limpiado con él y se lleva al lugar del dolor se deja puesto allí como un emplasto o una venda por un rato, es elemental usar el trapo sin lavar. La operación debe realizarse diariamente y si se puede hacer más de una vez al día mucho mejor.

Cuando Manolo terminó de hablar uno de los asistentes Edgar Herrera que en la convención pasada había conseguido la patente de las camisetas talla L y XL para hombres gordos y bajitos, espaldones y bajitos o mal armados y paticorticos, camisetas disponibles en distintos materiales más cortas y más anchas que las camisetas talla L y XL para hombres gordos y altos, espaldones y altos y mal armados y altos, le preguntó a Manolo cual era el objetivo de patentar algo que no se podía comercializar, algo que no se podía vender, para qué quería curar los males menores de la gente con algo que no les iba a costar nada.

Manolo le dijo que no todo se hacía por plata que algunas cosas se hacían para cambiar las vidas de la gente y ser recordados por eso, con el trapo de la cocina lo que él quería era rendir un homenaje a su abuela, guardó silencio y bajó la vista por un momento como si la palabra abuela incluyera la obligación inmediata del minuto de silencio después de ser dicha.

Pasado el minuto le dijo al asistente que para conseguir dinero y ascender en la escala social lo mejor era ser su propio jefe y hacer parte del negocio seguro e incluyente de las empresas multinivel, aprovechó para invitarlo a él y a los demás a la serie de conferencias para emprendedores que iba a dictar la próxima semana, una serie denominada “para qué soñar con el yate si lo grande es el mar, para qué soñar con el jet si lo grande es el cielo, para qué soñar con los otros si el grande es usted”.  

Otro asistente se preguntaba por la intensidad de los efectos del trapo, quería saber si el trapo de la cocina era más efectivo cuando más comida se preparaba, qué pasaba con las personas que vivían solas y cocinaban poco, servía usar el trapo de cualquier cocina o era necesario que el trapo fuera el de la cocina de uno. Manolo le pidió al participante tranquilidad y le recordó que la medicina alternativa necesitaba siempre una dosis de voluntad por parte del paciente y esa voluntad ese deseo de curarse eran tan importante como el trapo de la cocina, ninguno de los factores que él había enumerado influían en el proceso de curación mientras se combinaran ambos.

Manolo les avisó que respondería solo una pregunta más. Una señora de la primera fila le preguntó que sí los trapos con los que limpiaban las barras y las mesas de los bares tenían un efecto similar. Manolo sonriente le dijo que le encantaba esa pregunta, que era visionaria, ambiciosa. No podía afirmar aún cuales eran los efectos de los trapos de los bares cantinas y discotecas pero le podía asegurar que la investigación estaba muy adelantada.


Entre los asistentes más adinerados se comentaba con cierto desprecio que sí el trapo de la cocina era tan efectivo como decía Manolo por lo único que iba a ser recordado era por su culpabilidad de la quiebra de un importante sector de la industria. Antes de retirarse Manolo Gutiérrez los invitó a todos a usar el trapo de la cocina y comprobar los beneficios por sí mismos. Luego anunció a la siguiente ponente que además era también su esposa. Se bajó de la tarima y le entregó el micrófono a ella que saludó efusiva y agradeció que estuvieran allí acompañándola en la presentación de la marca “Milagro” especializada en toallas para cocina, “tan buena que limpia hasta el dolor”. 

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