El
invitado central de la tercera convención nacional de buscadores de patentes
era Manolo Gutiérrez Plaza director del programa radial “una vida para curarse”
dedicado a promover la medicina alternativa, emitido en una emisora comunitaria
de Cali. Reconocido por sus conferencias sobre el poder de las plantas para
cuidar la vida y de cómo usar la vida cuidada haciendo parte del mejor trabajo
del mundo donde cada quién puede ser su propio jefe en varias de las empresas
multinivel que lo contrataban.
La
asistencia al coliseo Victoria Rojas donde se desarrollaba el evento contaba
con una discreta asistencia que esperaba inquieta la intervención de Manolo
Gutiérrez que según rumores expondría los casos de curación absoluta de
molestias como la migraña y los lumbagos usando correctamente el trapo de la
cocina.
Sectores
más interesados en obtener patentes que les permitieran hacer dinero no
confiaban en Gutiérrez y lo que se rumoreaba, sólo a un idiota se le ocurría
compartir gratuitamente la cura para males menores, los más rentables. Creían o
primero que el cuento del trapo de la cocina ocultaba algo más grande, algo por
lo que pensaba cobrar, o segundo que Gutiérrez era en efecto un idiota. No se
decidían por ninguna.
Manolo
se subió a la tarima micrófono en mano, sonriente y seguro. Al igual que en
todas sus conferencias inició contando detalles de su infancia, les habló de la
huerta de su abuela y de las bebidas que le daba cuando le dolía el estómago y
del barbasco con el que le lavaban la cabeza para matar los piojos. Los que lo escuchaban en radio sabían que de eso hablaba siempre. Poco después habló de lo
que todos esperaban, el trapo de la cocina.
Las
personas que usaban toallas desechables en sus cocinas se estaban privando de
las posibilidades milagrosas de curación que les podía ofrecer un trapo húmedo y
curtido, decía Manolo. Pero él no tenía mucho que decir porque los efectos
positivos del trapo de la cocina hablaban por si solos y en se momento empezó
el video con los testimonios de sus pacientes: María se había curado de la
migraña, Juana de un espolón, Pablo del dolor en la nunca que le generaba el
constante estrés, José incluso decía que el trapo de la cocina desaparecía verrugas y quitaba arrugas. Los testimonios estaban grabados por las personas
desde sus casas con el celular, eran cortos, ágiles y convincentes. Los
asistentes aplaudieron a Manolo cuando volvió a tomar la palabra.
El
trapo de la cocina se toma del aparador tal y como esté sin importar que se
haya limpiado con él y se lleva al lugar del dolor se deja puesto allí como un
emplasto o una venda por un rato, es elemental usar el trapo sin lavar. La operación
debe realizarse diariamente y si se puede hacer más de una vez al día mucho
mejor.
Cuando
Manolo terminó de hablar uno de los asistentes Edgar Herrera que en la
convención pasada había conseguido la patente de las camisetas talla L y XL
para hombres gordos y bajitos, espaldones y bajitos o mal armados y
paticorticos, camisetas disponibles en distintos materiales más cortas y más
anchas que las camisetas talla L y XL para hombres gordos y altos, espaldones y
altos y mal armados y altos, le preguntó a Manolo cual era el objetivo de
patentar algo que no se podía comercializar, algo que no se podía vender, para
qué quería curar los males menores de la gente con algo que no les iba a costar
nada.
Manolo
le dijo que no todo se hacía por plata que algunas cosas se hacían para cambiar
las vidas de la gente y ser recordados por eso, con el trapo de la cocina lo
que él quería era rendir un homenaje a su abuela, guardó silencio y bajó la
vista por un momento como si la palabra abuela incluyera la obligación
inmediata del minuto de silencio después de ser dicha.
Pasado
el minuto le dijo al asistente que para conseguir dinero y ascender en la
escala social lo mejor era ser su propio jefe y hacer parte del negocio seguro
e incluyente de las empresas multinivel, aprovechó para invitarlo a él y a los
demás a la serie de conferencias para emprendedores que iba a dictar la próxima
semana, una serie denominada “para qué soñar con el yate si lo grande es el
mar, para qué soñar con el jet si lo grande es el cielo, para qué soñar con los
otros si el grande es usted”.
Otro
asistente se preguntaba por la intensidad de los efectos del trapo, quería
saber si el trapo de la cocina era más efectivo cuando más comida se preparaba,
qué pasaba con las personas que vivían solas y cocinaban poco, servía usar el
trapo de cualquier cocina o era necesario que el trapo fuera el de la cocina de
uno. Manolo le pidió al participante tranquilidad y le recordó que la medicina
alternativa necesitaba siempre una dosis de voluntad por parte del paciente y
esa voluntad ese deseo de curarse eran tan importante como el trapo de la
cocina, ninguno de los factores que él había enumerado influían en el proceso de
curación mientras se combinaran ambos.
Manolo
les avisó que respondería solo una pregunta más. Una señora de la primera fila
le preguntó que sí los trapos con los que limpiaban las barras y las mesas de
los bares tenían un efecto similar. Manolo sonriente le dijo que le encantaba
esa pregunta, que era visionaria, ambiciosa. No podía afirmar aún cuales eran
los efectos de los trapos de los bares cantinas y discotecas pero le podía
asegurar que la investigación estaba muy adelantada.
Entre
los asistentes más adinerados se comentaba con cierto desprecio que sí el trapo
de la cocina era tan efectivo como decía Manolo por lo único que iba a ser
recordado era por su culpabilidad de la quiebra de un importante sector de la
industria. Antes de retirarse Manolo Gutiérrez los invitó a todos a usar el
trapo de la cocina y comprobar los beneficios por sí mismos. Luego anunció a la
siguiente ponente que además era también su esposa. Se bajó de la tarima y le
entregó el micrófono a ella que saludó efusiva y agradeció que estuvieran allí
acompañándola en la presentación de la marca “Milagro” especializada en toallas
para cocina, “tan buena que limpia hasta el dolor”.
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