jueves, 27 de abril de 2017

Dulce

  
A la tía josefina le gustaba mucho el dulce de auyama le gustaba prepararlo, servirlo, compartirlo. Parecía que disfrutaba más compartirlo que comerlo y no había visita que se fuera de su casa sin haberse comido antes una taza considerable de dulce de auyama con leche de vaca. Acá no nos pueden faltar un buen par de vacas lecheras, yo creo que Pina las quiere más a ellas que a mí, decía Josué el esposo de la tía.

Por la casa de la tía josefina pasaba mucha gente y ella le ofrecía dulce a todo el que llegaba, un día le sirvió dulce a un estudiante de agronomía que estaba haciendo su semestre de práctica en las veredas del municipio con el comité de cafeteros, el muchacho se llamaba Jaime Andrés y ese día iba con una compañera que le dejó servido el dulce a la tía porque dizque no le gustaba la auyama. Jaime Andrés se lo comió todo y se despidió agradecido de Josefina que le respondió entre dientes mirando muy mal a la muchacha.

Jaime Andrés volvió arrimar la casa de la tía josefina esa semana y las dos que siguieron y Pina era amable con él pero no le ofrecía dulce, a cambio le ofrecía agua panela. Jaime veía a otra gente llegar y sentarse en el corredor a comer dulce y se antojaba, más cuando lo estaba acosando el hambre pero igual no le ofrecían.

Recorriendo unos tajos mejorados que habían trazado juntos porque según Jaime Andrés el café que sembraba Josué quedaba muy separado y desperdiciaba espacio y perdida utilidades el muchacho se animó a preguntarle a Josué si él sabía porque doña Josefina estaba disgustada y ya no le ofrecía dulce de auyama. A Josué la pregunta la causó gracia y riendo le dijo que a Pina no se le podía dejar servido el dulce nunca. Jaime Andrés le dijo que al él le había encantado que se lo había comido todo. Pero su novia ni lo probó, le dijo Josué. Ella no es mi novia, le dijo Jaime Andrés y si sigue así ni se gradúa. Lo único que yo le digo es que a Pina no se le deja el dulce servido a mí me ha echado de la casa dos veces por eso. 

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